Un café con Diego: producir discos sin perder el alma
Diego pide un té, no un café, y bromea con que ya ha bebido suficiente cafeína esta semana en el estudio como para durarle un mes. Lleva quince años produciendo discos, la mayoría ajenos, y todavía se le nota nervioso cuando habla de las canciones que más le han costado sacar adelante.
«La gente cree que producir es apretar botones», dice, «y en realidad la parte técnica es la más fácil. Lo difícil es convencer a alguien de que grabe otra vez una toma que a él ya le parece perfecta, porque tú has notado algo que todavía se puede mejorar y no sabes cómo explicarlo sin que suene a que no confías en su talento». Le pregunto cómo resuelve eso. «Con mucho café y mucha paciencia», responde, y esta vez sí se ríe de su propio chiste.
Hablamos de la frase que da título a esta conversación: producir sin perder el alma. Para Diego, el mayor riesgo de su trabajo no es técnico, sino emocional. «Es muy fácil, con las herramientas que tenemos ahora, corregir absolutamente todo. Afinar cada nota, cuadrar cada golpe de batería al milisegundo. Y el resultado, muchas veces, es una canción perfecta que no le importa a nadie». Dice que su trabajo, cada vez más, consiste en saber cuándo NO tocar algo. «Ese pequeño desajuste, esa voz que tiembla un poco en el verso tres, es a veces lo único real que queda en la canción. Si lo borras, borras también la razón por la que alguien la va a escuchar cien veces».
Le pregunto por el disco del que está más orgulloso. Duda antes de contestar, y al final elige uno que casi nadie escuchó, de una banda que se separó poco después de grabarlo. «Fue el disco en el que menos toqué nada. Solo estuve ahí, escuchando, sugiriendo pequeñas cosas. Ellos ya lo tenían todo dentro. Yo solo tuve que no estorbar».
Antes de despedirnos, le pregunto si algún día quiere sacar su propia música. Se queda pensativo. «Puede que algún día. Pero llevo tantos años ayudando a otros a encontrar su voz que no sé si todavía recuerdo cuál es la mía». Se termina el té y se va con la misma prisa con la que ha llegado: alguien le espera en el estudio, dice, con una canción a medio terminar.
