Mi vida de gira

Gabriel Rufián: «Yo casi me politicé a través de la música»

No pude evitarlo. Fui al Congreso y le pedí una entrevista. Cercano y amable, Gabriel Rufián no dudó en aceptar el reto. Y eso que le dije que iba de música la cosa (aunque al final no fue el único tema). Una vez concluida la agradable conversación, quedé con mejor concepto, si cabe, del diputado que no deja indiferente a nadie. Antes, le conté un poco de qué iba la película y le hice…

…una última advertencia: no te voy a preguntar nada de Pujol ni de Convergència.
[Risas]. ¡Bueno, sería novedad! Muy bien, muy bien, te agradezco.

Entrevista Gabriel Rufián ERC

Gabriel Rufián / Fuente: ERC

He podido intuir que te gustan los cantautores, ¿crees que actualmente reivindican o deberían hacer más canción-protesta?
No, mucho más. Sí que es cierto que ahora, y no lo hago para barrer para casa, sino que lo creo realmente, Cataluña y quizás Euskal Herria son los únicos sitios donde todavía hay cierta tradición de cantautores políticos o de contestación política, y todavía falta mucho. Yo creo que lo que muchos de nosotros conocimos, en el caso particular mío por mi padre, que me ponía cintas de Víctor Jara, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Aute… hoy en día es impensable. Hace falta ahí un espacio y aquí, como he comentado alguna vez, tenemos la figura de Cesk Freixas, por dar nombre, que hace canciones muy bonitas y muy reivindicativas. Y, por supuesto, de toda la vida alguien como Lluís Llach, que ha hecho canciones… las canciones más bonitas del mundo, dijéramos.

¿Hasta qué punto crees que la música puede tener una influencia en la movilización social? ¿O tiene acaso un carácter meramente adornador?
No, no. Es imprescindible. Yo, de hecho, casi, casi, me politicé a través de la música. Ya te digo, recuerdo perfectamente ser muy pequeño y ya escuchar canciones de Víctor Jara y hacerme un montón de preguntas. Creo que es una forma de concienciación social tremendamente importante y quizá por ahí es porque no hay hoy en día ningún cantautor político famoso en el Estado.

¿De qué tema actual te gustaría escuchar una canción-protesta? Y si existe, ¿cuál es y qué reivindica?
Bueno, creo que algunos grupos de rap o trap son los únicos que, en un momento dado, hacen contestación política, pero hoy en día vivimos un momento político que da lugar a un montón de canciones. De hecho, debo de confesar que hay algún discurso tanto nuestro como de Podemos en YouTube, rapeado, que es tremendo, que está muy bien y yo creo que se podría hacer perfectamente. De hecho, se hace, pero de forma muy underground todavía.

Y de los de antes, aunque ya me has contestado más o menos,  Silvio, Aute, Milanés… ¿Cuál es tu canción?
Buah, yo creo que Te recuerdo, Amanda, de Víctor Jara, es el summum de la canción política o de la canción-protesta. Todo lo que dice esa canción y cómo lo dice es tremendo y terrible a la vez.

 

 

El viernes que viene voy a ir a ver a Blaumut en la sala Galileo Galilei, pero lamentablemente esto sí que es un caso aislado. ¿Cuándo veremos con normalidad conciertos en catalán, gallego o euskera en toda España? ¿Estamos muy lejos de aunar culturas?
Creo que sí y lo digo con pesar, ¿eh?, no lo digo con alegría. Yo creo que todavía falta mucho para que el Partido Popular o Ciudadanos, o incluso el Partido Socialista Obrero Español, puedan dejar el poder o dominar las instituciones como lo hacen hoy en día. Y confió en que, poco a poco, sobre todo la gente de Podemos, de Izquierda Unida y tantos otros, tanto partidos como plataformas sociales del resto del Estado, estén en un momento de cambio como se podría estar hoy en día en Cataluña. Pero, desgraciadamente, creo que falta mucho todavía. Falta mucho porque según las encuestas, aun pasando lo que pasa, el Partido Popular ganaría las elecciones otra vez; y me parece dramático.

Ya que hemos entrado en política, te quería preguntar sobre lo que han publicado estos días medios de PRISA como El País o la Cadena SER, sobre unos artículos de la ‘Ley de Desconexión’ que regulan la información publicada en medios de comunicación públicos y privados. ¿Qué sabes de esto?
Es absolutamente falso. De hecho, si lo lees en El País, es mentira. No sé si he sido suficientemente claro.
Sí, sí.
De hecho, yo creo que uno de los medios de comunicación más manipuladores en torno al proceso de autodeterminación catalán, guste más o guste menos, es El País. Y es dramático porque yo, como tantos otros, me crié leyendo El País, escuchando la SER, y por eso me duelen enormemente la SER y El País que escucho y que leo actualmente, porque no tienen absolutamente nada que ver ni con El País ni con la SER con los que yo crecí. Es dramático y lo digo abiertamente. Más que nada porque lo lee mucha gente, supuestamente, de izquierdas, o que se cree de izquierdas. Y es aún más peligroso, ¿no?

En la Comisión de Investigación sobre la Utilización Partidista del Ministerio del Interior del pasado 6 de junio, el presidente de dicha comisión te llamó al orden de manera preventiva cuando apenas habías dado las «buenas tardes» con una de tus coletillas. ¿Cómo ves esto? ¿Estás de acuerdo con ese respeto y ese decoro a los que dicen que faltas?
Bueno, la verdad es que es algo a lo que nosotros estamos acostumbrados. Sabemos perfectamente que ni «luchamos» (entre comillas, ¿eh?) con las mismas armas, ni nos medirán con el mismo rasero; y que nos enfrentamos a lo que nos enfrentamos con una mano atada a la espalda, con todo lo que supone. Hoy igual no tanto porque [Ignacio] Cosidó no tiene la misma prensa o la misma repercusión que [Daniel] de Alfonso o [Jorge] Fernández Díaz, pero hoy también se hablaba más de mis formas o de las preguntas que de las respuestas, que algunas fueron tremendamente clarificadoras para saber cómo funcionan las cloacas del Estado. Pero, bueno, nosotros hace ya mucho tiempo que nos despertamos con titulares, con editoriales, con amenazas, con según qué tertulias llamándonos absolutamente de todo. Estamos acostumbrados y vamos allí sabiéndolo. Yo sé perfectamente, repito, que se hablará más de mí que de Cosidó, pero es que forma parte del baile. Tú tienes dos opciones ante el baile: bailar o quedarte viendo cómo bailan. Y nosotros intentamos bailar y, sobre todo, interpelar a la gente con sentido crítico; la gente que, en un momento dado, puede ver la tele, puede leer la prensa y decir: «Hay algo aquí que no me suena bien. Hay algo aquí que me chirría. O sea, que este tipo diga de forma abierta que la policía filtra informes a la prensa y que, en cambio, se hable más del chaval que le pregunta, me chirría». Bueno, es lo que intentamos interpelar. Y aquí, en Cataluña, se está haciendo también una comisión paralela, una comisión de investigación que, por suerte, el PP y Ciudadanos no pueden vetar, y está habiendo también declaraciones tremendamente clarificadoras que no se publican, que nadie publica. Sé perfectamente que yo no voy a ir a Televisión Española a explicar lo que pasa en la comisión de investigación, lo sé. ¿Me gusta que pase? No, no me gusta, pero es que es lo que hay. Lo tengo muy claro, igual que sé perfectamente que la maquinaria del fango se pondrá en marcha si ellos lo piden, para conmigo o contra mí. Lo entiendo y nos preparamos también para intentar batallarlo. No podemos decir otra cosa.

«Al fascismo no se le pide absolutamente nada; al fascismo se le gana»

Con tu misma metáfora, ¿es mucho más difícil bailar que mirar cómo bailan?
Bueno, también a nosotros nos sirve que gente con sentido crítico de la realidad, en un momento dado, diga, repito: «Esto no me suena bien, me chirría. No puede ser que este tipo venga a la comisión y diga lo que dice y que no pase nada». Es la única esperanza que tenemos: que la gente, en un momento dado, despierte y vea que la gente que está en despachos tiene intenciones, a veces, muy poco honestas, por decirlo de una manera muy suave. También ahora, por ejemplo, hay una cantinela cada vez que yo intervengo, o cada vez que pregunto algo a alguien en el Congreso, su respuesta inmediata es: «Señor Rufián, no insulte». Y la verdad es que yo no insulto a nadie [risas]. Quiero decir que es kafkiano, ¿no? Bueno, a ver, también hay que entender que Cosidó, De Alfonso, Fernández Díaz, Rajoy, Soraya, Cospedal… no sé, incluso los periodistas afines hablan para su gente. Y a su gente ya le parece bien que a nosotros nos persigan, y a nosotros nos investiguen, y a nosotros nos graben. Son los mismos que ganaron hace ochenta años, hay que tenerlo claro.

¿Crees que se escudan en las formas para no hablar del fondo?
Sí… Aunque, bueno, nuestras formas tampoco son… Lo que no hacemos es meternos en un despacho y decir que «nos hemos cargado su sanidad». Me parece que eso son malas formas, no preguntarle a un gánster si es un gánster, ¿no? Pero, bueno, repito: sabemos perfectamente cómo funciona esto. De hecho, el día que hable bien de nosotros según quién, será para preocuparnos. Yo recuerdo perfectamente, una anécdota, que hace muy poco un compañero de Los Comuns me dijo: «¿Ves? ¿Ves? Lo estamos haciendo bien y vosotros, no. Xavi Doménech es el político más valorado del Estado español». Y yo le dije: «El día que yo sea el político más valorado del Estado español significará que estoy haciendo algo mal». [Risas]. Y no por nada, ¿eh? Porque al final un estado en que se vota de manera masiva al Partido Popular, o al PSOE, o a Ciudadanos, es un estado en el que nosotros tenemos poco que hacer. Me refiero al Estado, ¿eh?

Hace unas semanas, los nueve diputados de ERC [Esquerra Republicana de Catalunya] en el Congreso os abstuvisteis a una PNL [Proposición No de Ley] del PSOE que proponía, entre otras cosas, sacar a Franco y a Primo de Rivera del Valle de los Caídos. En un tuit, dijiste que haríais una ley que obligara al PP y no que les pidiera permiso, personalizándolo en ERC. ¿Estáis trabajando en algo concreto con respecto a esto?
Sí. Joan Tardà, el portavoz de Esquerra Republicana en Madrid, que, de hecho, no se comenta mucho, pero es Premio Nacional de Recuperación de Memoria Histórica, y es un político que se ha significado durante toda su carrera política en este tema, hace ya unos diez años, más o menos, que intentó pactar una Ley de Memoria Histórica con el PSOE de Zapatero en aquella época; y el PSOE de Zapatero le traicionó. Y pactó una ley muy a la baja, que él no pudo apoyar, y sigue luchándolo. Lo que pasó el otro día en el Congreso es un acto de hipocresía más de este grupo parlamentario del Partido Socialista Obrero Español, que para con los medios de comunicación dice una cosa y luego, a puerta cerrada, hace otra. Conviene recordar que una PNL no es nada más que una petición, o sea, es pedirle, en este caso al Gobierno, que haga algo. Y a nosotros nos parecía absurdo e hipócrita que cuarenta años después y tras gobiernos muy largos del Partido Socialista Obrero Español en los que no se ha hecho nada por sacar a la gente de las cunetas, pues que de repente ellos digan: «Bueno, vamos a pedirle a los herederos de toda esta gente que saquen a Franco del Valle de los Caídos, ¿no?». Nos parecía un acto de hipocresía y nosotros repetimos lo de siempre: al fascismo no se le pide absolutamente nada, al fascismo se le obliga a hacer cosas y, sobre todo, se le gana. Y cuando el PSOE quiera, si tan interesado está en sacar a Franco, por ejemplo, del Valle de los Caídos, que a mí me parece mucho más urgente sacar a la gente que está en ese mismo Valle de los Caídos, a los republicanos me refiero, pues estaremos encantados de hablar con ellos. De momento, su respuesta es que no. Y también sabíamos perfectamente que el titular de según qué medios de comunicación iba a ser que PP y Esquerra Republicana votan en contra de eso, pero cualquier persona con un mínimo de sentido crítico y con ganas de informarse sabrá que aquello fue un brindis al sol y que no servía de absolutamente nada. Y nosotros lo que no haremos es ser partícipes de actos de hipocresía como los que se vivieron el otro día. Repito: si el PSOE quiere realmente hacer algo para con la recuperación de la memoria histórica, que pacte con nosotros la ley que Joan Tardà lleva diez años pidiendo.

«No estoy ahí para portarme bien con según quién, sino para intentar respetar a la gente que me votó»

Desde que tienes un trabajo tan público, ¿te ha cambiado mucho la vida? ¿Sientes que has perdido privacidad?
No… La verdad es que, primero, es un honor. Sería un poco idiota si me quejara del trabajo que tengo porque hay gente con trabajos mucho más precarios en los que nadie te felicita por hacerlo bien, aunque lo hagas bien. Y quizá la única diferencia entre nuestro trabajo y el trabajo normal es que a nosotros, si lo hacemos mal, nos dicen que lo hacemos mal, y si lo hacemos bien, nos dicen que lo hacemos bien. Repito: es un honor. Y quizá mi caso es un tanto especial porque yo llego a mi casa y no se habla de política, casi no me veo en la tele, vivo en el mismo sitio, con los mismos vecinos, en el mismo barrio, nadie de mi entorno directo me trata de manera especial… La única diferencia es que igual llegas a un restaurante o a un bar y la gente se gira o te dice alguna cosa; siempre positiva, la verdad, no tengo queja. Y poco más, la verdad es que no noto mucha diferencia. También paso bastante, ¿eh?, de la repercusión mediática que en un momento dado pueda tener. Yo hago lo que hago y ya está. De hecho, no me suelo ver. O sea, si hago una entrevista, casi nunca la suelo volver a ver. La he hecho y ya está.
Tomo nota.
[Risas]. Quiero decir que tampoco tenemos asesores de nada como gente de Ciudadanos, PP, PSOE o Podemos, que tiene como veinte asesores; nosotros tenemos un grupo de WhatsApp, tres o cuatro colegas que intentamos hacerlo como podemos.

A veces compartes en Twitter mensajes que te manda la gente, incluso amenazantes. ¿Cómo llevas esto?
Si nosotros no cabreáramos a según quién, estaríamos fracasando. Si yo no cabreara al fascismo más puro y duro de este país, algo estaríamos haciendo mal. En el Congreso, por ejemplo, tenemos compañeros, lo digo con todo el respeto que lo puedo decir, que llevan diez, quince, veinte, veinticinco años sentados ahí y no los conoce nadie. La pregunta es: ¿por qué? Pues porque se portan bien y porque nadie se siente amenazado, dijéramos, por sus discursos, por sus posicionamientos. También somos un grupo parlamentario pequeño, pero que entendemos que estamos representando un proceso muy importante en Cataluña e intentamos no pasar desapercibidos. Y no portarnos bien. Yo no hago los discursos pensando en si Fulanito o Menganito, que me saludan, me van a dejar de saludar. Si me van a dejar de saludar, pues problema de ellos, ¿no? Bueno, no estoy ahí para portarme bien con según quién, sino para intentar respetar a la gente que me votó.

Has dicho varias veces que te gustaría volver a tu vida anterior: a las Relaciones Laborales y los Recursos Humanos. ¿Le has puesto un límite concreto a tu actividad política?
No, la verdad es que no. Mi presencia en política va muy ligada a la gente que confío en mí, en este caso, sobre todo, [Oriol] Junqueras y Joan Tardà; y cuando ellos quieran o no estén, pues yo tampoco estaré. Pero sí que me parece positivo que la gente en política esté poco y, sobre todo, que no piensen en términos personales. Ya cuando empiezas a pensar que quieres ser no sé qué de aquí a equis tiempo, empiezas a no hacer o decir según qué cosas. Me parece muy positivo que la gente piense en términos colectivos. A mí una de las cosas más positivas de los compañeros de la CUP me parece que es eso, ¿no? La mentalidad que tienen de que van a estar una legislatura sólo y que lo tienen que dar todo en esa legislatura. No empiezan a hacer cálculos de: «pues yo quiero ser alcalde», «yo quiero ser consejero»… Con todo respeto lo digo para el que lo quiera ser. Pero cuando tú quieres ser algo, normalmente te lo empiezas a pensar. Y eso yo creo que es malo.

En una entrevista en Flooxer comentaste algo que, como entrevistador, te había llamado la atención de algo que un candidato puso en un currículum vitae. ¿Qué es lo más curioso o llamativo que te ha pasado durante una entrevista de trabajo?
Bueno, me intentó agredir una vez un candidato. Quizás es lo más fuerte que me ha pasado. Pero, vamos, es lo habitual, ¿eh? Los RRHH, la selección de personal es un mundo complicado porque quizás es una de las situaciones más tensas o de las más tensas que una persona puede vivir. En definitiva, es poder o no entrar a un trabajo y tú, en ese momento, lo tienes que decidir en función también de las competencias o del perfil que tienes por cubrir. Bueno, es un mundo que te sirve para muchas cosas y conoces un montón de gente muy diferente [risas]. Y recuerdo ese caso en el que, bueno, la persona no me dio porque le pararon. Yo no hice nada, ¿eh? Simplemente le dije que no encajaba en el perfil.

Mi jefe, que me ha dejado alargar la hora de la comida para hacer la entrevista, me ha pedido a cambio que te haga una pregunta. Vaya por delante que no sé lo que estoy preguntando: ¿Qué te ha parecido la temporada del Espanyol? ¿Esperabas más del primer año del ‘Proyecto Quique’?
No, yo creo que ha habido un punto de inflexión y el Espanyol, de cara al año que viene, tiene un buen proyecto para poder crecer y entrar a jugar competición europea, y me parece positivo. Yo soy un poco reacio a este tipo de nuevos llegados, dijéramos, al fútbol, como puede ser el presidente chino del Espanyol [Chen Yansheng]. Me parece que sería muy bueno poder volver a las raíces, en el sentido de que la gente que preside un club o que es dueña de ese club pueda sentirlo de forma más personal. Pero, bueno, sí que es cierto que se ha invertido y se ha podido fichar a jugadores de más calidad. Ojalá el año que viene se juegue en Europa.

¿Y cómo es un Barça-Espanyol en tu casa? Porque, según tengo entendido, tanto tu mujer como tu hijo son del Barça, ¿no?
Sí. Bueno, con normalidad. De hecho, lo fácil es ser culé o ser merengue. Tampoco somos muy futboleros, ¿eh? Me gusta más el fútbol que otra cosa. Yo puedo ver un partido casi de cualquier equipo. Y no soy antinada; si juega el Barça contra, pues no sé, me lo invento, un equipo alemán, pues quiero que gane el Barça, pero porque conozco a un montón de gente que estará contenta de que gane el Barça.

«Se olvidan de que tenemos cinco minutos para hablar, que no somos el PP ni el PSOE»

Te lo tengo que preguntar: ¿a qué casa de ‘Hogwarts’ perteneces?
¡Uf! Me gustan casi todas. No recuerdo ahora el nombre, pero me regalaron un jersey de una casa en particular… amarillo.
Hufflepuff.
Exacto. Es que no recordaba el nombre. Pues ésa.
Pensaba que serías más friki de Harry Potter, por las camisetas que llevas a veces…
No, no mucho. Sí que he visto las pelis y me gustan e, incluso, alguna vez, en algún discurso, hemos hecho alguna referencia. Soy más de Bola de Drac.

Ahora vamos con cuestionario.
Vale.

A los músicos les suelo preguntar si les han tirado ropa interior mientras actuaban, pero a ti te tengo que preguntar si te han tirado algo durante alguna intervención pública y, en caso afirmativo, qué.
¿Si me han tirado algo? No, que yo recuerde no. Al principio, cuando comenzaba a hacer charlas con Súmate, nos llamaban «nazis» y nos enseñaban mucha bandera española. Pero, últimamente, no. No, nunca me han tirado nada.

Has dicho que tu comida favorita son las alitas de pollo, ¿y la bebida?
Bueno, me gusta el vino tinto, pero tampoco soy ningún experto. Lo que nunca me ha gustado es la Coca-Cola, ni la Fanta, ni bebidas de éstas. Siempre me ha parecido raro que la gente beba algo negro que no sea vino.

¿Qué música llevas en los cascos?
De todo. Desde música clásica hasta Aute, Alejandro Sanz, Cesk Freixas, Antonio Vega… No tengo ninguna fobia especial hacia ninguna música.

Te gusta normalmente hacer comparaciones cinematográficas. ¿Qué personaje de ficción serías tú?
Pues, mira, me gusta mucho una película que no tuvo mucha repercusión, pero que es muy buena; se llama Warrior y me identifico mucho con el personaje de Tom Hardy en esa peli.

¿Te pones nervioso antes de intervenir? ¿Tienes alguna manía o sigues algún ritual?
Más que supersticioso, soy de intentar repetir, a nivel de costumbres, lo que suelo hacer en intervenciones. También le pasa a Tardà, le pasa a mucha gente que habla en público. Pero no, tampoco me pongo especialmente nervioso. Sí que tienes la carga de responsabilidad de que hablas o intentas hablar para mucha gente y eso yo creo que es importante tenerlo claro. Además, a nosotros nos critican mucho el hecho de que hablamos a veces en tuits o frases cortas, pero también, cada vez que nos critican por eso, se olvidan de que tenemos cinco minutos para hablar, o sea, que no somos el PP ni el PSOE [risas]. Me parece importante recordarlo, pero vamos, que no pasa nada.

¿De quién fue tu primer concierto?
Fui con mis padres a ver a Marta Sánchez a la Illa Fantasía.
¿Y el último?
Un grupo de jazz en Sabadell. Muy buenos, por cierto.

Una canción para bailar.
Venga, El sitio de mi recreo, de Antonio Vega, que es mi canción favorita.
Bailas lento, ¿eh?
[Risas]. Sí, sí, sí.

 

Una para hacer el amor.
¡Uf! Cualquiera.

Y una para llorar.
¿Lo ves?, de Alejandro Sanz.

 

Si pudieras meterte en una máquina del tiempo, ¿a qué época te gustaría viajar?
Pues hay un momento de la historia que siempre me ha interesado mucho. Le he preguntado, incluso, a algún historiador y no me saben decir, supongo que porque es imposible. Es el momento en que Atila, quizás el ególatra mayor de la historia de la humanidad, a las puertas de Roma, justo a punto de invadirla, acepta reunirse con el papa León I y durante una o dos horas charlan, de manera íntima, en la tienda de campaña de Atila. Y ese señor convence al mayor ególatra de la historia de la humanidad para que no ataque. Y Atila le hace caso y se vuelve. Si Atila hubiera llegado a entrar en Roma y la hubiera llegado a masacrar, eso habría cambiado el curso de la historia. Y, al final, la pregunta es: ¿qué le dijo ese hombre a Atila para hacerle cambiar de opinión?
Igual no le dijo y le ofreció.
No, no, no. Que se sepa no le ofreció nada, no volvieron a hablar… Atila y el papa murieron poco tiempo después y no sabe muy bien qué pasó en esa tienda de campaña, pero aquel hombre consiguió evitar esa invasión. Y eso a mí siempre me ha fascinado. Quizás hasta ese punto, para saber qué le dijo.

Cosas que nunca se le deberían decir a un político.
Igual preguntarle lo mismo. Una de las cosas que me han llamado la atención en Madrid, sobre todo, es que me preguntan siempre lo mismo y me resulta curioso. Lo bueno es que, al final, te lo acabas sabiendo.

Ahora pasas mucho tiempo en Madrid. ¿Cuál es tu rincón favorito?
Pues no tenemos. La verdad es que vamos del Congreso a la oficina, de la oficina al hotel y del hotel al Congreso. No tenemos un rincón favorito. De hecho, intentamos no movernos mucho tampoco. No por nada, sino por una cuestión de tiempos. Pues quizás el despacho, el espacio común que tenemos en las oficinas es el rincón más personal nuestro.

Por último, ¿qué te gustaría que te hubiera preguntado?
Cuál es mi personaje favorito de Bola de Drac.
¿Cuál es?
Son Goku.

 

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