Aquella entrada que guardé durante catorce años

Un café con Marta: girar sola y no tener miedo

Marta llega diez minutos tarde, se disculpa dos veces y pide un café solo, muy cargado, «como si fuera el último del día», dice, aunque en realidad es el primero. Lleva cinco años girando sin banda fija —solo ella, una guitarra y una furgoneta que, según cuenta, ya conoce mejor que su propia casa— y quería hablar precisamente de eso: de lo que significa subirse sola a un escenario cada noche.

«Al principio daba muchísimo miedo», reconoce. «No el escenario en sí, sino el después. Llegar sola a un hotel, o a un sofá prestado, y no tener a nadie con quien comentar cómo había ido. Con banda, ese rato después del concierto es casi tan importante como el concierto mismo. Sola, tienes que aprender a hacer ese ejercicio contigo».

Le pregunto si alguna vez ha pensado en volver a tocar acompañada. Se ríe antes de responder. «Cada dos o tres meses, sí. Y luego llega una noche en la que todo sale exactamente como yo quería, sin tener que consultarlo con nadie, y se me pasa». Dice que lo que más ha aprendido girando sola no tiene que ver con la música, sino con la logística: cambiar una rueda, discutir con un técnico de sonido sin perder los papeles, dormir bien en sitios que no lo ponen nada fácil.

Hablamos también de la parte que casi nunca sale en las entrevistas: el silencio. «Hay tramos de carretera larguísimos en los que no hablo con nadie durante horas. Al principio me angustiaba. Ahora es mi parte favorita del día. Es cuando de verdad pienso en las canciones que quiero escribir después». Le pregunto si ese silencio se nota en su música reciente, más despacio, más desnuda que la de sus primeros discos. Se queda un momento callada, como comprobando si es verdad, y luego dice que sí, que probablemente tiene toda la razón.

Antes de irse, ya de pie, añade algo que no le he preguntado directamente: que lo de girar sola no lo recomienda ni lo desaconseja, que simplemente es lo que a ella le tocó aprender a querer. «Cada uno encuentra su manera de no tener miedo. La mía fue quedarme sola con él hasta que dejó de asustarme tanto».