Mi vida de gira

Otro verano único en el Náutico: Rozalén y El Kanka

Sí, otro y único son compatibles en la misma frase. Por tercer año consecutivo paso unos días de verdadero descanso en mi amada Galicia y con la mejor banda sonora posible: la que ponen los conciertos del Náutico de San Vicente do Mar. El maravilloso enclave de la península de O Grove, Pontevedra, todos los veranos acoge conciertos a pie de playa que son muy de mi agrado. Este año, mi perfecta excusa para escaparme al norte fueron Rozalén y El Kanka.

Las buenas vacaciones

De punta a punta. Y porque me faltó tiempo para ir a Barcelona. Primero, me fui unos días a Cádiz con familia y amigos. ¡Qué bien lo pasamos! Y yo, que no soy de playa, pues como que no salí del mar. Pero porque había olas, que me parecen superdivertidas.

Después, me fui unos días sola a Galicia, ya sabes, mi particular desconexión. Qué paz. El turismo gastronómico en Galicia está también muy bien, ¿eh? Que yo no estoy así de morirme de hambre en vacaciones.

No obstante, uno de los turismos que más me gusta es el musical. Y este año, por tercero consecutivo, estaba deseando que saliera el cartel del Náutico. Ya es una tradición. 15 de agosto, Rozalén. 16 de agosto, El Kanka. Tándem perfecto para ponerle banda sonora a mis vacaciones. Y allí que fui.

Con Rozalén me quedé a medias

Lo que no recordaba (o no quería recordar) es lo mal que se aparca en el Náutico. Y, claro, para Rozalén fui con el tiempo justito y cuando conseguí aparcar, el concierto estaba a la mitad, más o menos. Una pena.

Cuando entré en el Náutico, estaba terminando una canción y había mogollón de niños sobre el escenario, así que supongo que sería la de las hadas. Le hice un buen homenaje a aquella vez en la que filmé entre las ramas, durante un concierto de Andrés Suárez, y me puse en el mismo sitio. Bonitos recuerdos aquéllos.

Preciosos momentos también nos brindó Rozalén. Se me cayó todo cuando interpretó La belleza, de Luis Eduardo Aute, y le mandó sus mejores deseos. El maestro, le llamó. Y tanto.

Al final del concierto, Comiéndote a besos me pellizó un poquito el corazón, entre aromas de nostalgia. Te explicaría por qué me pasó, pero ni yo misma sé el porqué.

Totalmente enkankada

Al día siguiente volví al Náutico para disfrutar de El Kanka y Manin. Y esa vez sí que me fui con tiempo de antelación. Quizá mucho, pero nunca demasiado.

El concierto de El Kanka lo viví desde mucho más cerca que el de Rozalén. Quizá fue por eso que lo viví más. Además, claro, de que lo viví entero. Y me metí desde el principio y ya no volví a salir. De Kanka me encanta especialmente su toque de humor. De mi musicoteca es su rasgo diferenciador más destacable. Es cierto que Kanka es mucho más que humor y que no es el único que lo hace de los que escucho, pero es lo que yo destacaría.

Me encantó la entrega a modo de coros del público durante todo el concierto. Y de bailes. Flipé con A desobedecer. ¡Más canciones como ésta, por favor!

Y, por supuesto, terminamos todos bailando un vals, aunque aún no terminaríamos del todo.

El año que viene

Pues el año que viene, ¡más Náutico! Está demostrado que no defrauda. A ver qué sorpresas nos depara 2018… Y tu verano ¿qué tal? ¡Espero que hayas descansado y disfrutado!

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