Mi vida de gira

Querido Lewin

Querido Lewin:

No sé ni por dónde empezar esta carta. Aquí ya no importa cómo te conocí o, mejor dicho, cómo me perdí la oportunidad de conocerte (eso ya lo conté aquí). Hoy sólo quiero contarte que, aunque no te conociera mucho, o casi nada, yo también te echo de menos y siento tu ausencia y que, desde hace ya semanas, no pasa un día sin que te escuche.

Pero hoy me atrevo a dirigirme a ti para contarte algo mucho más importante: el precioso homenaje, la fiesta que hicieron tus amigos en tu honor en Galileo Galilei el pasado 16 de marzo, fecha en la que tenías planeado presentar tu último disco, La Tristeza de la Vía Láctea. Y lo presentaron, ¡vaya si lo hicieron! Ojalá lo vieras, desde donde quiera que estés. Quiero que sepas que aquella noche tus amigos consiguieron que todos te recordáramos y te echáramos de menos, aun sin conocerte.

Homenaje a Lewin en Galileo Galilei

 

¿Sabes? La Tristeza de la Vía Láctea suena genial, es un disco precioso y lo escucho a todas horas. Seguro que te hace muchísima ilusión saber que el primer día en que se publicó fue número 1 de ventas en iTunes en España. Y yo creo que no es morbo, que no es por que te hayas ido… es, simplemente, donde se merece estar. ¡Es un discazo! Hicisteis un trabajo estupendo, querido Lewin.

Me atrevo a llamarte querido, querido Lewin, porque la ternura y el amor que desprendieron hacia ti todos tus amigos la noche del 16 de marzo en la sala Galileo Galilei, creo que nos contagió un poco a todos y sí, yo también te quiero. Y, ¿sabes?, siento que no tengo derecho a quererte ni a echarte de menos, pero lo cierto es que un poco lo hago. Y ¿qué le hago a un sentimiento que no puedo evitar? Como escribí el viernes pasado, no es morbo, de nuevo, es la culpa por no haberme dado antes la oportunidad de conocerte un poco más.

Querido Lewin: la fiesta que te mereces

Ay, Lewin, ojalá hubieras visto la sala Galileo Galilei abarrotada de gente aquella noche de miércoles, muchos buscando dónde ubicarse por no quedar ni una mesa libre, todos expectantes por ver la presentación de tu último disco, La Tristeza de la Vía Láctea, por ver cómo cobraban vida tan bellas canciones. Fue precioso.

Fuimos a decirte «hasta siempre», a desearte mucha suerte y a dedicarte el amor que te mereces. Nos llenamos de sonrisas, aunque las lágrimas también fueron inevitables, permíteme confesar. Espero que lo entiendas. No obstante, he de decir que de haber estado tú en cuerpo presente para presentar La Tristeza de la Vía Láctea, también habría asistido (esta vez sí, querido Lewin).

No pudieron estar todos tus amigos sobre el escenario, ¡es tanta la gente que te quiere…! Pero allí estaba preparada tu gran banda la noche del 16 de marzo, sobre el escenario de la Galileo Galilei: Chiloé a la batería, Mani al bajo, Mario Raya y Pablo Cebrián a las guitarras, Alejandro Martínez al piano y Marino Sáiz al violín.

Y los primeros que cogieron los micrófonos para homenajear tu Correr fueron Luis Ramiro y Conchita, que cantaron en un dueto precioso esa curva de la luz tuya. ¡Bailaron y todo! Como tú querías… Y no se podían quitar la sonrisa de la cara, porque te recordaban, porque recordaban tu alegría, porque es como tú habrías querido presentar tu disco, como contó Conchita en un precioso reportaje de la Cadena SER. Y aunque no fuera ésa la canción, lo hicieron. ¡Y les quedó muy bien!

La segunda canción de la noche fue Emotravel Bola de pop (¡cuánto me gusta esa canción!), también cantada a dúo, en esta ocasión por Tontxu y Marino Sáiz. Y sí, también se marcaron una peculiar coreografía. Estaba siendo una fiesta preciosa, Lewin, una fiesta en tu honor. Pero no te voy a engañar: la emoción se apoderaba de nosotros, la emoción lo colmaba todo, a todos, los de arriba del escenario y los de enfrente, y las lágrimas brotaban. Aunque también sonreíamos, sonreíamos mucho, porque te lo merecías. Te lo mereces.

El siguiente en llevar la voz cantante fue Alejandro Martínez, que cantó After the war, tu particular amor exótico en Tel Aviv, otra hermosa canción. Aquella noche en Madrid tu música sonaba fuerte y tú estabas en todas partes.

Y sí, nos pusimos un poco tristes cuando María Valverde salió al escenario y cantó Vuelve magistralmente. Fue un momento tan, pero tan emocionante… Aún se me pone la piel de gallina al recordarlo o cada vez que veo el vídeo.

 

 

Entonces, Mario Raya se unió a ella en la parte frontal del escenario para cantar juntos Manifestación contra mi depresión. Espero que nos oyeras el «Andrés, capullo, quiero un hijo tuyo», porque lo gritamos muy, pero que muy fuerte.

Otro momento emotivo de la noche fue cuando Tontxu cantó Sin billete de vuelta, otra de mis favoritas tuyas. Y hacia la segunda parte de la canción, subieron a bordo los pasajeros Luis Ramiro, Marwan, María Valverde y Conchita, para hacer un coro hermoso, acompañados por todo el público. Y es que parece que no entendíamos, que no entendemos, qué hiciste con todas esas maletas, a dónde te fuiste sin billete de vuelta.

Un amigo tuyo que, hasta entonces, no había aparecido en escena, Diego Ojeda, entonces salió al escenario para cantar Mensaje telefónico, tras lo que dio paso a Conchita, que invitó al escenario a tu magnífico cuerpo de baile y juntas interpretaron Gato sabio. En ese momento, las ganas de bailar con ellas se apoderaron, creo, de toda la sala. Un digno recuerdo estaban haciendo tus amigos de aquella noche.

 

 

Marino Sáiz y Alejandro Martínez cantaron Puter y, si de animales va la cosa, después Marwan se encargó de ponerle voz a Tu perro, tras lo que invitó a Diego Ojeda de nuevo al escenario y juntos cantaron Matrimonio textil. Espero que estuvieras allí, creo que lo estabas, porque cada vez te sentíamos más presente.

Entonces, Mario Raya interpretó tu Olvido 2.0, la única canción de la noche que no conocía (lo siento), pero ¿sabes? Me encantó. Ahora no dejo de escucharla.

El último dueto de la noche corrió a cargo de Luis Ramiro y Alejandro Martínez, que cantaron el segundo corte de La Tristeza de la Vía LácteaBuen camino.

Y, con la recta final del concierto, del homenaje, de la fiesta, llegó, déjame confesarte, para mí el momento, largo momento, más amargo de la noche, cuando ya las lágrimas no me dieron tregua.

Para empezar a terminar, Marino Sáiz cantó Rehén por rehén y, aunque no te gustara escucharlo, dijo, afirmó que para él eres el mejor cantautor de la historia de nuestro país de acogida. Fue tan, pero tan bonito… Después, Luis Ramiro cantó Una vuelta del Halley y, ay, no te puedo explicar cuánto lloré. Por eso te digo, que siento que no tengo derecho a echarte de menos, pero lo cierto es que lo hago. También empaticé mucho con todos los que sí lo hacían.

Y, entonces, llegó un momento que… ¡Buf! Fue demasiado, aun estando de celebración y de fiesta por ti. Tu compañero de Audiovisuales Sergio Rodríguez hizo un vídeo precioso al que tu emotiva Este fin le sirvió de banda sonora. Carreteras, vías de tren, paisajes… y el cielo. Te lloramos mucho, querido Lewin. Yo no recuerdo haber llorado tanto en mi vida en un concierto… y en mí eso ya es decir.

 

 

Aunque se nos mezclaron las lágrimas con las carcajadas, supongo que es lo que querías, cuando después, en la proyección, pudimos ver un fragmento de una divertida entrevista que te hicieron en Andorra al finalizar un concierto.

Entonces, Magdalena Viadell, entre el público, se hizo con un micrófono y nos contó una historia de un joven Demian, aún Andrés, y cómo empezó, empezaste a grabar tus canciones.

Por último, todos los amigos que te habían rendido tan bonito homenaje subieron al escenario y cantaron Iluminados, para mí una de las mejores canciones del disco, si es que hay alguna «menos mejor» que otra.

Homenaje a Lewin en Galileo Galilei

 

Aquí están todos los vídeos que filmé aquella maravillosa y triste noche.

 

Querido Lewin, te echamos de menos. Entonces y ahora. Pero te puedo asegurar que tus amigos se encargaron de que tu recuerdo siga vivo. Y seguirás vivo por mucho tiempo más, siempre que alguien escuche alguna de tus canciones o, simplemente, te recuerde. ¿Sabes? Llenaste los corazones de mucha gente con muchísimos recuerdos alegres, divertidos, excéntricos, locos… y eso permanecerá siempre vivo. Yo no tuve esa suerte, pero te puedo asegurar que lo siento.

Y te prometo que la próxima vez que vaya a Buenos Aires, compatriota, me pediré un licuado de banana y un sandwich mixto en El Imperio en tu honor y lo compartiré contigo, donde quiera que estés.

Nos vemos en 2061.

4 Comentarios

  1. Marcos Marcos
    28 Marzo, 2016    

    Beli, yo también conocí a Lewin, aunque menos de lo que me habría gustado. Estuve en Galileo y si supiera escribir tan bien como tu habría hecho una crónica muy parecida a la tuya de esa gran noche. Quiero darte las gracias por los videos que has subido que nos van a permitir a todos recordar esos momentos. La música de Lewin está más viva que nunca y aunque no le conocieras del todo solo el hecho de que cada día le escuches seguro que le alegra allá donde esté siguiendo al Halley!

    • 28 Marzo, 2016    

      Marcos:
      Muchas gracias por tus palabras. Me hace mucha ilusión que hayas leído mi «especie de crónica», que te haya gustado y que te hayas tomado el tiempo de comentar (¡además de leer!).
      La verdad es que fue un concierto precioso y muy emotivo. Siento haber llegado tarde a Lewin, pero ahora me siento muy cerca de él, qué curioso.
      Espero que coincidamos en algún concierto.
      Un abrazo,
      Beli.

  2. Humi Humi
    28 Marzo, 2016    

    Hola Beli,
    Yo estoy muy lejos de Madrid, pero veo los conciertos a traves de tus ojos, lo explicas tan bien que es como si estuvieras allí, yo no he conocido a Lewin, jamás lo había escuchado, pero fíjate, que me he emocionado al ver el homenaje y me he quedado con ganas de más, así que lo he buscado y no me canso de escucharlo, cuanto trasmiten sus letras, gracias de verdad , no lo habrás conocido, pero te has ocupado de que los demás lo conozcamos, y eso ya es mucho.

    • 28 Marzo, 2016    

      Hola, Humi:
      Muchas gracias por tu comentario, me ha emocionado mucho. Me alegro de que mis palabras y vídeos contribuyan un poquito a que el recuerdo de Lewin siga vivo. Si lo que hago no gustara ni a una sola persona, no tendría aentido, así que gracias, muchas gracias.
      ¡Nos seguimos leyendo!

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