Mi vida de gira

No-Murcia: cuando ciertas cosas dejan de valer la pena

Hasta ahora, he contado experiencias muy buenas, pero cuando una lleva a sus espaldas 22 conciertos malditos (sin contar los acústicos ni promos sin actuación), alguna vez tenía que salir mal, aunque sea por pura estadística. Y es que en esos días no pudo salir nada peor, de verdad que no. Hoy cuento la historia de No-Murcia, o cuando ciertas cosas dejan de valer la pena.

Lluvia

 

Hacía tiempo que había decidido ir al concierto de la plaza de toros de Murcia de Maldita Nerea, el cual estaba programado para celebrarse el pasado 28 de septiembre. De hecho, cuando escribí sobre Funambulista, casi cuatro semanas antes, ya adelanté que iba a asistir. El 12 de agosto, es decir, con más de un mes y medio de antelación, compré los billetes de tren hacia Murcia (me lo ha chivado Gmail); conseguí una buena oferta, con ida el viernes 28 y vuelta el domingo 30. La primera noche, me podía quedar en casa de mi amiga M, a la que conocí en el palau Sant Jordi, en el fin de gira maldito de 2011; el problema era la noche del 29, porque ella se marchaba a Cehegín, su pueblo.

Entonces, para no andar con maleta de un lado para otro, decidí reservar una habitación de hotel las dos noches. Esta reserva la llevé a cabo el 11 de septiembre (esta vez, el chivato ha sido Booking). Por ahorrarme 10€ (cuando hice la reserva eran «diez señores euros», ahora son «diez euros de mierda»), elegí una opción de reserva «no reembolsable»… Vamos, que si por lo que sea no podías ir, el dinero ya lo habías perdido. Pero, total, ¿qué iba a pasar en Murcia en septiembre? Ja, ja, ja… ¡qué ilusa!

Recuerdo que el domingo anterior al concierto, C me escribió por WhatsApp muy agobiada por las previsiones climatológicas. Yo le dije que no se preocupara, que la información meteorológica a cinco días no suele ser fiable y que si el miércoles seguían anunciando precipitaciones, entonces nos podríamos empezar a preocupar. Pues el miércoles no preveían lluvia, sino… ¡una tormenta de tres pares de narices! Y, según iban avanzando las horas, peor pintaba la cosa: alerta naranja de tormentas, alerta amarilla de lluvias… Pero yo seguía pensando en ir, igualmente, pues el dinero ya lo había perdido y, mientras no hubiera cancelación oficial del concierto, había posibilidades de que se celebrara. De nuevo: ¡qué ilusa!

El día anterior, llevé el coche de mi madre al taller. Y te preguntarás: «¿esto qué tiene que ver?». Yo tampoco lo entiendo muy bien, pero mi complicada mente entonces sí lo asoció, porque lo que iban a arreglarle al coche era un desperfecto por un golpe que me habían dado volviendo de mi primer viaje a Murcia, cuyo principal motivo fue el concierto que el pasado 11 de mayo dio el pistoletazo de salida a la gira Mucho + Fácil, de Maldita Nerea. «Arreglando lo que entonces se rompió». Ya, pues no, porque el coche se quedaría un tiempo en el taller…

Esa misma mañana, la del jueves 27, les había dicho a R y a A algo parecido a: «como se cancele y lo pospongan para el 6 de octubre, que es mi cumpleaños, me voy a cabrear, pero bien». Y es que, de ser así (que fue así), no habría tenido posibilidades de ir. Ya había llamado al hotel y a Booking un par de veces para ver si podían devolverme el dinero o cambiarme la reserva de día, sin éxito. Aquella tarde, mientras seguía preparando cosas para el viaje, me llegó un WhatsApp de C: «el concierto se pospone al 6 de octubre». Efectivamente, decir que me cabreé «pero bien» sería quedarme corta. Volví a llamar al hotel: «A ver, ¡hay una maldita alerta naranja! ¡No es que no vaya a Murcia porque no me salga de las narices! Cambiadme, aunque sea, las dos noches por sólo la del 6 de octubre». Siempre la negativa por respuesta. Eso es no tener ni idea de cómo tratar a un cliente (huésped, en este caso). Nunca vayas al hotel Catalonia Conde de Floridablanca (sí, es una campaña de desprestigio, pero bien merecida).

Y ésta es la historia de cómo me quedé sin viaje a Murcia, sin concierto y sin dinero. Perdí muchas cosas más, hubo otros acontecimientos por el medio… De hecho, mi amiga E, al ver mi enorme enfado y mi gran tristeza por lo sucedido, me ofreció, como regalo, el viaje para la nueva fecha: «sería una manera guay y distinta de celebrar un cumpleaños», me decía. Pero rechacé su generosa oferta, le dije que, con todo lo que había pasado, se me habían quitado las ganas, que sólo quería olvidarme de todo lo relativo a Murcia, que no lo disfrutaría y que me había cansado, que, sencillamente, ya no estaba triste ni enfadada, sino agotada de hacer tantos esfuerzos… Pero bueno, también gané muchas otras cosas. ¿Qué hice el 6 de octubre, en lugar de ir a Murcia? Eso es otra historia que contaré pronto, muy pronto…

Lluvia Beli

 

Nos vemos on the road.
B.

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