Mi vida de gira

My Fest: un concierto para no olvidar

El pasado sábado 6 de febrero viví uno de los mejores conciertos en los que he estado en los últimos tiempos: My Fest, concierto benéfico organizado por Morgan Britos para ayudar a su compañera Myriam y que reunió sobre el mismo escenario de la madrileña sala BUT a Fito Mansilla, Jacobo Serra, Marwan, Marlango, Ariel Rot, Coque Malla y Jorge Drexler.

My Fest: un concierto para no olvidar

¡Y me lo iba a perder!

Claro. Yo estaba recién llegada de Valladolid, acuérdate. Y aunque me encanten los conciertos y disfrute de cada uno de ellos, dos conciertos en dos días, con viaje incluido, al final resultan agotadores. ¿Que vivir eso merece todos los esfuerzos que hago? Sin ninguna duda, pero eso no quita que al final de cada uno de esos viajes llegue cansada a casa.

Y eso es lo que me pasó el pasado sábado 6 de febrero. Me desperté, bajé a desayunar a eso de las 10:30, hice check out del hotel y puse rumbo de vuelta a casa. Tenía entrada, desde hacía un mes aproximadamente, para disfrutar de My Fest: un concierto benéfico que había organizado la oficina de management Morgan Britos para ayudar a su compañera Myriam, quien padecía una grave enfermedad. La cita tenía lugar en la sala BUT de Madrid y reunía, sobre un mismo escenario, ojito, a Fito Mansilla, Jacobo Serra, Marwan, Marlango, Ariel Rot, Coque Malla y Jorge Drexler. Ahí es nada.

Tenía muchas ganas de disfrutar de semejante cartel, pero a medida que me iba acercando a la Comunidad de Madrid con el coche, mi cansancio iba aumentando y la opción de quedarme en casa descansando se me hacía cada vez más tentadora.

Llamé a una amiga para que viniera a pasar la tarde/noche en mi casa y, entre conversación y conversación, dijimos:

—¿Vamos?

Ella no tenía entrada, pero como Twitter es maravilloso, enseguida contactamos con una mujer a la que le sobraba una. Dicho y hecho.

 

Llegamos por los pelos

Entre una cosa y otra, bajamos a Madrid con la hora justa. Entre tráfico, lluvia, semáforos, parkings hasta los topes… llegamos con la hora demasiado justa. Yo tuve una suerte que aún no me creo, encontrando un sitio a escasos 100m de la sala BUT. Como fui la primera en aparcar, corrí hacia el bar de encuentro con la mujer que nos vendía su entrada sobrante y me fui, también corriendo, a la cola de la sala BUT, que ya estaba en movimiento, demasiado rápido para mi gusto.

Esperaba a S y desesperaba mientras la cola avanzaba, y yo estaba cada vez más cerca de la puerta. Cuando estaba llegando a la puerta de la sala BUT y ya tocaba que me registraran el bolso, yo pensando qué decir para no tener que volver a hacer la cola cuando S llegara, justo en ese momento, apareció. Cómo llovía.

Me registraron el bolso y al ver la funda del monopié, sobresaliendo de aquél notablemente, el hombre de Seguridad me preguntó: «¿Eso qué es?», a lo que yo contesté: «Es un monopié, es para grabar». Y me dejó pasar. Me cuentan esto hace unos cuantos años y me echo a reír. Y yo con eso ya estaba feliz de la vida.

Cuando entramos, la pista no estaba tan llena como habíamos pensado, así que conseguimos colocarnos en un buen sitio, centradas y bastante cerca del escenario (más según fue avanzando la mágica noche).

 

My Fest: un concierto benéfico rebosante de arte

Que sí, que ya sabes que los conciertos multitudinarios son mis favoritos, los de la variedad y la camaradería, pero es que éste en concreto tenía mucha tela que cortar.

No sólo eran grandes artistas sobre el escenario, sino que iban compartiendo canciones unos con otros (sobre todo con Jacobo Serra), para terminar todos sobre el escenario para terminar todos los que estábamos frente al escenario con sonrisas enormes dibujadas en nuestras caras. Todos hablaban de Myriam, miraban hacia arriba, donde estaba ella, le dedicaban bonitas palabras, canciones, sus mejores deseos, pedían (sobre todo, Jacobo Serra) que coreáramos su nombre, y así lo hicimos. El cariño que desprendían todos hacia ella me hace, como poco, desearle lo mejor. Pero vayamos contando los hechos cronológicamente:

Una vez presentado el pedazo de espectáculo que estábamos a punto de presenciar, Fito Mansilla salió al escenario y cantó dos canciones: Los días doradosPulsiones. Fito Mansilla era el único artista de aquella noche al que no había escuchado nunca antes. Me apunto escucharle con más calma.

El encargado de romper el hielo de aquel maravilloso concierto dio paso a su colega Jacobo Serra, cuya primera canción de la noche fue Fly away. A Jacobo Serra ya había tenido la oportunidad de escucharlo en directo en un concierto de Marwan en Galileo Galilei y he de decir que me gustó mucho. También he de reconocer que después de aquello no le volví a escuchar. Vuelvo a apuntármelo.

Entonces, Serra llamó al escenario a Ariel Rot, para que tocara la guitarra, tan magistralmente como sólo él sabe hacerlo, y le acompañara en su canción Don’t give up. Empezaban a encandilarnos con lo que sería la tónica de My Fest, de aquella noche. Benditas colaboraciones. Se fue Ariel Rot del escenario y, entonces, Jacobo Serra invitó a Leonor Watling para que cantara junto a él su tema Never gone.

Ambos artistas se marcharon del escenario, pero no lo dejaron vacío, pues enseguida apareció Marwan en escena, el artista que más veces he visto en directo de todos los que se reunían aquella noche mágica, aquel sábado 6 de febrero. Primero, le cantó a nuestra ciudad con Puede ser que la conozcas; después, a nuestro país, con Necesito un país, una canción muy necesaria cualquiera de estos días, Un día de éstos, que fue la siguiente canción con la que mi querido Marwan nos deleitó. Por último, se despidió con Canción a mi padre. He de decir que me pareció una elección muy acertada el repertorio de Marwan aquella noche, pues fue muy variado: un poco de amor por aquí, otro poco de desamor por allá y, entre medias, un poco de tema social. Muy, muy bien.

 

 

Entonces, el cantautor madrileño presentó a Marlango. Leonor Watling y Alejandro Pelayo aparecieron sobre el escenario y tocaron Si yo fuera otraDinero, para después invitar a Jacobo Serra al escenario (también estaban marcando un precedente en My Fest) para cantar juntos una canción de mis amados Beatles, compuesta por Paul McCartney (aunque firmada Lennon-McCartney): When I’m sixty-four, una grata sorpresa para mis oídos. Jacobo Serra abandonó el escenario y Marlango se quedaron para endulzarnos la noche con dos canciones más: Gira Lo que sueñas vuela. Ésta última la compartieron con Ariel Rot, quien ya se quedó en el escenario, pues llegaba su parte. Y qué parte. Cómo nos puso la nostalgia en los ojos y la boca, al menos a mí.

El de Ariel Rot en las fiestas de Majadahonda, hace unos 15 años, fue uno de los primeros conciertos a los que yo pedí que me llevaran (después ya me iba sola). La música de Ariel Rot, en solitario y sobre todo con Los Rodríguez, marcó mi infancia y mi adolescencia. Por eso entrevistarle fue tan importante para mí (a la vez de imponente). Por eso tenerle delante aquella noche significó tanto para mí. Y me demostró, una vez más, que la música que le marca a uno, haga los años que haga, nunca se olvida (¡me las sabía todas de pe a pa!). Baile de ilusionesDulce condena, con unos versos de introducción de Adiós,  mundo cruel; y una versión bizarra de Mucho mejor, hecha tango.

Entonces, Ariel Rot invitó a Coque Malla al escenario, para deleitarnos con la parte más rockera de My FestRock and roll en la plaza del pueblo y un medley que me lleva a mis 13 años: Necesito un trago/El ahorcado/Mr. Jones (me faltó Matrícula de honor). ¡Qué bonito estaba siendo todo!, ¡qué emocionada estaba! Viviéndolo tan de cerca y a la vez tan de lejos, en el tiempo. Me dolía la cara de sonreír, te lo juro.

 

 

Con Coque Malla, sin embargo, no puedo decir lo mismo (culpa mía). Disfruté de su parte del concierto, pero si bien es cierto que tenía muchas ganas de verle actuar (por primera vez) y sabía que es uno de los grandes músicos de nuestro país, yo sólo conocía de él No puedo vivir sin tiAdiós, papá, de su época con Los Ronaldos, al menos conscientemente. Seguro que alguna más conozco, pero no soy consciente de ello. Además, las dos primeras canciones que cantó pertenecen a su próximo disco: El último hombre en la TierraSanto, santo. Me gustaron mucho, todo hay que decirlo.

Había gente que no dejaba de hablar y, aunque era bastante molesto, yo ya estaba acostumbrada, y no tenía nada que ver con lo que sufrí el día anterior o durante el concierto acústico de Andrés Suárez en el Náutico de San Vicente do Mar el verano pasado.

Coque Malla presentó a (cómo no) Jacobo Serra y juntos hicieron una versión preciosa de Songs of love, tema de Neil Hannon, por quien ambos artistas comparten una gran admiración, según dijo Coque Malla.

Antes de aquello, ambos estuvieron muy acertados haciendo algún comentario sobre que el público debería guardar silencio. Algún comentario más mordaz que otro, pero ambos muy bien recibidos y aplaudidos por lo que nos reuníamos allí para disfrutar de tantísimo arte junto.

Y como colofón de su parte de My Fest, Coque Malla invitó a Leonor Watling y Alejandro Pelayo, de Marlango, para cantar junto a él Berlín.

Ya íbamos oliendo a final, pero todavía nos quedaba mucho por vivir. Y ahí apareció: Jorge Drexler. Otro grande. Otro de mi adolescencia. No era la primera vez que le veía en directo, pero sí hacía mucho tiempo de aquélla, en el verano madrileño de 2004; tanto, que apenas lo recordaba. Y otra vez se me puso la nostalgia en los ojos y no pude evitar cantar cada verso de Guitarra y vos. ¡Cuántas veces ha sonado ese disco (Eco) en mi coche! Y lo sigue haciendo.

El doctor llamó al escenario a Leonor Watling y Ariel Rot, para interpretar conjuntamente Toque de queda, una canción que la protagonista de la noche, Myriam, había pedido aquella noche, como casi todas. Y qué acertadas peticiones.

Si me encantan las colaboraciones, esa noche me estaban regalando todas las combinaciones posibles. Y seguirían.

Entonces, Jorge Drexler invitó a Marwan. Ya estaban el judío y el moro, les faltaba el cristiano. Adivina entonces quién volvió a pisar el escenario. Sí, eso es: Jacobo Serra. Preciosa canción, preciosa interpretación a tres voces de la Milonga del moro judío, otra de mis favoritas de aquel fantástico elepé.

 

 

Jorge Drexler se quedó solo sobre el escenario de la sala BUT por última vez aquella noche para cantar Sea, una de mis favoritas suyas. Entonces, me acordé de Mercedes Sosa y mi nostalgia fue aún mayor.

Yo ya estaba jugando con las baterías, que manifestaban su estado agonizante con reiterada insistencia, valga la redundancia. Yo cambiaba una, volvía a la otra para volver a la una… pero de poco me servía. Una de ellas se agotó definitivamente en la parte más bonita de aquella canción, cuando todos los asistentes cantábamos al unísono el estribillo. Y por unos segundos (seguí con el iPhone) se perdió la canción del eterno recuerdo colectivo. Del mío personal no se perderá nunca.

Entonces, llegó el momento más mágico y lleno de emoción de la noche. Todos los artistas juntos de My Fest, que nos estaban dando una noche de excepción, se subieron al escenario para regalarnos una recta final impresionante. Parecía que se despedían Todo se transforma, de Jorge Drexler, pero no. Después de ésa, vino No puedo vivir sin ti, y yo no cabía en mí de la emoción, de verlos a todos juntos, ahí arriba, cantando canciones de la memoria colectiva, que tenemos tan presente, por Myriam.

 

 

Quedaban dos. Y yo ya pensaba en cuál sería la de Ariel Rot. No se hizo esperar. El argentino se sentó al piano y enseguida la reconocimos. Y otra vez gritos de emoción. Y otra vez sonrisas imposibles de grandes que eran. Y otra vez nostalgia. Se trataba de la Milonga del marinero y el capitán, con un «¡Hasta siempre!» por parte de los artistas.

Pero no, no era el final de My Fest. Como broche de oro de aquella preciosa noche nos regalaron una última canción, una de los de mi infancia, mi adolescencia y mi vida entera, de mis cuatro de Liverpool, de mis Beatles, de mi Lennon: All you need is love. Otra en la que me volvió a fallar la batería y de la que también perdí un fragmento.

Puedes ver aquí todos los vídeos del concierto.

 

Qué concierto. My Fest no fue un concierto, My Fest fue un conciertazo. Qué grande debe ser Myriam para que hagan algo así por ella. Y qué grande debe ser para querer compartirlo con todos nosotros. Qué grande fue My Fest. Un concierto para no olvidar. ¡Y me lo quería perder!

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