Mi vida de gira

MVDG con Andrés Calamaro

Si nos ponemos especialmente meticulosos con el lenguaje, realmente no se trataría de «mi vida de gira» como tal, ya que sólo he ido a un concierto del argentino, pero fue un sueño cumplido haberlo hecho. Se trata de Andrés Calamaro.

Andrés Calamaro en Valladolid

Ya he contado por aquí, en algunos de los primeros posts, que me encanta el grupo Los Rodríguez desde que tengo uso de razón, que me adueñé del recopilatorio Para no olvidar (2002) después de escucharlo en multitud de ocasiones en algún viaje largo en coche… y que después yo terminé por rayarlo.

Tras la separación de Los Rodríguez, seguí sus carreras en solitario y hasta fui a un concierto de Ariel Rot durante las fiestas patronales de Majadahonda, en septiembre de 2001, presentando su último disco en directo, En vivo mucho mejor, del mismo año.

No obstante, siempre me había llamado más la atención, como solista, Andrés Calamaro. Tenía todos sus discos originales. ¡Algunos tuve que encargarlos en Argentina porque aquí no se conseguían! Mis favoritos siempre fueron Alta Suciedad (1997) y Honestidad Brutal (1999).

Siempre había tenido ganas de ir a un concierto del argentino. La ocasión llegó en mayo del año pasado cuando un amigo –de los tantos que la música me ha dado– hizo un evento en Facebook y puso algo así como: «He comprado varias entradas en primera fila para el concierto de Calamaro en Valladolid, ¿quién se viene?». No recuerdo si fueron ocho o diez las entradas que compró, pero allí fuimos. Teníamos una cita ineludible en el pabellón polideportivo Huerta del Rey.

Repito: fue un sueño cumplido. Disfruté muchísimo del recital. Como una anécdota a destacar, diré que no aguantamos ni una canción sentados. Enseguida nos levantamos una amiga y yo y, rápidamente, todos los asistentes hicieron lo propio. Los miembros del personal de seguridad improvisaron una barrera humana y nos acordonaron, separándonos del escenario. En realidad, se trataba de una barrera simbólica y fuimos muy respetuosos y formales, porque la podríamos haber roto en cualquier momento. El concierto fue increíble. Cantó canciones tanto de su etapa en Los Rodríguez, como de sus discos en solitario.

Después, nos fuimos a comer algo a un bar que bauticé como Bocatas de madrugada, y creo que no tengo que explicar por qué. De esa ocasión creamos una tradición, pues la semana siguiente repetimos tras un concierto de Coti en la misma ciudad. Como seguramente también lo hagamos mañana después de volverle a ver en directo (a Coti) en la plaza Mayor de dicha ciudad castellano-leonesa.

Nada más que añadir, por el momento.
¡Besos!

Nos vemos on the road.

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