Mi vida de gira

Cuando la música es sólo una excusa

Que no. Que ayer me lié. Dije que iba a contar dos conciertos de finales de julio, pero el estricto orden cronológico que llevo (sólo me lo salto cuando quiero) me lo impide: hoy me toca escribir de Iván Ferreiro y Leiva.

Iván Ferreiro y Leiva en Zamora

 

Todo empezó a mediados de mayo, cuando amigos de toda España vinieron a pasar un fin de semana «en familia» a la capital. Son amigos que la música ha ido poniendo en mi camino desde hace ya algo más de diez años (y sigue poniéndolos). Ya he escrito varias veces sobre ello: la música me da mucha vida, mucho más allá de ella en sí misma. El caso es que ese fin de semana lo pasamos en grande. Se fueron con la promesa de volver a juntarnos muy pronto. Y aunque no fuéramos los mismos, no sabíamos entonces que el reencuentro se produciría mucho antes de lo esperado.

Pocos días después de aquel fin de semana madrileño, lo vi anunciado: Iván Ferreiro y Leiva, 27 de junio, Zamora, 8€. «¿Está pasando?». Me froté los ojos. Sí, estaba pasando… Y me compré la entrada. Me lié la manta a la cabeza y lié al resto. Y el resto de la historia ya la imaginaréis. Fue otro fin de semana lleno de música, risas, comida, bebida, fútbol, tortitas de maíz, robo de cartelería… De amistad, por encima de todo. Y sí, aunque no fuera Valladolid, también hubo «bocatas de madrugada».

Comprenderéis que, con todos estos ingredientes, el concierto fuera la mera excusa. Eso no quiere decir, ojo, que no lo disfrutara como una enana. Escondí como pude el monopié* en el bolso y… A ver. No es un pintalabios precisamente (aunque me gustaría saber el tamaño del de Carmen de Mairena). A pesar de mi gran labor de camuflaje (jurao’ que casi pasa desapercibido), los muchachos si-te-descuidas-te-abro-hasta-el-monedero encontraron dicho objeto (*estoy disgustadísima porque resulta que la RAE no reconoce la palabra monopié), me miraron con cara de sorpresa (¿Hola? Ni que nunca hubieran visto un armazón de un solo pie en una funda), se miraron entre ellos y tuvieron una conversación no-verbal. Yo, que soy muy buena intérprete de gestos, os traduzco que uno le dijo al otro: «mira ésta, lo que quiere meter en el recinto…». El otro se encogió de hombros y respondió: «No nos han dicho nada de cámaras» (o sea, que SÍ habían visto un armazón de un solo pie en una funda antes en su vida y la mirada de sorpresa fue sólo una estrategia… ¡Lo sabía!). Total, que me dejaron entrar con cámaraarmazón de un solo pie en una funda y todo.

¿Qué pasa? Que mi nueva Canonita me ha salido un poco rana. Tiene el micrófono estropeado (mañana la llevo al médico para que la diagnostiquen como es debido) y no captura bien el sonido en los conciertos. Por eso, he tenido problemas para subir los vídeos de los últimos a los que he ido, desde ese día que la estrené. No obstante, alguno se salva, como el que comparto más abajo.

El concierto me encantó. Sobre todo Ferreiro, cuya música, como ya os he contado en alguna que otra ocasión, coprotagonizó (ésta sí está en la RAE) la banda sonora de mi adolescencia. Eso sí, me quedé sin Promesas que no valen nada y eso me dolió en el alma. El momento estrella de la noche para mí fue cuando el gallego y el madrileño cantaron a dúo Crímenes perfectos, de Andrés Calamaro (otro de los protagonistas de la banda sonora de mi vida). No puedo enseñaros el vídeo de este momento (ya me gustaría), porque Canonita se portó mal. Estoy totalmente en contra del maltrato, físico o psicológico, pero de ésa casi la estampo, jurao’. Tampoco puedo compartir muchos vídeos de Ferreiro, especialmente de las canciones de Los Piratas, porque el micro no capta bien el sonido del concierto, pero mi voz la registra de lujo, ¿sae’? Y-no-es-que-cante-precisamente-bien (aparte de que en los conciertos yo no canto… grito). Total, que os dejo el único vídeo que se salva de la noche y ya os iré contando los avances de Canonita.

 

 

PS: Sí, la friki que está intentando arrancar un póster de papel de muy poco gramaje (sin éxito) soy yo. Entre nosotros, luego me llevé uno más pequeño, pero impreso en papel chuli (casi fotográfico) y en brillo. Ole.

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