Mi vida de gira

Marwan comienza 2016 en Galileo Galilei

Hacía casi un año que no veía a Marwan, concretamente, desde el concierto en Galileo Galilei el pasado 28 de febrero de 2015. Así que empiezo 2016 muy bien: volviendo a ver a Marwan en casa, siempre muy bien acompañada. No había mejor manera de empezar mi 2016 «conciertil».

Marwan en Galileo Galilei

Mi primer concierto de 2016

Habían pasado casi tres semanas desde mi último concierto, el último de 2015: el precioso homenaje a Antonio Vega que vivimos en la sala Babel de Torrelodones (Madrid). Y tenía muchas ganas de mi primer concierto del año, que se me antojaba emotivo: un bonito reencuentro con Marwan, sus canciones y su humor después de casi un año.

En realidad, no tendría que haber pasado tanto tiempo. Tenía entrada para verle en la sala But el pasado 30 de octubre, pero al final no pude asistir. Y cuando fui a comprar las entradas para asistir al concierto que dio en Galileo Galilei el 28 de noviembre, pocos días después, ya estaban agotadas. Por eso, esta vez no lo dudé. En cuanto me enteré de que Marwan iba a actuar en casa el 4 de enero, adquirí mi entrada para dicho evento.

Obstáculos, que no impedimentos

Con todo el desbarajuste que suponen las fiestas navideñas, digamos que me había amoldado a otro horario distinto del que impone un trabajo de oficina, por lo que el lunes 4 de enero no había dormido prácticamente nada y ahí estaba, a las 8 de la mañana, viendo amanecer desde los ventanales de la oficina, con un café en mano, al que pronto sucederían varios más.

A medida que fue avanzando el día, mi cansancio fue aumentando y la idea de llegar a casa, meterme en la cama y dormir me iba pareciendo cada vez más atractiva. El sueño, la lluvia y el frío le estaban ganando la batalla a mis ganas de concierto, a mis ganas de Marwan. Sin embargo, tenía una cita que sabía que no se iba a repetir en muchos meses, una cita en mi otra casa, la Galileo Galilei, y no quería faltar, no después de habérmelo perdido dos veces el año anterior.

Por consiguiente, llegué a casa, merendé, cargué la cámara y una de las baterías, ya cargada, en el bolso y salí. Pasé por la gasolinera para, además de repostar, comprar un Red Bull y puse rumbo a Madrid centro. Sin embargo, no sería tan fácil, ni mucho menos tan rápido. No sé exactamente si el factor fue la lluvia, pero había muchísimo atasco en la carretera de La Coruña para bajar a Madrid (menos mal que había salido con tiempo).

45 minutos después (normalmente, tardo menos de media hora) estaba aparcando en la calle Blasco de Garay, paralela a Galileo. Cuando llegué a la puerta de la sala, vi la larga cola que había para entrar. Hice el amago de ponerme al final de la misma, y de hecho aguanté cinco minutos, pero después desistí. Yo, siempre tan calurosa, no había llevado abrigo y me estaba congelando. Mi calzado tampoco acompañaba: unas zapatillas, estilo Victoria, rotas por la suela: tenía los pies calados y eso me provocaba aún más frío. Y por si eso fuera poco, estaba lloviendo mucho y tampoco llevaba paraguas.

«Bueno, tengo mesa reservada», pensé. Abandoné la cola y me resguardé en el portal de la Galileo, hasta que llegara O y pudiéramos entrar a la sala.

Reencuentros bonitos

En cuanto vi a Domingo, que salía a colocar un póster del próximo concierto de Marino, que será el sábado 30 de enero, me alegré mucho y le felicité el año, no sin antes ayudarle a pegar el póster de Marino en una de las puertas de la sala.

Por cierto, un rato antes, durante la prueba de sonido, me pareció escuchar el inconfundible y encantador sonido del violín de mi gran amigo, así que me puse muy contenta por saber que le iba a ver. No hacía tanto desde la última vez, algo menos de un mes, para ser precisa en el concierto leonés de Andrés Suárez, pero ver a Marino siempre me produce una inmensa alegría.

Poco después llegó O, a la que también hacía un montón de tiempo que no veía, y que también me alegró mucho volver a ver y saber de su vida. Una vez dentro de la sala, no pude sino acercarme a la barra a saludar a mi buen amigo Pedro, que siempre me trata tan bien y me reserva sitios geniales para disfrutar de los conciertos.

Y esta vez no iba a ser menos: teníamos una mesa desde donde lo vimos todo mejor que genial. Una vez que llegó la madre de O, ya estábamos listas para disfrutar del concierto. Había echado de menos esas luces sobre el escenario…

Así que empecé el año con muchos y muy bonitos reencuentros.

Marwan estrena 2016

Desde el primer minuto, Marwan supo sacar nuestras carcajadas a relucir, como tan bien sabe hacer, aunque quizás esta vez no fue tan intencionada como otras. Salió al escenario y, sin mediar palabra, comenzó a cantar la adorable canción Te quiero, pero se confundió en el segundo verso y volvió a empezar, no sin antes hacer alguno de sus jocosos comentarios. Ya estábamos metidos de lleno en el concierto, llorando de la risa. ¡Cuánto había echado de menos el humor de Marwan!

Después de la primera canción, el de Aluche presentó a Alejandro Martínez y Marino Sáiz, que salieron al escenario, se colocaron a ambos lados del rizos y tocaron junto a él Canción a mi padre.

Después de eso, le tocó el turno a Sueños sencillos, que me llevó un poco a la nostalgia. Mi primer concierto de Marwan fue a principios de 2012. Mi Facebook tiene constancia de uno en abril, pero creo recordar que ése fue el segundo al que fui del cantautor madrileño. El caso es que recuerdo que esa canción fue mi primera favorita de él, me llegó a lo más profundo. No puedo seguir sin agradecerle profundamente a mi amiga C que me enseñara la música de Marwan, Andrés Suárez y otros muchos que conocí de su mano. Espero que el nuestro sea otro bonito reencuentro que me traiga 2016.

 

 

Empezamos a animarnos con Palabra por palabra. Me di cuenta de que llevaba desde la primera canción del concierto con una sonrisa enorme plantada en la cara, que con esta canción se hizo más amplia. Y Marwan siguió contándonos sus anécdotas, siguió haciéndonos reír, siguió recomendándonos hacer terapia, siguió cantándonos, porque todos tenemos Cosas pendientes, pero quedó claro que siempre crece otra piel sobre la herida.

Heridas y emoción

Después le llegó el turno a Animales, primer single de su último elepé, Apuntes Sobre Mi Paso Por El Invierno. Desde mi punto de vista, una canción muy honesta y que siempre me ha gustado mucho, pues pone de manifiesto el carácter polifacético de Marwan. Ésta le dio paso a otra del mismo disco y, en mi opinión, una de las canciones más bellas jamás hechas a Madrid: Puede ser que la conozcas. Ya tenía ganas de volver a escucharla en directo.

Despertamos nuestro lado más tierno con Desde que duermes junto a mí, con la que los tres, uno con su voz y la guitarra, otro con el acordeón y el piano y otro con su violín, crearon magia. Y eso que aún no habían venido los Reyes, pero nos regalaron una noche preciosa por adelantado.

Entonces, además de estar recordando mucho, me llevé una grata sorpresa: Marwan cantó su particular declaración de principios, canción que yo nunca había vivido en directo, al menos que mi canal de YouTube y yo recordemos: Hablemos de mí. Y vaya si hablamos de Maru.

 

 

Y como le había tocado la canción dedicada a su padre, no podía faltar la que le escribió a su madre: Mi columpio, un bonito tema de amor incondicional.

Después de tan entrañable canción, Marwan llamó al escenario a su amigo y colega David Jiménez. Y cantó 15 minutos junto a él. Después, el invitado se quedó solo sobre el escenario. Interpretó ante las 500 personas que nos habíamos reunido aquella noche de lunes su Tesoro.

Risas, como siempre

Y se vino un momento especial, y se vino un momento gracioso, y se vino un momento precioso. Álex, como ya ha pasado en otros conciertos de Marwan, empezó a tocar unos acordes al piano…

Se le fueron los dedos hacia Y ¿si fuera ella?, de Alejandro Sanz, que enseguida reconocimos y, presos de la nostalgia, nos pusimos a cantar. Marino se revolucionó, Marwan se confesó celoso y nos partimos de risa. Por eso, cuando Álex encauzó las notas hacia su verdadero destino, Carita de tonto, nosotros la cantamos tanto como la otra, para reconfortar el ego del protagonista de la noche. Creo que nos salió bien:

 

 

Los tres artistas del escenario tocaron Adolescente, para después volver a partirnos de risa con las anécdotas de Marwan. Él, controlando sus ganas de reír, o intentándolo, empezó a cantar Necesito un país, provocando el estallido de vítores y aplausos de la sala al final de la canción. La sentimos mucho todos. Antes de esta canción, ya empezó a hacer su típico «momento Tiziano». Le dije a O: «¡No me puedo creer que no vaya a tocar Las cosas que no pude responder!», porque normalmente es antes de esa canción cuando le posee el espíritu de Ferro. Me estaba adelantando.

Entonces, la Galileo se vino arriba con Canción de autoayuda. Y Marwan, Alejandro y Marino, que nos estaban regalando una noche mágica, desaparecieron del escenario como por arte de ídem.

A los gritos de «otra, otra», reaparecieron en escena. Y sí, ya decía yo, tocaron Las cosas que no pude responder, una de mis favoritas de siempre.

Adiós, Andrés. Adiós, Demian

Parecía que todo se iba a acabar, predeciblemente con Un día de éstos, pero no. Antes de seguir con el espectáculo, Marwan le dedicó el concierto a su amigo y colega Andrés Lewin y pidió que le mandáramos amor y calor porque lo necesitaba. Después tocaron Ángeles que, para sorpresa y satisfacción de todos, enlazaron con Mi paracaídas.

 

 

Y como Marwan quiso, le mandamos todo nuestro a amor a Andrés, a Demian, con toda nuestra fuerza. Pero no fue suficiente. Lamentablemente, al día siguiente, es decir, el martes 5, las redes sociales se hicieron eco de la triste noticia. Andrés Lewin, o Demian Lewin, como se reconoció hace un tiempo, nos había dejado ese mismo mediodía.

Lewin sigue vivo

No le conocí y nunca le vi en directo, pero igualmente lo sentí mucho, lo siento mucho. Es más que probable que hayamos coincidido en algún concierto en los últimos años, pero no tengo constancia de ello. Sí que leí sobre él, sí que escuché hablar de él. E, incluso, creo que escuché alguna canción suya sin ser muy consciente de ello. Aquello fue en algún vídeo de la web antigua de Marino.

Sé que nació en Buenos Aires, como yo, nueve años antes que yo. Sí se que vino a vivir a Madrid en el mismo año que yo, 1988. Sí sé que era muy joven.

También sé que fue el primero con el que tocó Marino, que le animó a cantar sus propias canciones, a hacer sus conciertos. O eso tengo entendido. ¿Cómo no voy a sentir la partida de alguien que apoyó y quiso a alguien a quien yo quiero tanto? Sí sé que le sigue queriendo, que siempre le cuidará.

Sí sé que era, que es muy querido por muchos cantautores a los que sigo, por muchas personas a las que quiero. Desde aquí quiero mandar mi más sentido pésame a sus familiares y amigos, entre ellos, amigos míos también. Era muy joven, iba a presentar su nuevo disco en marzo en Galileo. Sí sé que habría ido. Llegué tarde. Qué triste, qué triste todo… Entre tantas muestras de afecto en las redes sociales, vi Vuela, en un dueto con Marino en Libertad 8. Y me puse a llorar. Lo siento, Andrés. Lo siento, Demian, aunque no te conociera, lo siento profundamente, porque estabas muy cerca de los míos. De los tuyos. Descansa en paz. Vuela.

 

 

 

El concierto terminó, como ya venía diciendo, con Un día de éstos. Capturé esta canción en vídeo por primera vez hace un par de años. Fue en un concierto benéfico multitudinario el 21 de febrero de 2014 en La Riviera. Fue uno de los mejores en los que estado. Y, desde entonces, la amé.

Aquella primera vez

Recuerdo de aquel concierto que Marwan quiso que Marino tomara un poco de protagonismo. Lo hizo instándole a adelantar su posición en el escenario, apoyándose en un bafle. Algunas personas gritaron su nombre y yo empecé a corearlo. Mis amigas me secundaron y, después, lo hizo más gente.

Marino se tapó la cara con el violín, pero acabó haciendo lo que Marwan le pedía. Lo que todos le pedíamos. Qué recuerdo maravilloso… Presa de la nostalgia, he acabado buscando ese pedacito de vídeo entre mis recuerdos audiovisuales para que puedas verlo. No lo había subido antes, porque me suelo limitar a las canciones, con alguna que otra introducción. Por eso hay muchos de estos momentos que se quedan en el tintero. Aquí está, ojalá te guste tanto como a mí:

 

 

Siento el recuerdo, pero, al fin y al cabo, este concierto iba de nostalgia, ¿no? Este mes, me espera un enero lleno de música en vivo. Te iré contando…

Feliz año.

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