Mi vida de gira

Marino en casa, noche de concierto y cumpleaños

El pasado miércoles 29 de abril, la sala Galileo Galilei de Madrid se vistió de fiesta. Como cada noche, hubo concierto. Pero no fueron una noche ni un concierto más. Cada cita con Marino es muy especial y aquélla lo fue aún más: pocos minutos después de terminado el espectáculo, celebrábamos su cumpleaños, con vídeos de felicitación y tarta incluidos.

Marino Sáiz en Galileo Galilei

Un pequeño esfuerzo por quien de verdad lo merece…

Muchos ya sabéis que desde que empecé el máster, mi vida «conciertil» (y social, en general, no nos vamos a engañar) se ha reducido considerablemente. De hecho, el concierto de Carmela al que fui el pasado 18 de abril fue el primero desde que empecé el máster el pasado 11 de marzo. Pero no podía faltar a la cita, pues hacía casi un año que ya le tenía ganas a sus canciones en directo.

Siempre hay excepciones. Otra muy importante y especial fue la que aconteció el pasado miércoles 29 de abril en la sala Galileo Galilei de Madrid de la mano de mi querido amigo Marino Sáiz, cuando daría un especial concierto con banda tras el cual celebraríamos su cumpleaños.

De hecho, asistir al concierto de Carmela no supuso un gran esfuerzo, dado que fue un sábado y tenía tantas ganas como energía. Sin embargo, el de Marino, como ya he comentado, se celebró a mitad de semana. Además de trabajar de lunes a viernes, todos esos días voy después a clase de 19h a 22h, sin tiempo entre medias para descansar (salvo los viernes). Por lo que, a partir de los miércoles, dejo de ser persona, para los jueves convertirme en una zombie andante. Así que, en esta ocasión, me sobraban las ganas también, pero me faltaban energías. Y no sólo el cansancio es un obstáculo, sino que por salir de clase a las 22h, siempre andaré llegando tarde a los conciertos… Como se demostró el miércoles pasado.

 

Reencuentros…

Llegué a la Galileo a eso de las 22:30h, con el concierto más que empezado. Me dio mucha alegría ver a mis amigos de «casa»… lo bien que nos tratan siempre y lo mucho que les he echado de menos estos meses. Y, por supuesto, también me alegró enormemente ver a mi amiga Yolanda, que me estaba guardando la entrada y el sitio en la barra y que se había encargado por las dos de tener la idea de llevarle a Marino una tarta, con velas y todo, y de llevar a cabo su genial idea. Vamos, que llegué con todo hecho.

Cosas de la vida, llegué entre canción y canción y ¿cuál tocaba a continuación? Para mí y por mis circunstancias personales, la más especial de todas las de Marino y la que ha conseguido arrancarme alguna que otra lágrima en más de una ocasión: Tengo miedo. Claro, me lancé directa a donde tuviera mejor visibilidad de la escena para grabar un vídeo. Otra gratísima sorpresa, desde el punto de vista personal, fue que, mientras estaba grabando el vídeo, ver a uno de mis piscis favoritos plantado a mi derecha, esperando a que le viera para saludarle. Y lo hice (de ahí los movimientos de la cámara al principio de la canción). Le di un abrazo algo a medias. Aunque luego le pude dar uno en condiciones. Unos cuantos.

 

El concierto: Marino en esencia

Marino se hizo famoso como ‘el violinista de los cantautores‘, cosa que no le desprestigia, ni mucho menos, ya que es un violinista excepcional y que, como siempre he dicho, transmite muchísimo con el instrumento de las cuatro cuerdas. No obstante, el pasado miércoles fue la enésima ocasión en que el músico madrileño demostró con creces que es mucho más que eso. Y a quienes pudieran decir que la gente iba a ver a Marino por los invitados, la semana pasada se constató que él solo se basta para llenar la Galileo Galilei de gente y, lo que es más importante, de aplausos, risas, llantos y muchísima entrega. Lo cierto es que me perdí muchísimas canciones, pero lo que vi desde atrás fue un espectáculo radiante y muy especial, del que todos formamos parte. Un Marino espectacular, una vez más.

También fue una alegría ver rondando por ahí, sin subir al escenario, a compañeros de profesión y amigos de Marino que no podían faltar a la cita de su cumpleaños, tales como Marwan, Fran Fernández o Fredi Leis, entre otros.

Y como en cualquier concierto de Marino, hubo emociones para todos los gustos: nos emocionamos con canciones como Lunas distintas, Jonás o su último estreno, una nueva y preciosa canción de temática social que muestra el alma pura de su autor. Y también nos vinimos arriba con su single Y ahora, ¿qué?, con la divertida 5 segundos o con La farola, para volver a emocionarnos con su interpretación acústica de varios fragmentos de bandas sonoras al violín, subido encima de una de las mesas de la Galileo.

 

El momento más emotivo de la noche

Unas amigas de Marino se encargaron de organizarle una sorpresa muy especial al protagonista de la noche: al terminar el concierto, proyectaron un vídeo con decenas de felicitaciones de amigos, familiares, admiradores y colegas, imágenes con música de fondo… fue un vídeo muy emotivo y, además, saltaba a la vista que tenía un enorme trabajo detrás, además de muchísimo cariño. Eso es lo que provoca Marino, que, entre lágrimas, volvió a salir al escenario para agradecer la enorme muestra de afecto.

Por nuestra parte, nosotras nos encargamos de «colarnos» en el camerino al acabar el concierto, con la tarta y el candelabro de velas encendidas, algunas a medio apagar, para cantarle el Cumpleaños feliz a nuestro querido amigo.

La fiesta siguió, vaya que siguió, había mucho que celebrar… Sin embargo, yo estaba totalmente destruida y al día siguiente me esperaba un día intenso, ¡nada menos que un jueves! Así que me despedí de Marino y del resto y me fui con la emoción a otra parte (a dormirla), pero me llevé la gran satisfacción de otro concierto maravilloso, del cariño de buenos amigos y abrazos, muchos abrazos.

 

¡Feliz semana!

Deja un comentario