Mi vida de gira

Marino Sáiz ofrece un concierto íntimo en Libertad 8

Bueno, lo de íntimo habría que matizarlo. Como pilló en medio de Semana Santa, el músico madrileño Marino Sáiz, según afirmó durante su concierto, no se esperaba que el nivel de asistencia llenara el café Libertad 8 la noche del martes 22 de marzo. A pesar de estar enfermo, ofreció un concierto emotivo a la par que divertido.

Marino Saiz en Libertad 8

Marino Sáiz vuelve a Libertad 8

El músico madrileño Marino Sáiz volvió al café Libertad 8 después de casi 9 meses sin tocar allí, al menos en cuanto a conciertos propios se refiere. Y aunque ya había vuelto a dar un concierto propio el pasado 30 de enero en la sala Galileo Galilei, le faltaba hacerlo en el mítico café de la calle Libertad.

Acompañado por Sergio Delgado al piano durante prácticamente todo el concierto, la primera canción que interpretó Marino Sáiz fue Apocalipsis, pieza instrumental que abre su primer y hasta el momento único trabajo discográfico, Tripolar.

El músico afirmó, entre canciones, que estaba enfermo, que había pasado casi todo el día con fiebre y que, incluso, se había planteado cancelar el concierto, pero las décimas de más y una voz algo afectada no le impidieron, finalmente, ofrecer una noche llena de música y anécdotas. La segunda canción de la noche fue La alfombra negra.

Y por esa misma afección en la voz, pidió a los asistentes que colaboraran cuanto pudieran en la siguiente canción, G, a la que siguieron una versión instrumental de Vuelvo a ser uno y la también inédita Donde viaja el mes de agosto.

Volviendo a Tripolar, la siguiente canción del concierto fue Los espejos nunca mienten. Y entre canciones, volviendo a causar el estallido en carcajadas del público de Libertad 8, Marino Sáiz se tomó la temperatura y aunque su estado febril no era muy agudo, algunas décimas de temperatura sí que le sobraban.

En ese momento del concierto, el músico quiso homenajear a Andrés Demian Lewin, fallecido el pasado 5 de enero en Madrid, con una canción suya: Vuela, que anima a los homosexuales a serlo abiertamente, a «salir del armario». Lo que me sorprendió del momento es que aquella tarde yo había estado escuchando esa canción en el coche, mientras volvía del trabajo, y en la verso que dice «que, en algún lugar, mi Lorca sigue vivo», yo canté «que, en algún lugar, mi Lewin sigue vivo». La casualidad vino cuando, en esa misma parte de la canción, Sáiz sustituyó Lorca por Lewin, como había hecho yo tan sólo unas horas antes. Y ya lo dije por las redes: es un guiño previsible, pero no deja de ser una coincidencia curiosa.

Volvimos una vez más a Tripolar con Jonás, canción tras la que Marino Sáiz contó una divertida anécdota sobre su fobia a los aviones y cómo consiguió aplacarla en su último viaje a México. De nuevo, volvió a causar las risas de todos los asistentes y, en su constante vaivén de tripolaridad, cantó Tengo miedo.

 

 

Hubo espacio para los invitados. En primer lugar, Sergio Delgado, cuyo proyecto musical se llama SED, cantó su canción Como aquel verano del ático y nos habló del concierto que daría (que dio) junto a Alejandro Martínez el jueves 31 de marzo en el mismo café Libertad 8. Concierto al que, por cierto, yo iba a ir, pero que finalmente no pude hacerlo… y me dio mucha pena porque tenía muchas ganas de asistir.

Después, el que se subió al escenario fue Manuel Blanca, para deleitarnos con su Disfraz de artista. Y me quedé con ganas de escucharle más detenidamente.

Entonces, Marino Sáiz volvió a subirse al escenario, para quedarse solo y, sentado al piano, cantar Sin mí, la última canción que ha estrenado en un concierto, también inédita.

Y volvió a hacer reír al público. Al más puro estilo de Rob Paravonian y su Pachelbel Rant, que tantas carcajadas me sacó durante mis años universitarios, Marino Sáiz mostró varias canciones que se pueden cantar partiendo de cuatro acordes de la canción principal de la banda sonora de Frozen, el famoso Let it go. Después de eso, cantó dos fragmentos de canciones de bandas sonoras de películas Disney, concretamente de La bella y la bestia y de Aladdin.

Una vez hubo terminado el momento Disney de la noche, Sergio Delgado volvió al escenario y juntos tocaron Lunas distintas, contando con la colaboración del público a los coros, especialmente en la última parte de la canción, cuando Sáiz giró el pie del micrófono para dejar solos cantando al unísono a los integrantes del respetable.

Llegó la recta final del concierto, iniciada por la canción que le da nombre al disco del protagonista de la noche, Tripolar, seguida por una canción del músico español que quizá sea la que más trate, de todo su repertorio, un tema de denuncia social, El último beso.

 

 

Las últimas canciones de la noche fueron ¿Y ahora qué?La farola, para terminar con las luces del café apagadas, sin ver absolutamente nada, escuchando solamente el sonido del violín de Marino Sáiz y su improvisación final, con algunas notas intercaladas de la canción Buon giorno, principessa, perteneciente a la banda sonora de La vida es bella, compuesta por Nicola Piovani.

Pásate por aquí si quieres ver todos los vídeos que filmé aquella noche.

 

Otro concierto en casa. Aunque aún quedaría uno más (también allí) para ponerle punto final al mes de marzo de 2016.

Feliz semana.

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