Mi vida de gira

Jorge Marazu lleva Escandinavia a Babel

El pasado viernes 18 de marzo tuvimos en Krinki la oportunidad de entrevistar a Jorge Marazu justo antes del concierto que dio en la sala Babel de Torrelodones. Puedes leer la entrevista en este enlace. Sin embargo, aquí en Mi vida de gira voy a contarte lo que a este blog corresponde: lo hermoso e íntimo que fue el concierto.

Jorge Marazu en Babel Torrelodones

 

Pues sí, entrevistar a Jorge Marazu fue todo un honor y un placer, pero como te digo, la entrevista puedes leerla en el enlace de arriba. Aquí voy a contarte el concierto que vino después, íntimo y hermoso, como se atrevían a vaticinar las velas colocadas por la sala.

Jorge Marazu vuelve a Babel de Torre para conquistarla

Vale, quizás es un juego de palabras un tanto rebuscado, pero no exagero un ápice: Jorge Marazu conquistó la sala Babel la noche del viernes 18 de marzo. Bueno, para ser más exactos, conquistó los corazones de todos cuantos nos reunimos allí para verle y oírle cantar tan bonito.

La sala Babel fue un gran descubrimiento el diciembre pasado. Teniéndola a cinco minutos de casa, no me perdono haber tardado tanto en conocerla. Mi primera vez allí fue con motivo de un maravilloso homenaje a Antonio Vega, en el que también participó Jorge Marazu, nuestro protagonista de hoy. Es una sala muy acogedora e ideal para conciertos íntimos. La acústica de la sala es muy buena y, además, los asientos son unos sillones la mar de cómodos. Vamos, como en casa. Y que te canten.

Me encanta tener los conciertos al lado de casa. En serio. Para mí, que vivo a más de 20km de Madrid, llegar en 5 minutos de reloj a la sala en cuestión es todo un lujo. Si no fuera porque el ajetreo de las grandes ciudades sólo me gusta para pasearlo un rato, me iría a vivir a la calle Galileo o a Libertad, cuyos emblemáticos emplazamientos son, al fin y al cabo, los que más visito (varias veces al mes cada uno).

Pero volvamos al tema que nos ocupa, que es Jorge Marazu. Desde que le vi en directo el pasado 24 de enero en el café Libertad 8, tenía muchas ganas de volver a un concierto suyo. La cita no se haría esperar: tendría lugar en la citada sala Babel el viernes 18 de marzo.

Jorge Marazu empezó el concierto con la canción Hiroshima, primer corte de su último trabajo discográfico, Escandinavia, hablando de emplazamientos (había que hilarlo de alguna manera).

La segunda canción de la noche fue La felicidad, de su anterior disco, La Colección de Relojes. Y creo que un concierto es, para mí, lo más parecido a ella, a la felicidad. Pues así, yendo de disco a disco e, incluso, colando alguna que otra canción inédita en el repertorio, se nos pasó la noche demasiado rápido. Además de emocionarnos muchísimo con todas las canciones que cantó Jorge Marazu, cuyos discos cada vez me gustan más (aunque él diga que no los tengo), también nos reímos mucho con el músico abulense entre canción y canción. Y entre risas y emociones a flor de piel, como digo, se nos pasó el concierto en un pestañeo.

Aparte de una canción nueva (la otra sí, je, je), las canciones que no había vivido en directo el pasado 24 de enero en Libertad 8 fueron: Media vueltaTu fiebreEl valiente DesperauxTocado y hundido (estas dos últimas, con la colaboración al piano de Mario Díaz Bermejo) y una versión de un fragmento del Te quiero, te quiero de Nino Bravo.

Como podrás imaginarte (o puedes ver en esta lista de reproducción), fue un concierto bastante diferente al primero que viví yo de él. Me encanta no saber qué me voy a encontrar cuando voy a un concierto y que me sorprendan, lo cual es difícil, pues voy a un montón de ellos. Sólo espero que en el siguiente me toque Intergaláctica, una de mis canciones favoritas de Escandinavia.

La voz de Marazu, acertando siempre con la melodía perfecta, nos transportó a otro lugar por una hora y media aproximadamente, a otro lugar mucho más cálido que Escandinavia.

Cada concierto es distinto, eso está claro, pero la cercanía de un concierto acústico tan íntimo es algo que me encanta; es como si en una reunión de amigos alrededor de una hoguera en una playa, pongamos, uno de ellos coge una guitarra y ameniza la noche con canciones que todos saben, que a todos gustan. En este caso, no obstante, no nos atrevimos a cantar demasiado alto, por el respeto que impone la sala Babel, dejamos que Jorge Marazu se luciera, y ¡cómo luce! ¡Cuánto brilla! Fue una noche preciosa.

De todas las canciones que cantó, me quedo para destacar en este post con Tocado y hundido por varias razones: primero, porque no la tocó en el primer concierto suyo al que fui y las novedades siempre molan; segundo, porque es otra de mis canciones favoritas de Escandinavia (en realidad, me encanta todo el disco, pero bueno, lo de las favoritas siempre tiene gancho); tercero, porque me gustó mucho el sonido a voz, guitarra y piano; y, por último, porque me apetece.

 

 

Jorge Marazu fue, tras el concierto-homenaje a Antonio Vega, mi segundo propósito de Año Nuevo para este 2016 y me están gustando mucho sus directos (y su música, claro está), como me pasa con Txetxu Altube, mi primer propósito. No sé qué pasará cuando vaya, al fin, a ver a Fabián, mi tercer propósito, pero creo que no voy a tener días para ir a tantos conciertos.

No sé qué tiene la música en directo, pero me tiene totalmente enganchada. Y este chico abulense tan talentoso y simpático, y su música, tan mágica y diferente, me tienen especialmente atrapada. Y que dure muchos años, por favor, que ojalá nunca pierda la capacidad de emocionarme en un concierto.

Por cierto, no lo dije, pero lo digo ahora: durante este concierto también estuve muy, pero que muy bien acompañada.

Ya te contaré si al final Jorge Marazu «me» cantó Intergaláctica o no hace dos días, aunque si te das una vuelta por mi canal de YouTube, probablemente ya podrás saberlo. 😉

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