Mi vida de gira

Javier Ruibal en Galileo Galilei

Como el otoño este año no entra oficialmente hasta el 22 de septiembre, podemos decir que éste no fue sino el penúltimo concierto del verano. Aún me quedaba otro en el límite estacional, pero, entiéndeme, había que estirar el estío. Sin más dilación, hoy te cuento mi experiencia en el concierto de Javier Ruibal el pasado 16 de septiembre en casa Galileo. Sin duda, un espectáculo muy distinto a los que estoy acostumbrada.

Javier Ruibal en Galileo Galilei

 

Conociendo la música de Javier Ruibal

Tengo que confesarlo: iba totalmente a ciegas al concierto. O, mejor dicho, «a sordas». Nunca había escuchado nada de Javier Ruibal antes. Y, si bien es cierto que había escuchado/leído su nombre en más de una ocasión, iba dispuesta a dejarme sorprender.

De hecho, de un tiempo a esta parte, cualquier concierto me parece una buena forma de pasar el tiempo (y de alimentar este blog). Cualquier descubrimiento es bienvenido. Y es que yo siempre ando en busca de la frase que llegue al alma, de la melodía perfecta, de la canción que no me deje indiferente. Y si algo no me dejó Javier Ruibal la noche del 16 de septiembre en Galileo Galilei fue indiferente.

Comienzo del espectáculo

Me alegró mucho volver a casa Galileo y ver a mis amigos. También me hizo mucha ilusión que, como siempre últimamente, tenía «mi» mesa reservada para la ocasión. Así que ocupé mi sitio y acompañada por una cerveza fresquita, preparé todo y me dispuse a disfrutar del espectáculo.

Estaba expectante. Y ahí salió Javier Ruibal, todo vestido de blanco impoluto, cogió su guitarra, la afinó, habló un poquito y empezó a deleitarnos con Lejos del marSueño que te sueñoTu vida en prenda. He de confesar que me estaba gustando mucho lo que estaba descubriendo. No sin dejar de ruborizarme por admitir que lo estaba escuchando por primera vez en 2016, pero ya sabes que yo suelo escuchar un tipo de música muy distinta.

Desde cantautores al pop de los Beatles, pasando por el country de Bob Dylan y muchos estilos más, pero nunca me había dado por irme hacia un estilo algo más aflamencado, por decirlo de alguna manera.

No obstante, me estaba gustando mucho lo que estaba viendo, escuchando y, en definitiva, sintiendo. Menos mal que oigo campanas y me lanzo sin dudar a escuchar nuevas cosas, sin importarme cuál será el resultado.

Acompañando a Javier Ruibal

Entonces, el gaditano invitó a Diego Villegas al escenario, que le acompañó con la armónica en Tu piloto cariñoso. Después, se les unió Munir Hossn al bajo. Villegas se hizo entonces con la flauta travesera y juntos interpretaron La playa de la mulata. Y otra vez la armónica, pero siguieron los tres sobre el escenario en Un ave del paraíso.

 

 

Entonces, Diego Villegas abandonó el escenario. El español y el brasileño, Ruibal y Hossn interpretaron Si un ángel se desnuda. Fue entonces Hossn el que abandonó el escenario, para volver Villegas a él, exclamando: «Y ahora, ¿qué hago yo?», elogiando la brillante ejecución al bajo de su compañero. No menos brillante fue, sin embargo, su acompañamiento a la armónica durante Viñera de Postín.

De nuevo, los tres músicos sobre el escenario llenaron de color una noche cualquiera de viernes, tocando Quédate conmigo.

Entonces, hacia la mitad del espectáculo, Javier Ruibal anunció un breve descanso, como una obra de teatro entre actos.

Segunda parte del concierto

Pasados 10 minutos, los tres músicos reaparecieron sobre el escenario, Javier Ruibal a la guitarra clásica, Munir Hossn al bajo y Diego Villegas jugando entre armónica, flauta y, de momento, clarinete.

Y así les pusieron notas a Frágil (una maravillosa versión del Fragile de Sting), Tu  nombreAuroraLa reina de ÁfricaY la noche afueraEl náufrago del Sáhara… ¿Era normal que me lo estuviera pasando tan bien? Ya había pasado más de una hora y media desde el inicio del concierto y se me había hecho muy corto.

Y yo que pensaba que estaría a punto de acabar, pero no… aún quedaban GuárdameBesos en abrilLa rosa azul de AlejandríaLa gloria de Manhattan. En ésta última, por si fueran pocos instrumentos de viento, Diego Villegas nos deleitó con el delicioso sonido de su saxofón.

Y, entonces, vino mi momento favorito de la noche: Cine Macario. No es que conociera la canción de antes, ya te dije que no, pero me encantó que la ambientaran melódicamente, recreando algunas de las bandas sonoras de algunas de las películas más emblemáticas, como El Golpe (sí, tararearon The Entertainer). Pero el momento que más me gustó fue cuando Villegas tocó la melodía de El Padrino. ¿Cómo no me iba a gustar, si es mi tono de llamada? ¡Qué gran película!

 

 

Bises y todo

Eran las 23:40 de la noche. El concierto había empezado puntual a las 21:30. Cuando los músicos se despidieron, pensé que no volverían. ¡Habíamos disfrutado de dos horas de concierto! ¿Qué más podíamos pedir? Pero nadie se movió. El público aplaudió, dio palmas y Javier Ruibal reapareció en escena.

Cantó solo A Morente y se la dedicó a su amigo y colega. Después, se volvieron a unir a él Hossn y Villegas, para ponerle punto y seguido a la noche con Isla Mujeres.

Y así terminó el concierto, poco antes de la medianoche. Pásate por aquí para ver la lista de reproducción de todo el concierto.

Y cual Cenicienta, me marché a casa, con la sonrisa inevitable de haber disfrutado mucho, de haber vuelto a ver a mis amigos, de haber vuelto a casa. No falta mucho para la próxima.

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