Mi vida de gira

Iván Ferreiro y mi vuelta a la adolescencia

Tengo muchísimas ganas de contar cositas del concierto de Funambulista el pasado miércoles 4 en Galileo Galilei y, a este paso, se me va a juntar con el de Marwan de este sábado en La Riviera, pero es que tengo otro del que escribir: el de Iván Ferreiro, también en Galileo (no trabajo para la sala ni nada, ¿eh?), el pasado 21 de mayo.

Iván Ferreiro en Galileo Galilei

Cuando hablo de Iván Ferreiro y, más concretamente, de Los Piratas, la primera imagen que se me viene a la cabeza es un recuerdo de aquellas tardes de verano con el ordenador de uno de mis hermanos (yo no tenía), donde lo único que sonaba de fondo era dicho grupo vigués. Aquel verano también escuché hasta la saciedad su primer LP en solitario, Canciones para el Tiempo y la Distancia, y, de éste, Turnedo era la canción protagonista de aquellos días. Por eso es que, para mí, decir «Ferreiro» es decir verano y adolescencia. Si bien es cierto que escuché todos los discos que vinieron después de ése, no les presté la atención merecida y le perdí la pista al gallego, aunque nunca dejé de escuchar sus canciones.

Volviendo al presente o, mejor dicho, al 21 de mayo, voy a hacer una distinción personal e injusta y voy a dividir el concierto en dos partes: durante la primera (unas tres cuartas partes del espectáculo), apenas conocía alguna canción, por lo que fui una mera espectadora (aunque también filmé algún que otro tema). Me gustó mucho lo que vi: un Ferreiro elegante, con una sonrisa amable y radiante, unas letras impecables y su característica voz, cargada de dulzura y dureza a partes iguales. Fui testigo de un espectáculo, como su protagonista, brillante y con muchísima personalidad.

Y entonces llegó la última parte del recital, ésa durante la cual tomé parte activa del mismo y vibré de emoción y nostalgia con cada canción. Esta parte se identifica más conmigo y con cómo vivo yo los conciertos, que es justamente así: viviéndolos. Algo antes, El viaje de Chihiro; y, en la recta final, Promesas que no valen nada/Insurrección, Años 80, El equilibrio es imposible y, para finalizar, Turnedo. Así se llaman todas y cada una de las culpables que aquella noche de miércoles me hicieron volver a sentir mis diecisiete años.

Ahora estoy más de acuerdo que nunca con algo que un amigo me dijo una vez, algo así como que uno siempre vuelve a la música que le gustaba a los catorce años. Y quien dice catorce dice quince, dieciséis o diecisiete, ¿por qué no? Todas las canciones de esa época mía (también Los Rodríguez, Andrés Calamaro, Coti, muchísimo rock argentino, Beatles, Serrat, Silvio, Aute, Sabina y un larguísimo etcétera) quedarán siempre grabadas a fuego en mi memoria y cada vez que las vuelva a escuchar volverán a despertar algo en lo más profundo de mis emociones.

Me encantó el concierto. Tanto es así que el próximo 27 de junio vuelvo a salir a la carretera (¡después de meses!) para ver a este as y a otro grande, Leiva, juntos en Zamora. También, por supuesto, para reencontrarme con grandes amigos, de ésos que la música ha ido poniendo en mi camino. Te contaré.

Mientras tanto, te dejo un vídeo de aquella maravillosa noche. Espero que te guste tanto como a mí haberlo vivido. Es verdad que yo no encuentro ninguna dificultad para emocionarme, tantas veces hasta las lágrimas, pero dime tú si no se te ponen los pelos de punta con esa Insurrección a 500 voces:

 

 

Aquí puedes ver todos los vídeos que grabé esa noche.

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