Mi vida de gira

Ismael Serrano: La Llamada en el Teatro Nuevo Apolo

No vuelvo al Teatro Nuevo Apolo. Ni aunque reviviera John Lennon y tocara allí. Bueno, en ese caso creo que sí que volvería. Je. Pero, en serio, no vuelvo. Ya lo entenderás. El caso es que hoy te voy a contar el concierto de Ismael Serrano en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid. Fue el pasado 3 de octubre y es uno de los conciertos visualmente más bonitos en los que he estado, si no el que más. Y te prometo que es el último post de la semana. Je.

Ismael Serrano en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid

 

Llegando con el tiempo justo

Primer lunes de octubre, creo recordar que llovía, aunque no podría asegurarlo. Pero si me aventuré a predecir que iba a haber mucho tráfico de entrada a Madrid. Por eso, después de mi clase de guitarra salí pitando de casa. Iba tan rápido que tuve que volver sobre mis pasos para despedir al profe en la puerta de casa (que ya me iba sin decir «adiós»). Ésas eran mis prisas.

Llegué a Tirso de Molina y «tiré» el coche en un parking cercano.

–¿Cuánto tiempo va a estar?– me preguntaron en el parking.
–Voy a un concierto en el Apolo, así que calculo que un par de horas.

Entonces, el hombre que me había preguntado, me miró e hizo un gesto de apremio mientras daba golpecitos con el índice en su reloj de pulsera:

–¡Llegas tarde! Empieza a las ocho y media.

Eran y 33. Así que fui todo lo rápido que pude. Cuando mostré mi entrada en la puerta, la chica que me atendió dijo:

–Empezamos ya.

¡Entre todos me estaban poniendo muy nerviosa! Pero no, no es por eso por lo que no vuelvo al Nuevo Apolo… En cuanto me acomodé en mi butaca, se escuchó por los altavoces:

El concierto va a comenzar. Disfruten del espectáculo.

También se dijo algo de grabar o algo así, pero de eso no me acuerdo. 😛

Ismael Serrano. La Llamada. Teatro Nuevo Apolo

Y ya de entrada ganó toda mi emoción Ismael Serrano. ¿Cómo no iba a hacerlo, con semejante homenaje a mi admirado Luis Eduardo Aute? Pues sí, empezó el concierto cantando Las cuatro y diez, del de Manila.

 

 

Jolín. Qué bonito. Además, una de mis favoritas de Aute, sin lugar a dudas. Aunque no fue la única versión de la noche.

El porqué de mi cabreo

No tengo muchos más vídeos que enseñarte de aquella bonita noche. Y aquí es donde viene la movida. Yo estaba grabando, como siempre. Que vale, que no se puede, pero de un tiempo a esta parte, no te dicen nada. Es más: te dejan. Les conviene, ¿no? Hasta te instan a grabar y a «ponerlo en el Facebook».

Entonces, digo yo, ¿a qué viene que un colega muy grandote y vestido de negro me mirara amenazante desde el lateral? Ya le estaba yo viendo por el rabillo del ojo: para delante, para atrás, observándome. Seguro que hasta tardó en saber que estaba grabando. Yo trataba de ignorarle y de disfrutar del concierto de Ismael Serrano y de mi grabación. Pero es que su mirada no me dejaba en paz. Así que iba grabando a ratos.

Y, de repente, pasó. Una chica me tocó la espalda y, al girarme, el colega grandote empezó a gesticular. Lo que entendí de sus aspavientos de simio neandertal es que si seguía filmando, me largaba.

Y, vaya, que me tuvo todo el concierto acongojadita. Y cabreada, muy cabreada. Pues anda que no veía yo luces de pantallas en todo el patio de butacas. Grabando, grabando pero bien. Y nada, oye, que el simio no se movía de mi vera. Vamos, es que no me atreví ni a hacer más que tres fotos. Y tapando el móvil cuanto podía.

Y sentí mucha impotencia. La misma que durante el concierto de Paco Ibáñez en el mismo recinto. Aunque esa vez la que no me dejaba filmar era una señora que tenía sentada al lado porque le molestaba la «lucecita».

Vamos, que no vuelvo.

Tres horas de concierto

Pero centrémonos en lo importante: Ismael Serrano y su concierto. Ha pasado más de un mes y no recuerdo los detalles, ni siquiera todas las canciones que cantó, ni el orden. Y, claro, como no tengo vídeos para contrastar la información de mis difusos recuerdos…

Lo que sí recuerdo es que fue uno de los conciertos más largos de mi vida. Yo pensaba que, empezando a las 20:30, estaría pronto en casa. ¡Tres horas duró el concierto! A las 23:30 salía del teatro. Sí, la noche dio para mucho.

Delicia visual

Lo que sí recuerdo con nitidez es la preciosidad del juego de luces, proyecciones y la magnífica escenografía. No fue sólo un concierto, fue todo un espectáculo visual. Para muestra, sirva la foto que adorna este post (arriba). No podía quitar los ojos de la pantalla que separaba a Ismael Serrano y a sus músicos del público.

Al principio, de hecho, me pareció un poco impersonal que apareciera esa especie de telón semitraslúcido. Pero en cuanto empecé a ver para qué estaba, quedé maravillada. No sólo nos cantaban cuentos, sino que nos los ilustraban. De lo más bonito que he visto en un concierto.

Algunas canciones

Como digo, casi no recuerdo nada del repertorio (creo que me llamó tanto la atención lo visual, que ni siquiera escuchaba más que «de fondo»). Además, ha pasado un mes y medio y de entonces a hoy también he ido a bastantes conciertos más. ¿Ves? Otra razón por la que grabo es para que no me traicione la memoria.

El caso es que recuerdo que Serrano también versionó a Silvio, y creo que fue con Ojalá. Recuerdo que también cantó una canción para su hija, entre el respetable, de una autora de canciones infantiles. ¿Puede ser? Si fuiste y lo recuerdas, corrígeme, por favor.

Recuerdo Sucede que a veces, recuerdo La llamada, con participación de parte del público sobre el escenario. Y recuerdo terminar todo el teatro en pie con Papá, cuéntame otra vez.

Te mentiría si te dijera que me acuerdo de más que de eso. Bueno, sí, recuerdo que las primeras canciones escuchábamos fatal a Ismael Serrano. Y así estuvimos hasta que consiguió cambiar el micro por otro.

Aquí te dejo los pocos vídeos que pude hacer aquella noche. Espero que los disfrutes.

Me parece muy triste no acordarme de casi nada de un concierto que me gustó tanto. Y por eso grabo, para que no se me olviden ni se me mezclen unos con otros. Y por eso no voy a volver allí a donde no me dejen seguir inmortalizando mis maravillosos recuerdos.

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