Mi vida de gira

Duende Josele: Yo iba a llevar roscón y acabé en un concierto

Ya me iba tocando volver al blog, aunque esta vez no he dejado pasar tanto tiempo como la anterior. Y aunque mi vida conciertil se haya reducido considerablemente con respecto al año pasado, no me termino de poner al día. Y yo que creía que los números eran infinitos… está claro que no en el reloj. Hoy te voy a contar, más por anecdótico que actual, el concierto de Duende Josele en casa Galileo el pasado 7 de enero.

Duende Josele en Galileo Galilei en concierto

Lo del roscón es cierto

Pues sí. Aquel 7 de enero no pretendía desvirgar mi 2017 en materia de conciertos. No todavía. Lo que sí quise hacer fue llevar unos roscones (riquísimos, comprados en The Knife, Arturo Soria) a mis casas conciertiles, sitas en las calles Galileo y Libertad. Es lo que tiene que me acojan tan bien. Es lo que tiene estar en casa.

Total, que yo creía que volvía a casa para cenar. ¡Ja! Primera parada: casa Galileo. Me tomo un refresco con ellos mientras disfrutan del roscón y… Domingo me convence para quedarme al concierto de esa noche.

—Pero ¡si no sé ni de quién es!
—Que sí, que te va a gustar, que están Lichis, Nacho Campillo…

Y, de repente, veo aparecer a Luis Pastor con una mano escayolada, acercándose a la barra, saludando y felicitando el año a todos, yo incluida. A Pedro, el hijo, le saludé yo.

—Bueno, pues me quedo. Voy a llevar el otro roscón a Libertad 8 y vuelvo…

Y así fue. Y yo, que estaba de vacaciones conciertiles, tuve una tarde-noche agitadita. De Galileo a Libertad, felicita el año, estate un rato, vuelve a Galileo justo para el concierto…

Y empezaron las gratas sorpresas: vi a unos amigos conciertiles en una mesa y me senté con ellos. Genial, ¡qué mejor que disfrutar un concierto en buena compañía!

A todo esto, yo seguía sin saber quién era Duende Josele, el protagonista del concierto.

Duende Josele: La Semilla en Galileo Galilei

Pero en cuanto empezó a cantar no me quedaron dudas. Tenía esa voz muy dentro desde hacía muchos años. Resulta que en primero de carrera (y durante varios años más) tuve un programa musical en la radio de la universidad. Durante ese primer curso lo compartía con una compañera y amiga cacereña. Un día, eligiendo la programación para aquella semana, ella propuso una canción desconocida para mí, un canto a su tierra. Macetas de colores, de El Desván del Duende, fue un amor a primera escucha. Aquello fue hace diez años y aún hoy me sigue encantando.

Y, por eso mismo, no tardé en reconocer su voz. Me dio pena saber que el grupo se había disuelto. Fue todo muy casual, pero lo cierto es que disfruté muchísimo del concierto.

¿La verdad? No conocía ninguna canción, pero ¿y qué? No fue ni mucho menos la primera vez que iba a un concierto sin saberme el repertorio del artista en cuestión. De hecho, considero que es en directo cuando se hacen los mejores descubrimientos musicales. Y, por eso mismo (y otros motivos), adoro los conciertos multitudinarios.

Además de las canciones, grata sorpresa fueron los versos sin música. Desde la genial presentación, en boca y tinta de Juanlu Mora, hasta el propio recital de Josele. Recordemos que estaba presentando un disco-libro. Y me encantaron todas esas palabras lanzadas al viento.

Invitados de lujo

Y por si la noche no estuviera siendo suficientemente bonita, la adornaron unos invitados de lujo para colorearla todavía un poco más. Lichis, Nacho Campillo y Muerdo se fueron subiendo al escenario (cada uno a su turno) para llenar la Galileo Galilei de sonrisas, de puro gozo.

Aunque mi momento favorito de la noche fue cuando salió al escenario la familia Pastor Guerra, llenando por completo el escenario y la sala, la atención y la emoción. Aquí puedes ver un resumen audiovisual que hice del concierto:

 

 

En definitiva, fue una noche genial que no estaba ni remotamente cerca de acabarse, pero esa crónica no tiene cabida aquí. ¿Qué puedo decir? Siempre hay que dejarse sorprender y más si es por la propia familia de quienes nos hacen sentir en casa. Larga vida a todos mis amigos galileos y a esa casa tan de todos.

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