Mi vida de gira

Cantautores recuerdan a Antonio Vega

El primer post de 2016 se lo quiero dedicar al último concierto al que fui en 2015: un precioso homenaje a Antonio Vega, que en paz descanse, el pasado 17 de diciembre, organizado y presentado por Santiago Alcanda y protagonizado por varios cantautores y amigos que le rindieron un hermoso homenaje.

Homenaje a Antonio Vega sala Babel Torrelodones

Antonio Vega y yo

He de reconocer que yo nunca he seguido a Antonio Vega. Sí me encantaban sus canciones, las que podía conocer por casualidad: Una décima de segundoEl sitio de mi recreo, Se dejaba llevar por tiLucha de gigantes… O, cómo no, La chica de ayer. Y le escuchaba de vez en cuando, pero no sé por qué, verle en la tele e incluso escucharle me producía una inmensa tristeza. Por eso, lo solía evitar.

Uno de mis primeros posts de Mi vida de gira está dedicado a Mercedes Sosa. En él, nombro un trabajo que hice en Cuarto de carrera en el que tenía que destacar las noticias, a mi juicio, más importantes de 2009 y redactar un breve editorial sobre cada una de ellas. Mi trabajo se tituló 9 (por aquello del año y ser un número con el que estaba obsesionado mi ídolo, John Lennon) y también porque mi elección se componía de 9 noticias destacadas de dicho año 2009. Una de estas noticias llevaba por título La muerte de la cultura; llamé así a este apartado porque 2009 fue un año en el que se nos fueron muchos artistas reconocidos de este ámbito: Mario Benedetti, Mercedes Sosa, Michael Jackson… Y, por supuesto, también dedicaba unas palabras en mi trabajo a Antonio Vega, quien también falleció aquel año. Por suerte, su arte sigue y seguirá con nosotros. La de todos ellos.

Hace ya unos cuantos meses, no recuerdo exactamente cuántos, mi tío A me regaló Tu Voz Entre Otras Mil, polémico documental sobre Antonio Vega. No recuerdo muy bien cómo había llegado a sus manos, pero inmediatamente pensó en mí. Nunca lo vi. Lo tenía guardado y precintado, con mi colección de CD. Sabía que me produciría mucha tristeza verlo, tanta como escuchar su música. Siempre le vi tan inteligente y me apenaba tanto cómo le veía…

Y, de repente, un concierto por sorpresa

El 17 de diciembre había sido un día atípico. Tras pasar la mañana entera en un hotel, asistiendo a un kick off de trabajo, con la consecuente comida de Navidad, yo me había marchado pronto por la tarde porque tenía cita con el traumatólogo en Torrelodones.

Después, vuelta a casa (por suerte, vivo a tan sólo cinco minutos en coche). Entré a la cocina, me senté a la mesa, me encendí un cigarro… y, en ese momento, me llegó un mensaje de mi querida K. Resulta que en un rato había un homenaje de varios cantautores a Antonio Vega en la sala Babel de Torrelodones (estaba tan cansada, que si hubiera sido más lejos, creo que no habría ido); me dijo que a último momento les sobró una entrada y como yo vivo cerca… Decidí reconciliarme con la imagen que tenía de él, de Antonio Vega, e ir bien acompañada por buenas amigas conciertiles a escucharle, aunque fuera en boca de otros; así que acepté la generosa oferta.

Y yo que creía que ya se me habían acabado los conciertos por lo que quedaba de año… pero la música y la amistad que crea aquélla me tenían preparada una bonita sorpresa. ¿Ves por qué nunca me canso de agradecerle a la vida que ponga a gente tan maravillosa en mi camino?

Como ya he dicho, vivo a cinco minutos de Torrelodones, así que me dio tiempo a descansar un poco antes de cambiarme e ir para allá. Llegué a la puerta de la sala Babel y a los pocos minutos aparecieron A, K y M, para luego convertirnos en un grupo más numeroso, con el que disfrutamos de una rica cerveza artesana antes de entrar en la sala. Y un sucedáneo de Nestea con extraños y potentes propiedades diuréticas, del que me acordaría toda la noche. No conocía la sala y me encantó. Utilizada no sólo para conciertos, sino también para talleres, cinefórums… Dispuesta de cómodos sillones negros y un gran proyector.

Ocupamos la primera fila. Yo ya estaba diciendo: «¡qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!», pero lo cierto es que no me moví de ahí. Hace mucho que prefiero pasar desapercibida, pero estábamos «en familia». El concierto iba a ser tan íntimo que merecía la pena vivirlo así.

Había velas que decoraban la sala y, en el fondo, sobre el proyector desplegado, una imagen de Antonio Vega en blanco y negro, mirándonos desde su enormidad.

Un homenaje precioso y emotivo

Santiago Alcanda inauguró la jornada dedicando unas palabras a su admirado amigo Antonio Vega y presentando lo que vendría a continuación: el visionado de una entrevista de Santiago Alcanda a Antonio Vega en Telemadrid en 1991. Vimos un fragmento de aquella genial entrevista, en la que Antonio Vega acariciaba algunos versos de sus canciones, lo que sirvió para ponernos en situación y emoción de lo que viviríamos aquella noche.

El primero en romper el hielo, musicalmente hablando, fue David Villanueva, músico y editor, que compartió barrio y amistad con Antonio Vega. En su voz y los acordes de su guitarra nos deleitó con el primer recuerdo al maestro, Enganchado a una señal de bus. Después de aquello e incitado por Santiago Alcanda, nos regaló una canción de su autoría llamada Viajero del tiempo. Pero como se trata de un homenaje, el primer vídeo que adjuntaré a esta crónica será el de la primera canción de Antonio en boca de otro de la que disfrutamos aquella noche:

 

 

El siguiente en salir al escenario fue Fabián, cantautor leonés que conocí apenas cinco días antes en el concierto de Andrés Suárez en León. De Vega, Fabián interpretó Seda y hierro, para después tocar un tema propio, como hizo David Villanueva, Herida y cicatriz. En ese momento, tomé la nota mental de escuchar a Fabián más detenidamente en casa. Propósito de año nuevo.

El tercero en discordia fue el cantautor abulense Jorge Marazu, con quien siempre he coincidido en varios conciertos multitudinarios, pero a quien, por unas cosas o por otras, nunca había visto actuar. Fue el primero que consiguió ponerme la emoción al borde de la lágrima con Una décima de segundo, una de mis canciones favoritas de Antonio Vega. Y como ya venía siendo costumbre, tocó y cantó para los allí presentes, dado el contexto familiar de la noche, una canción inédita que formará parte de su próximo disco. He de decir que Jorge Marazu también me causó una buenísima impresión y me quedé con ganas de ir a verlo a algún concierto suyo. Otro propósito para 2016, esperemos que se tercie la ocasión.

Desde que empezó el concierto, yo tenía unas ganas locas de ir al servicio, pero me daba vergüenza atravesar toda la sala (tendría que ir al local contiguo y la puerta que los comunicaba estaba cerrada), desde la primera fila hasta la calle, para luego hacer el camino inverso. Sin embargo, cuando Jorge Marazu abandonó el pequeño escenario y como ya no podía aguantar más, le dejé mi iPhone, a punto de quedarse sin batería, a A para que siguiera grabando. Por suerte, cuando volví (en paz) del servicio, un par de minutos después, no me había perdido ninguna canción.

Quien ya ocupaba el taburete central, al micrófono protagonista y con la guitarra preparada, era Nacho Béjar, músico madrileño que colaboró con Antonio Vega en múltiples ocasiones. De hecho, fue el único que nos tocó una canción de su autoría que, en realidad, conocíamos en la boca del propio Vega: Tuve que correr. Fue todo un honor, decía Béjar, que Antonio cantara un tema suyo. Después de éste, nos encandiló con Para bien y para mal:

 

 

Cuando Nacho Béjar abandonó el escenario, empecé a pasarlo mal. No, no tenía otra vez ganas de ir a hacer pis otra vez, a pesar del sucedáneo de Nestea. Esta vez, el motivo de mi intranquilidad fue la cada vez más agonizante batería de mi iPhone. Llegaba el momento de elegir, no podría filmar todas las intervenciones. La siguiente, casi eligió por mí.

Salió la joven cantante bonaerense Natalí Castillo a escena y se sentó al piano. Como desde donde estaba, tenía muy mal ángulo para grabarla en esa ubicación, decidí no grabar ya que no se vería nada y sería un desperdicio de batería. Lamenté no tener un recuerdo de aquello, pues hizo una interpretación muy bonita de Tesoros (gracias, querida A, por recordarme qué canción fue). Después volvió al micrófono central para cantar un tema propio a voz y guitarra, Primavera.

Entonces ocupó el escenario Txetxu Altube, otro de mis grandes conocidos en conciertos multitudinarios. Fue el primero en interpretar tres canciones. La primera, un poema de Antonio Gala al que Antonio Vega puso música, A trabajos forzados. Después, una propia: Días de vértigo. Para finalizar su intervención, cantó otra de Antonio, Mis dos amigos. Tras la bonita parte del concierto que protagonizó Txetxu Altube, me anoté mentalmente otro propósito de año nuevo: ir a un concierto suyo. Éste lo cumpliré muy pronto.

Cuando salió Andrés Suárez a escena, me quedaba menos del 10% de la batería, así que me resigné y me dije: «Hasta donde llegue». Pero se portó bien. Andrés quiso, a modo de homenaje, contar algo que nunca hubiera contado antes en ningún concierto, y resulta que la primera canción que compuso fue gracias a Antonio Vega, a raíz de una actuación suya que vio con 13 años en una cinta grabada por sus padres, mientras buscaba películas porno. Esa primera canción que escuchó de Antonio Vega y que tanto le marcó, la primera que interpretó aquel 17 de diciembre en la sala Babel de Torrelodones, fue Lucha de gigantes:

 

 

La siguiente canción que Antonio Vega interpretó en aquella actuación de la adolescencia de Suárez, la segunda que nos regaló, fue Se dejaba llevar por ti. Esta canción siempre me ha conmovido especialmente, y no pude sino emocionarme profundamente. Después de aquello, Andrés Suárez dijo que está de gira con algunos de sus músicos (Luismi Baladrón tocó con Antonio Vega) y terminó su actuación con otra preciosa canción de Antonio, No me iré mañana.

Un regalo increíble para un conmovedor final

Después de Andrés Suárez, salieron Carlos Vega y Rebeca Jiménez al escenario. El hermano del homenajeado dio un discurso emotivo en el que la familia de Antonio Vega decidió regalar a Santiago Alcanda la última guitarra que tocó Antonio. A Alcanda se le humedecieron los ojos y yo me puse a llorar de puro contagio. Fue un momento muy emotivo y hermoso, como lo estaba siendo todo el concierto.

Después, Rebeca Jiménez, con la voz quebrada por la emoción, contó una anécdota de un rodaje que compartió con Antonio Vega. Juntos, Rebeca y Carlos, interpretaron A medio camino. Justo al final de esta canción, la batería de mi iPhone no aguantó más e hizo que el dispositivo se apagara. Justo a tiempo, ni un segundo antes ni un segundo después de que acabara la canción. Bueno, para ser justa, diré que lo hizo un segundo después, con los primeros aplausos.

Lástima que no tuviera batería restante para capturar para siempre el siguiente y último momentazo de la noche: El sitio de mi recreo. Fue tan, pero tan bonito, que me gustaría haberlo revivido una y mil veces.

Después de su actuación, Carlos Vega dijo que le parecía fenomenal que lo hubiéramos grabado, pero que como no se lleva muy bien con las redes sociales, que no «le subiéramos» a ellas. Así que por respeto a su voluntad, no he subido ni subiré el vídeo de A medio camino. No obstante y salvo aquél, aquí puedes ver todos los momentos que pude capturar de aquella mágica noche de diciembre muy cerca de casa.

 

Al día siguiente, cuando llegué a casa por la noche, le quité el plástico al documental que me regaló mi tío A y lo vi en el salón de mi casa, con mi madre durmiendo en el sofá de al lado (aunque dice que se enteró de todo) y mi padre haciendo lo propio en su habitación. Así que sí: me reconcilié con Antonio, como siempre lo había estado con su maravillosa obra.

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