Mi vida de gira

Blaumut: sentir la música

Y así, con los deberes de verano,  hemos llegado a mi último concierto hasta la fecha: el de Blaumut el pasado 16 de junio en la sala Galileo Galilei de Madrid. Su primer concierto en Madrid. Y ¡qué honor haber estado! Ya lo dije en su día y lo repito y repetiré: la música no se entiende, la música se siente.

Concierto de Blaumut en Galileo Galilei, primera vez en Madrid

Éste es el post de todos los deberes de verano que más me apetecía escribir. Y no debería decirlo, pero es el que tiene un significado que trasciende al propio concierto, como el de Andrés Suárez, aunque en este caso no me refiero a la carga sentimental. Ya llegaremos a eso.

Mi frustración con Barcelona

Fue un verano de 2013, cuando pasé unos días en Barcelona. Lo de Barcelona es un decir porque he viajado unas siete veces en mi vida a Cataluña y de esas siete, cinco han sido a la provincia de Barcelona. Y digo provincia porque durante esas visitas he ido a: Esplugues de Llobregat, Sabadell, Cerdanyola del Vallés, Sant Cugat del Vallés, Manresa, Viladecans, El Pont de Vilomara, Rubí… pero lo que viene siendo el centro de Barcelona lo he pisado poco.

La primera vez que fui a Cataluña fue con el instituto en 2005 de viaje de fin de curso. Fuimos a Salou (Tarragona) y de ese viaje de cinco días, una mañana consistía en visitar la capital catalana. Recuerdo a duras penas el puerto y el Parc Güell. Recuerdo muy pocas cosas de aquella mañana, pero sí me acuerdo perfectamente de haber vuelto encantada. Encantada es poco. Barcelona me fascinó. Desde entonces he intentado volver y «turistear» por sus calles, pero todos mis intentos han sido en vano.

Te hago un resumen:

  • Diciembre de 2011. Un fin de semana. Del centro conocí el Palau Sant Jordi. Pasé el resto del tiempo en Sabadell.
  • Junio de 2012. Dos días. Del centro conocí el Palau de la Música, sus alrededores y un bar cercano llamado H3. No recuerdo si dormí en Sabadell o en Cerdanyola del Vallés.
  • Octubre de 2012. Dos días. No vi nada del centro. Pasé los días en Sant Cugat del Vallés y Manresa y dormí en Cerdanyola.
  • Julio de 2013. Mis amigas, ante mi explícita frustración, me llevaron por sorpresa al mirador del Turó de la Rovira. «¿Tú no querías ver Barcelona?». Me encantaron las vistas.
  • Julio de 2016. Un fin de semana. Madrid-Esplugues-Viladecans-El Pont de Vilomara-Rubí-Esplugues-Rubí-Viladecans-El Pont de Vilomara-Madrid. Pues eso.

Vamos, que no hay manera de pasear por sus calles. Espero, de verdad, que esta maldición se acabe pronto, porque no hay manera de visitar el centro del Barcelona.

Cómo conocí la música de Blaumut

Fue en el viaje de julio de 2013. Con tres de mis amigas barcelonesas, decidimos hacer un CD entre las cuatro con canciones elegidas por todas de manera equitativa. Creo recordar que casi todas eran de temática «Amistad». Sin embargo, uno de ellas eligió Bicicletes, de Blaumut, como una de sus canciones. Fue un gran acierto. Fue un amor a primera escucha.

Además, en ese viaje habíamos ido a una jam session a El Vendrell y me había quedado loca con Boig per tu, de SAU. Total, que de aquel viaje me volví con dos canciones en catalán en el coche. Y me las aprendí. Sin saber catalán, que tiene mucho mérito.

La verdad es que no me dio por escuchar más canciones, pero esa ya nunca abandonó mi repertorio. Y siempre era más que bien recibida cuando sonaba. Por eso, fue una grata sorpresa cuando vi el anuncio del concierto de Blaumut ¡en casa Galileo! De hecho, tenía planeada una escapada de fin de semana con una amiga para esos días y la cancelé. ¡Tenía que estar! Creo que mi amiga me lo ha perdonado.

El primer concierto de Blaumut en Madrid, en casa Galileo

¿Cómo me iba a perder semejante evento? Al final, por unas cosas y otras, llegué tarde al concierto, pero, afortunadamente, creo que sólo me perdí una canción. Canción y media, quizá.

Ya te digo que sólo conocía Bicicletes y, con la punta de los dedos, Pa amb oli i sal. Por lo tanto, el concierto fue todo novedad para mí. Todo novedad y todo un gustazo. Me encantó. De principio a fin. Me parecieron unos musicazos con unas canciones enormes que transmiten, en su mayoría, muchísimo buen rollo.

A Vassil Lambrinov, en ocasiones, no le hacía falta ni el arco para hacer sonar el violín. Le hago esta mención especial porque ya sabes de mi debilidad por los violines y su ejecución me pareció magistral. Pero todos, los cinco chicos de Blaumut merecen asimismo menciones especiales.

Y ya que era la que me sabía, otra mención especial a la versión al aire de Bicicletes, canción con la que cerraron el concierto, ubicados entre las mesas y rodeados por el animado público.

Después de disfrutar como una enana, pude hablar con todos ellos un poquito (y, oye, pedirles que me firmaran los discos) y, fíjate, me parecieron encantadores.

Tuve unas amables palabras con Xavi de la Iglesia (cantante y compositor); Vassil (violonista), a quien ya he mencionado; Oriol Aymat (violonchelista); Manuel Kaprovickas (bajo y contrabajo), con quien comenté nuestros orígenes comunes en el Gran Buenos Aires; y Manel Pedrós (baterista, percusionista, corista, productor y benjamín de Blaumut). Les prometí una visita a Barcelona a algún concierto y quién sabe si una entrevista. ¡Ojalá!

Me faltó perdirles una foto, pero, la verdad, con el calor que hacía y mi cara derritiéndose, no me pareció una buena opción. Lo que sí les pedí a todos ellos es que volvieran pronto a tocar en Madrid.

La música no se entiende: la música se siente

Así es. Ya lo afirmaba al principio del post: la música se siente. Lo de entenderla está sobrevalorado. Si muchas veces ni entendemos a quien habla en nuestra misma lengua. Además, ya sabes que yo siempre he sido más de crear puentes que muros. Por eso, el hecho de que los chicos de Blaumut hayan venido a Madrid a tocar y a mostrarnos su arte (tanto arte) me emociona profundamente, además de verle (o querer verle) un importante simbolismo. Las diferencias las crean otros. Y es un orgullo comprobar que hay gente que está por encima de eso.

Ojalá siga habiendo muchos más conciertos en catalán en Madrid. Y en gallego. Y en euskera. También en Toledo. Y en Ciudad Real. Y en León…

Por tanto, les agradezco enormemente a Blaumut que hayan venido, les animo a seguir haciéndolo y aplaudo a quienes les dan voz y espacio.

Para terminar con los deberes de verano, te dejo un vídeo-resumen del concierto:

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