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Balance 2017: durmiendo en la bañera

Este año llego un poco tarde con el balance, pero dentro de fecha. Espero que no interpretes el titular del post como que he tenido un mal año, pero es que estoy, literalmente, intentando dormir en la bañera mientras escribo estas líneas. He aquí mi balance 2017.

No es que mi pareja ronque ni nada por el estilo. ¡Por favor! Si aún vivo con mis padres y tengo mi propio cuarto. Por raro que te parezca, un baño calentito es el único analgésico eficiente cuando estoy en un punto de no retorno con mis malditas migrañas. Lo descubrí a mediados del año pasado y por eso este 2017 he pasado bastantes ratos tortuosos en remojo. Además de los baños que me doy por placer, todo sea dicho.

Pero bueno, entremos en materia:

Balance 2017: ni frío, ni calor, pero bien

La verdad es que no tengo mucho que contar. Después de haber leído mis balances de años anteriores, me he dado cuenta de que 2017 ha sido mi mejor año en mucho tiempo. Vale que en años anteriores no iba llorando por las esquinas de estos posts, pero es que a la hora de hacer balance soy muy optimista. Si en los anteriores periodos estaba en proceso de búsqueda de mí misma, puedo decir que en 2017 me he encontrado. Y como la vida es cambio, ahora estoy en otro proceso: el de mejorarme poco a poco, pero desde el amor propio.

Una vez que llega la aceptación positiva de una misma, toca hacer algunos ajustes. Y a día de hoy puedo decir que me enorgullezco de que cada día intento ser la mejor persona que puedo llegar a ser. Aunque algún día que otro se me tuerce, claro está, y sigo teniendo aspectos que mejorar. En realidad, yo nunca creí en personas buenas o malas, sino en actos. Y eso es lo que intento cada día: elegir hacer lo que me haga sentirme orgullosa de mí misma en cada momento.

Living in the material world

Bajando al plano más práctico, estoy bastante satisfecha con mi balance 2017: tengo un trabajo que me gusta y se me da bien, conservo relaciones que suman y tengo un plan de vida definido.

Y bajando a lo aún más superfluo, lo material, estreno coche nuevo (uno con el que por fin estoy a gusto de verdad) y móvil (tres años con el mismo es todo un récord para mí que espero superar). En cuanto al coche, estoy más que contenta de tenerlo financiado a cinco años y tener el seguro a mi nombre. A ver, no es que me haga muy feliz pagar una cuota al mes y una póliza al año, pero sí lo que hay de fondo: autonomía e independencia (¡ni siquiera necesité aval!). Ya ves, que me hago mayor. Snif.

Otra cosa que me ha pasado este año es que me he reencontrado con mi gran placer por la lectura. Y lo he reorientado hacia la historia y la política, sobre todo, que son temas de los que he estado muy pendiente a lo largo de 2017 (ya lo habrás notado). A ese interés mío también le he dado forma de involucramiento social, no sólo de lectura. Es importante darle sentido teórico y práctico a algo que nos afecta tanto a todoas.

Aunque también estoy retomando la lectura de la autobiografía de Harpo Marx, ¿eh? No todo va a ser política.

Está claro que el tiempo es limitado. Es cierto que este año he ido a muchos menos conciertos que en 2016, pero ese tiempo ha sido muy bien invertido en mí misma. 😊

También este año (especialmente a finales) le he dado un carácter más personal a mi canal de YouTube. Para no aburrirme y aburrirte con los conciertos, he decidido chupar cámara y contarte otras cosas, como aquí. Espero que esta iniciativa sea de tu agrado.

The big 3

Supongo que este año ha sido tan decisivo porque he cumplido 30 años. Parece una tontería, pero, psicológicamente, es pasar una línea (o una frontera, según Sui Generis en Canción para mi muerte).

Por eso, en este final de año, decidí cumplir un propósito de año viejo: reorganizar mi cuarto. Es algo que siempre he arrastrado desde pequeña. Vivía en un caos. El orden dentro del desorden y bla, bla, bla. Todo un desastre. Me desesperaba vivir así (aunque no lo haya parecido durante tres décadas, soy bastante ordenada y organizada). Así que este año me decidí a vivir en orden y conseguirlo antes de terminar 2017. Se juntaron varias circunstancias favorables: que mis padres decidieron pintar la casa y que una compi de trabajo me recomendó La Magia del Orden, de Marie Kondo. Falta hacer algún reajuste, pero ahora sí vivo en un espacio en el que estoy a gusto.

El tema del orden en mi habitación da para un post entero, que prometo para enero (¡con vídeo y todo!).

Propósitos a largo y corto plazo

Mi plan de vida (lo que viene siendo más a largo plazo) consta, básicamente, de dos grandes hitos: independizarme y ser madre múltiple, que es lo que más feliz me haría en el mundo. Para ello, lamentablemente, tengo que conseguir una solvente estabilidad económica (quiero VARIOS hijos). Así que mi mente está trabajando en ese pequeño inconveniente, el medio para mi fin.

Como metas más a corto plazo, lo que vendrían siendo mis propósitos de año nuevo, para este 2018 quiero:

  • Hacer dieta y volver a nadar (lo típico, ¿no?).
  • Sacar adelante el proyecto webístico que tenemos entre manos mi siamesa empresarial y yo (si necesitas una web, dame un silbidito 😉).
  • Poner orden a mi espacio digital (tal y como he hecho con el físico).
  • Seguir dando y recibiendo energía por los blogs y por las redes.
  • Avanzar en el «proyecto libro».
  • Volver a Barcelona (iba a ir en diciembre, pero un imprevisto de fuerza mayor me lo impidió) y abrazar a mi gente de allí.
  • Visitar alguna provincia española en la que aún no haya estado.

¡Ah! Y recomponer mi biblioteca musical. ¿Me ayudas? Te lo explico aquí:

Creo que soy demasiado ambiciosa. Propongo hacer una evaluación de propósitos a mitad de 2018 (un balancín, ji, ji). Si vieras la de listas que tengo de to do’s… Pero, eh, los voy tachando todos, aunque tarde. Todos los to-do’s. Je, je, je.

En fin, te dejo, que, como verás, el sueño me hace desvariar. Además, contándote mi balance 2017 se me han pasado las migrañas y el agua se me ha quedado fría. A ver si llego despierta a las uvas.

Desde la bañera, un abrazo enorme y los mejores deseos para 2018.

Tu amiga Beli.

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