Mi vida de gira

Andrés Suárez, Santiago y León, parte I: acústico

Tras unos días de reposar mi último viaje, de ponerme al día con los vídeos, inevitablemente acumulados, y de muchas horas de sueño atrasadas, vuelvo al blog con más cosas que contar que nunca: la primera, la crónica del concierto de Andrés Suárez en acústico en la sala Capitol de Santiago de Compostela, contando y cantando Mi Pequeña Historia.

Andrés Suárez en acústico en Santiago

Andrés Suárez: por fin en acústico

Tenía muchas ganas de volver a ver a Andrés Suárez en acústico, pues ya lo echaba de menos, después de tantos meses. Vale, me has pillado: el pasado 27 de noviembre volví a disfrutar del acústico del gallego en Valladolid. Pero aunque fue un concierto precioso y más largo de lo que esperaba, al ser promocional, duró sólo una hora y me dejó con muchas, muchas ganas de más.

Tampoco cuenta el acústico del Náutico, donde ya sabes que me cabreé un montón porque la gente no paraba de hablar y no me dejaba escuchar a Andrés Suárez.

Por eso, desde el pasado 25 de junio en Galileo Galilei, no disfrutaba de un concierto acústico del gallego en condiciones.

 

10 de diciembre: Santiago y la sala Capitol

Como decía, el pasado 10 de diciembre S y yo pusimos rumbo a Santiago de Compostela para encontrarnos con Andrés Suárez, su pequeña historia y su música, que después del gran concierto que dio el pasado 1 de diciembre con el bandón en la sala Joy Eslava de Madrid, nos habíamos quedado con ganas de más de nuestro querido gallego.

Llegamos a Santiago pasadas las 15h, hicimos check-in, comimos en el hotel y por un rato dudé en asistir al concierto, pues estaba muy mareada (consecuencias de la contractura cervical que padezco desde hace algo más de un mes). Por suerte, se me pasó tras descansar un poco y beber bastante agua. Lo primero que me sacó una gran sonrisa fue el cielo despejado y el sol con los que siempre me recibe Galicia.

Sol en Santiago de compostela

 

Una vez listas, cogimos un taxi a la sala Capitol y ya en la cola, nos enteramos de que había dos plantas y que en la de arriba podríamos sentarnos; miré a S con cara de poshito mojado y así decidimos dónde nos ubicaríamos para disfrutar del acústico de Andrés Suárez. Hace ya muchos conciertos que busco la comodidad… Me estoy haciendo mayor.

Entramos en la sala y mientras la gente corría para ocupar un sitio cerca del escenario, S y yo nos fuimos a la planta de arriba, que tenía una pequeña pista con una barandilla protegida por gruesas láminas de cristal. En los laterales, había una especie de balconcitos circulares, cada uno de ellos con una pequeña mesita cuadrada negra de plástico. Donde terminaba la pequeña pista, comenzaba una estructura escalonada de tres alturas, con puffs cuadrados negros y más mesitas cuadradas. Al principio, decidimos sentarnos en los sillones más centrados del escalón superior, para apoyar la espalda en la pared (al otro lado, una barra y los baños, de lujo). Después, pensamos que si la gente se ponía de pie en la pista, no veríamos nada; así que nos pusimos en uno de los balcones, que llamé «palquitos».

Cuando la planta de arriba se llenó de gente, nadie ocupó el centro, la minipista, para no tapar la visión de los que estaban sentados en los escalones superiores. Me encantó esa muestra de respeto hacia el resto del público. Eso sí, las chicas que se pusieron detrás de nosotras en «nuestro palco» no fueron muy respetuosas auditivamente hablando (debe ser que a los gallegos les gusta hablar en los conciertos); pero como ya tengo entrenado el «shhh»…

 

El mejor concierto del triplete gallego-leonés

Andrés Suárez salió a escena con su guitarra y comenzó el concierto con Vuelve. Con la primera canción ya se evidenció la entrega del público y, con ella, lo precioso que iba a ser el concierto. Y Así fue que vino la segunda canción de la noche, mágica noche compostelana de diciembre. Desde nuestro palco, teníamos una perspectiva perfecta de lo grande que era la sala y lo llena que estaba. Es otra manera de disfrutar un concierto, una manera perfecta: sentadas, desde arriba, disfrutando de la entrega de la gente, con una rica Estrella Galicia en mano… De lujo. Y así llegó No saben de ti, tercer regalo de la noche.

 

 

Y entonces le llegó el turno a la primera sorpresa de la noche, todo un clásico entre las canciones inéditas de Andrés Suárez: Tal vez te acuerdes de mí. Después, la canción que me hizo volver a llorar en un concierto del gallego, cuando aún era también inédita: Una noche de verano, para dejar paso a mi primer amor de Mi Pequeña Historia, la historia de una hippie que no sabemos si escuchó la canción, la Pequeña historia de Marina.

Cuando todavía no habíamos llegado al ecuador del concierto, Andrés Suárez tocó y cantó una parte imprescindible de sus conciertos acústicos: Luz de Pregonda, juego de micros, voces, sonidos, versos de So payaso y, para terminar, una emotiva Voy a volver a quererte, a voz y piano.

Andrés Suárez todavía sabe sorprenderme

Con la emoción en los ojos y en la piel, llegaron las dos grandes sorpresas de la noche. Cuando Andrés Suárez empezó a hablar de Buena Fe, La Habana, el malecón… Supe que nos regalaría Volar sin ti. Y me emocioné mucho, como en mi segundo concierto suyo, en junio de 2012 en Galileo, cuando cantó Cuba, una preciosa canción que nunca volví a vivir en directo.

Primero, me emocioné porque nunca había escuchado esa canción, o eso creía. Sabía de su existencia, por supuesto, pero por H o por B nunca me había parado a escucharla. Segundo, porque el discurso de Andrés, ambientado en La Habana, hablando de Buena Fe, me puso algo nostálgica.

Mi primer viaje a Cuba fue en agosto o septiembre de 2001. Me encantó La Habana, su malecón, su gente y su música. Volvimos cargados de música de Moneda Dura y Buena Fe (la de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés ya la teníamos toda). Después de ése, vinieron dos viajes más. En el último, en 2009, tuvimos la oportunidad de ver a Buena Fe en directo en Varadero y desde entonces, su nueva música, la nueva trova cubana, viaja siempre conmigo. Es más que probable que haya escuchado Volar sin ti más de una vez sin saberlo. Cuando, en mi primer concierto de Andrés Suárez, el 10 de febrero de 2012, apareció Israel, vocalista de Buena Fe, en escena, me sorprendió y encantó a partes iguales.

Pues me encantó y emocionó profundamente. Me refiero a Volar sin ti. No sé si fue amor a primera escucha, pero en cuanto a mi conciencia respecta, así fue.

 

 

Cuando todavía no me había repuesto de la sorpresa, el gallego decidió estrenar canción. No cabía en mí de emoción, hacía tanto que no vivía algo así… Y supe que el viaje no había sido un error. Desde mi ventana, dijo el gallego que se llamaría, para al día siguiente convertirse en Desde una ventana (dice que le ponemos varios títulos en Yotoobe, pero ni él mismo se aclara).

Ése fue, según Andrés Suárez, el momento cucharita del concierto. Una bella canción escrita del tirón, sin tachar nada, como le gustan al gallego, aunque tal vez a su padre no le guste tanto que quemara el coche por ir en segunda a noventa.

 

 

Reponiéndonos de la sorpresa, no tanto de la emoción

Y si en la Joy Eslava lloré con Rosa y Manuel, no fue nada comparado con lo que me pasó en la Capitol. Tal vez la calma, la perspectiva que tenía, el disfrute sosegado del concierto en la distancia… No sé qué fue, pero volví a acordarme de Pablo y de mi abuela y la llantina que me entró fue tremenda.

Y aunque se me secaron los ojos, la emoción sigo vibrando en mi cuerpo con las coreadas Más de un 36, Si llueve en Sevilla y la hermosa y emotiva Te doy media noche.

 

 

Andrés Suárez se fue del escenario dejando los ánimos por las nubes con Números cardinales.

Un gran final para un gran concierto

Los coros de «otra, otra» no se hicieron esperar. Tampoco el gallego, que regresó enseguida e hizo sonar, para seguir sorprendiéndonos, Negra sombra. Esta preciosa canción ya la viví en directo de la mano del propio Andrés Suárez y Miguel Sueiras, al saxo, en agosto de 2014 en Cedeira, pero siempre es grato dejarse sorprender. Estas cosas sólo pasan en mi amada Galicia.

 

 

Con No te quiero tanto y 320 días (o Hace un año, ¿ves como ni él mismo se aclara con los títulos?) ya empecé a ser consciente de que todo se acababa: un concierto precioso y diferente.

Pero al gallego le quedaba un último as en la manga que nos dejaría con la boca abierta: el mismo Perdón por los bailes que tanto disfruté en Valladolid hace menos de un mes, pero con la diferencia de la participación del público, que lo hizo todo aún más especial.

 

 

Y, como siempre, haciendo clic aquí, podrás ver la lista de reproducción con todos los vídeos del concierto. ¡Que los disfrutes!

Seguimos en Santiago… ¿Seguro?

Después del concierto y otra cerveza, y ya que al día siguiente seguiríamos en Santiago, quisimos vivir la noche compostelana, pero descubrimos por nosotras mismas lo que Andrés dijo en una entrevista de que Santiago ya no es lo que era (tenemos la suerte de no poder compararlo).

Tras dar unas cuantas vueltas, decidimos irnos al hotel a dormir, ya que al día siguiente nos esperaba un largo día de turismo y un segundo concierto compostelano, esta vez acompañado por el bandón, en el Palacio de Congresos de Santiago de Compostela. Otra raya más al tigre que pronto te contaré.

Bendito Andrés Suárez. Bendita Santiago. Bendita Galicia.

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