Mi vida de gira

Andrés Suárez y el Palacio de los Deportes: «FIN» de Mi Pequeña Historia

Después de más de un mes, vuelvo por aquí para tratar de ponerle palabras al concierto de Andrés Suárez en el Palacio de los Deportes de Madrid. Aun siendo consciente de lo difícil que es, lo intentaré. El pasado 4 de noviembre, Andrés y su bandón fueron los responsables de que llorara como nunca antes en mi vida en un concierto. Seguimos.

Andrés Suárez en el Palacio de los Deportes de Madrid

 

Crónica de una vuelta

Ya sé que tengo abandonado el blog desde hace más de un mes y pronto te explicaré por qué, pero hoy no es el día. Ya te contaré las crónicas que tengo pendientes y entenderás todo, pero ahora quiero dedicarle este post por completo al concierto más emocionante que viví en mi vida (en cuál si no). Así que, sin más dilación, voy a intentar ponerle palabras.

 

Andrés Suárez y el bandón en el Palacio de los Deportes de Madrid

Era una cita esperada. Muy esperada. ¿Qué te voy a decir? Me compré la entrada el 23 de diciembre de 2015. Sí, sí, casi un año antes. He tenido que consultar mi cuenta de email para comprobarlo. Y, entonces, me dolió en el bolsillo lo que me gasté, aunque sabía que merecería la pena. No, lo cierto es que no tenía idea de cuánto la merecería.

Una espera pasada por agua

No me lo podía creer. Era el día. Y me daba igual que fuera viernes, que estuviera lloviendo a mares, el atascazo de viernes vespertino que iba a comerme y que tuviera que renunciar a mi siesta semanal para estar a las 18h en la prueba de sonido. Todo me daba igual porque había llegado el día.

Me reuní con mis geniales compis conciertiles a eso de las 17:30. Pues sí que estaba lloviendo, sí. Y hacía frío. Pero todo nos daba igual, estábamos tan emocionadas y nerviosas por lo que estábamos a punto de vivir y que habíamos esperado tanto…

Pocos minutos después de las 18h, nos dejaron pasar a quienes teníamos entradas GOLDEN para poder disfrutar de la prueba de sonido. Ésa sí que la disfruté de pie y junto a algunas de mis estimadas compis.

Me encantó la escenografía. Un faro de cartón piedra a un lado del escenario, las iniciales de Andrés Suárez de un metro de altura, blancas e iluminadas por bombillas, al otro. Y, al fondo, una gran pantalla sobre la que se proyectarían imágenes durante el concierto.

Para nosotras, la prueba fue un entrenamiento, calentamos nuestra voz, capacidad de gritar las canciones… y mis compis cogieron un buen sitio en primera fila.

Cuando terminó nuestra prueba de sonido, un miembro de Seguridad nos acompañó hasta el sector 17, donde estaban nuestros asientos. Pero, jo, eran las 19h. Si tenía que esperar dos horas y media ahí sentada, me iba a dar algo. Decidí darme una vuelta por el Palacio. Intenté que me dejaran salir a fumar varias veces sin éxito. Incluso traté de aprovecharme de mi categoría de cliente Barclaycard, pero no coló.

Siempre conociendo gente

Subí a la barra para clientes de dicha marca a tomarme una cerveza. Mientras me la estaba tomando, sentada en un cómodo sofá, un chico y una chica muy jóvenes se sentaron a mi misma mesa. Y, claro, nos pusimos a hablar.

Que si estudiaban Segundo de Bachillerato, que si él quería ser médico, que si ella trabajadora social. Que si la seguidora de Andrés era ella, pero le había contagiado a él. «Ah, claro, son pareja». La canción de ella era… todas, eran todas, y la de los dos, No saben de ti. Se puso a llorar. Estaba emocionada. Era su primer concierto. Y su regalo de cumpleaños. Habían participado en un sorteo (adquiriendo sus bebidas en la barra Barclaycard) de una entrada en el «palco VIP». Yo también había participado (venía con la cerveza). Y ella, Isabel creo recordar que se llamaba, no dejaba de mirar a la barra y murmuraba: «Que no participe más gente, que se vayan…». Me levanté entonces para irme y le dije:

– ¿Sabes qué? Yo no quiero participar en el sorteo, estoy muy contenta con el asiento que tengo. ¿Quieres mi papel, así tienes el doble de posibilidades de ganar?

Bueno, qué momento. La chica se lanzó a mis brazos y me dio un fortísimo abrazo. Estaba tan emocionada (y agradecida) que me contagió una inevitable sensación de felicidad por haber contribuido de alguna manera a esa alegría suya.

Volví a mi sitio y también hice migas con mis compañeras de fila. Compartimos una nerviosa espera. La pista estaba cada vez más llena y yo estaba alucinando. Hasta me lancé a hacer unos vídeos en directo de esos de Facebook. Tiene razón Andrés: ¡son adictivos!

Y así llegaron las 21h30…

Y el fin dio comienzo

Se apagaron las luces y empezó a sonar… ¿el mar? Sí, eran las olas. Apareció una playa en la pantalla y, entre la penumbra, empezaron a aparecer los músicos del bandón. Sonó la música de los instrumentos, salió Andrés y entre gritos y aplausos empezó Más de un 36.

Era impresionante ver el Palacio desde donde estaba yo: tantísima gente, tantas almas cantando. Era muy emocionante. No daba crédito. Tenía los ojos bien abiertos, la garganta bien cerrada con un nudo, la mano temblando, sujetando el monopié de la cámara con dificultad. No fui consciente del tiempo ni de cómo pasaron A media estrellaDublín.

Las primeras lágrimas

Tras gritar «¡Madrid!», Andrés Suárez cantó sólo la palabra Vuelve… y el público se hizo con la canción. Miraba el Palacio iluminado, tanta gente cantando. Y Andrés, a lo lejos, chiquitito, al borde del escenario. Entonces, empecé a pensar en mis primeros conciertos de Andrés, en casa Galileo, y en cómo me habían acompañado sus canciones durante los últimos cinco años. También pensaba en cuánto trabajo y cuánta pasión por lo suyo le habían llevado hasta allí, hasta el Palacio de los Deportes de Madrid. Pensaba en su «Si puedes soñarlo, puedes hacerlo», en no rendirse a los contratiempos. Y ahora veía eso… era inabarcable para mi entendimiento. Era más de lo que mi emoción podía soportar. Y me puse a llorar.

Aún no tengo palabras. No puedo asimilarlo. Ver tanta inmensidad me conmovió. Para muestra, un botón:

 

 

Durante Necesitaba un vals para olvidarteEsta vez, si puedes, las lágrimas siguieron deslizándose por mis mejillas. Ya que había empezado, no podía parar. Estaba tan, pero tan emocionada y tan, pero tan feliz por Andrés Suárez, por su sueño… No saben de ti me remató ante el estallido del público.

Con la versión rockera de Ahí va la niña, me repuse. Me encantó el nuevo aire que le da el bandón a la canción. Y después de Si llueve en Sevilla, me volví a emocionar con el solo de violín de Marino Sáiz en Perdón por los bailes.

No creí que pasaría, pero pasó: Andrés Suárez salió solo al escenario, sólo con su guitarra, e hizo la parte acústica del concierto. ¡En el Palacio! Y volví a ser un mar de lágrimas. Una noche de veranoRosa y Manuel (para la que contó con el magistral sonido del violín de Sáiz) y Pequeña historia de Marina. No pensé que lo haría esta vez, pero, de nuevo, el gallego me sorprendió. Sí: cantó al aire. En el Palacio de los Deportes. Y el recinto entero escuchó su voz sin más amplificación que su propia emoción. Y, claro, nos vinimos arriba con los vítores. Bueno, yo no, aún no podía hablar. Estaba muda de emoción.

Y por si creía que ya no podía llorar más… Serrat

Entonces y de nuevo con Marino, Andrés se concedió cantar la canción que, dijo, más ha versionado en su vida. Al violín empezaron a sonar las notas de Lucía, de Joan Manuel Serrat y me dio un vuelco el corazón. Lo intuí. Algo en mí sabía qué iba a pasar, pero no me lo podía creer. Tanto es así que con el móvil empecé a filmar en el momento justo. Tras la primera estrofa, cantada por Andrés, sonó un inconfundible:

No hay nada más bello…

Gritos. Aplausos. Emoción. Y asomó Joan Manuel Serrat por un lateral del escenario. Lloré, lloré como nunca en un concierto. Andrés Suárez junto a Serrat sobre un escenario. Y volví a pensar en los inicios que siempre cuenta. En el metro, en los bares de Santiago, en Libertad 8… Por supuesto, la mención a papá Julián no pudo faltar, aunque eso sería más adelante, creo recordar.

 

 

Llegando a la N

Pues sí. Había perdido por completo la noción del tiempo, pero sabía que ya nos estábamos acercando al final. Te doy media noche me dejó con la sensación agridulce de que esa noche preciosa y emotiva se estaba acabando. Voy a volver a quererte me lo confirmó.

Por supuesto, no pudo faltar la nueva y genial versión de Así fue, con un violín más celta-folk-llámalo-como-quieras que nunca y un Palacio de los Deportes gritando y saltando.

Después de La vi bailar flamencoNo te quiero tanto, los chicos abandonaron el escenario. Y Andrés volvió a salir, a los pocos minutos, para volver a hacer temblar al Palacio entero con un Benijo al aire (la canción entera). Y ni alguna voz de última hora nos la arruinó: el gallego estuvo inmenso. Inmenso. Y yo, otra vez llorando. Como dije en Facebook (y que cada quien le ponga el sustantivo): los tiene cuadrados.

 

 

Poniéndole el punto final a Mi Pequeña Historia

Y ya lo sabíamos, no podía quedar mucho. En concreto, Números cardinales320 días y el apoteósico final de Luz de PregondaLo malo está en el aire fueron las encargadas de ponerle el punto final a una pequeña historia que a mi vida le ha hecho mucho bien.

 

 

 

Perdón por la verborrea, pero quería contarlo todo (y, aun así, cosas me dejo). Si quieres ver el concierto entero u otros vídeos que no haya insertado, aquí tienes la lista de reproducción.

Ojalá nunca pierda la capacidad de emocionarme tanto ante la música, aunque esta vez no fue sólo música. Ojalá la música siga poniendo gente tan increíble en mi camino. Aún nos queda medio asalto en la calle Libertad.

2 Comentarios

  1. Núria Núria
    16 Noviembre, 2016    

    Beli,
    como siempre me he llegado a emocionar con tu crónica.
    Por problemas de estos últimos tiempos no pude ir a disfrutar del concierto pero almenos tengo tus videos en youtube.
    ¡Gracias!

    • 17 Noviembre, 2016    

      Muchísimas gracias por tus palabras, Núria. ¡Qué pena que no pudieras estar! Pero, bueno, habrá otro Palacio, estoy segura. 🙂

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