Mi vida de gira

Andrés Suárez y «Ovi» en Valladolid

Hoy voy a relatar la primera parte de un viaje que no me dio sino alegrías y sorpresas. Hace 11 días puse rumbo a Valladolid para volver a hacer doblete con Andrés Suárez en la sala Porta Caeli. Hoy relataré el primer día, terminando con un concierto acústico, que ya no es acústico, sino en el que Andrés va acompañado por Ovidio «Ovi» López a la guitarra eléctrica. Ya lo dije: semiacústico.

Andrés Suárez y Ovidio Ovi López en Valladolid

 

¿De verdad que no ha pasado ni un mes?

Eso fue lo que me pregunté cuando estaba preparando la maleta para irme a Valladolid. Pues, efectivamente, no había pasado ni un mes desde que viera al gallego Andrés Suárez, tanto en semiacústico como con el bandón, en Toledo el pasado mes de enero. Sin embargo, tenía la sensación de que hacía mucho más tiempo que no los veía. Y entendí que era por la cantidad de conciertos a los que había asistido entre medias: Fran Fernández en Galileo Galilei, Jorge Marazu en Libertad 8, Adriana Moragues & Elvira Sastre con banda en Galileo Galilei, Iván Ferreiro en el Nuevo Teatro Alcalá y mi queridísimo Marino Sáiz en casa, en Galileo Galilei.

Sólo en enero fui a nueve conciertos y eso es una barbaridad. Poco menos de la totalidad de conciertos a los que fui en 2015. Hasta yo estaba agotada. Y precisamente por eso, porque habían pasado tantas cosas entre un concierto y otro de Andrés Suárez, mi percepción del tiempo estaba totalmente distorsionada.

Y como ya sabrás que mis conciertos favoritos, además de los multitudinarios, son aquéllos que implican un viaje, te voy a contar el último que hice.

 

Valladolid, donde nunca estoy sola

Cargué mi maleta y mi bolso en el coche para poner rumbo a Pucela. Llegada a este punto, tengo que explicarme: sólo para dos días me basta con la maleta pequeña, en cuanto a ropa se refiere, pero como al final acabo llevando unos tres neceseres, entre productos de aseo, maquillaje, lentillas… no me entran en la maleta. Además, me llevé un libro que me ha prestado un compañero de la oficina; nada, «lectura ligera», ideal para llevar de viaje (700 páginas tiene, en algunas culturas podría considerarse un arma). Cargador de la cámara, doble ración de tarjetas de memoria, abrigos varios (¡que es Valladolid!, ¡que es invierno!)…

Entre lo que me gusta conducir y lo acostumbrada que estoy a hacer ese trayecto, antes de darme cuenta ya estaba dejando las cosas en la habitación del hotel. Había quedado a comer con dos compañeros de la oficina de allí (sí, sí, de ésos majos que me van a buscar invitaciones a conciertos en la emisora de Cadena Dial Valladolid) y pensaba ir andando, unos 15 minutos, pero como iba justa de tiempo, decidí coger un taxi.

Después de la comida y el café, ya que hacía buen tiempo, decidí irme paseando hasta la plaza Mayor y tomarme allí una cerveza. Increíble: 4 de febrero, pleno invierno, y yo tomándome una cerveza en una terracita (parece que esta semana nos viene el frío que no nos tocó en todo el invierno).

Después, me fui al hotel, me enfundé mi pijama de Hogwarts y me puse a leer hasta que llegó la hora de ducharme y prepararme para el concierto. Cené algo rápido en la cafetería del hotel y pedí un taxi a la sala (estaba cerca, pero hacía frío ya por la noche para ir andando).

 

Andrés Suárez vuelve a Porta Caeli

A eso de las 22h15m dio comienzo el espectáculo. Desde un lugar privilegiado, pude disfrutar del concierto en la mejor de las compañías que pude tener aquella noche. Y como Andrés Suárez siempre introduce algún cambio en el repertorio de los conciertos, lo disfruté muchísimo.

Lástima que el escenario no era muy alto y me tapaban muchas cabezas (perdón por los movimientos de la cámara), por lo que no tuve muy buena visibilidad, pero eso no impidió que disfrutara del concierto.

Después de VuelveAsí fue, el gallego presentó a Ovidio López, para que le acompañara durante casi todo el concierto a la guitarra eléctrica. Al final de la noche, ya sería «Ovi». Así, con confianza.

La primera canción que tocaron juntos fue No saben de ti, una de mis favoritas de Mi Pequeña Historia, desde que era Canción a mi público, y a juzgar por la respuesta del público, también una de las suyas. Y tras Piedras y charcos vino la primera sorpresa de la noche.

He de reconocer que para mí no fue tanto una sorpresa, pues le había echado un ojo al setlist, pero me emocionó de igual forma que si no hubiera sabido la canción que vendría entonces. Andrés Suárez y Ovidio López rescataron Necesitaba un vals para olvidarte, para volverme a poner el corazón en un puño. Es verdad que no hacía tanto que no la tocaban, concretamente, desde el maravilloso concierto bajo la lluvia de Torrijos, pero con siete conciertos de Andrés Suárez entre medias, si no he contado mal, la había echado mucho de menos. Y es que esta canción me toca especialmente la fibra más sensible:

 

 

El concierto siguió con otra canción que, si bien no la había echado de menos como al vals, siempre me conmueve: Esta vez, si puedes; con decirte que el primer día de Toledo me dejó al borde de las lágrimas… Esta vez sí pude contenerlas, pero todo lo que remueve por dentro esta canción permanece inalterable.

Tuve mis primeras dificultades serias para grabar con el momento estrella de los conciertos (ahora semi) acústicos: la combinación de Luz de Pregonda con Voy a volver a quererte, pasando por unos versos de So payaso, que el público cantó efusivamente. Lo de filmar a Andrés Suárez en el piano, sin siquiera verle, fue todo un reto.

Entonces, el gallego se quedó solo en el escenario para interpretar dos temas sin más compañía instrumental que su guitarra acústica: Una noche de veranoPequeña historia de Marina, para terminar ésta última al aire, como ya es habitual en los conciertos de Andrés Suárez.

Volvió Ovidio, que ya era Ovi, al escenario y juntos interpretaron Desde una ventana, con la inestimable colaboración del público para el estribillo que compuso Ovidio. Nos quedó muy bonito ya desde el ensayo:

 

 

La primera parte de Más de un 36, sólo «a coros y guitarras» quedó preciosa y ya en la segunda nos vinimos arriba, con la complicidad latente entre los dos músicos se me hizo imposible no emocionarme con tan bonita canción, seguida por los dos temas ambientados en Sevilla del gallego: Si llueve en SevillaLa vi bailar flamenco.

Después de No te quiero tanto, Andrés y Ovi abandonaron el escenario durante unos minutos para después volver con Te doy media noche, una canción que me tocó muy hondo la primera vez que la escuché.

Llegamos a la recta final del concierto con Números cardinales320 días. Y según el setlist, sólo quedaba una canción para que finalizara el concierto, pero tanto Óscar (el portero también juega) como yo exclamamos nuestra sorpresa al escuchar los primeros acordes que tocó Andrés Suárez en su guitarra acústica tras terminar 320 días; me resultaba familiar, lo había escuchado hace poco… Miré a Óscar y exclamé:

–¡Es Lucha de gigantes!

Óscar asintió. No daba crédito. Él estaba muy emocionado e hizo unos coros preciosos. Luego me confesó que por haber acompañado a Antonio Vega, se sabía muy bien la segunda voz de la canción. No quedaron dudas, pues quedó tan, pero tan bonita que se me saltó alguna lágrima… y ahora se me eriza el vello al recordarlo.

 

 

Y entonces sí le llegó el turno a la última canción oficial de la noche, la que estaba en el papel: Perdón por los bailes, tan maravillosamente interpretada por Andrés Suárez y Ovidio López, como ya nos habían mostrado en Toledo, con ese final espectacular de Andrés al aire, con esa emoción, con la guitarra siempre tan precisa de Ovi, con esa hermosura.

Y para no perder las buenas costumbres, aquí tienes una lista de reproducción con todos los vídeos del concierto (perdón por los bailes).

 

Terminó el concierto y volví al hotel andando, cruzando el río, pero no me importó el frío. No me importó ni lo noté, tenía el cuerpo lleno de calor, de cariño, de la alegría de saber que aunque viaje sola para verles (que me encanta viajar sola), nunca estaría sola con ellos. Y es que con el paso de los años y de los conciertos, tenerles cariño es inevitable; y cuando ese cariño es recíproco y se nota, y te lo hacen saber, el alma da brincos de alegría y no hay frío ni invierno que valgan.

Quédate muy cerca porque el jueves te contaré el día siguiente, que también me deparó alguna que otra sorpresa

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