Mi vida de gira

¿Tú, en Bruselas? ¡Yo, en Cedeira!

Increíble, pero cierto. Hoy os voy a hablar del último concierto al que he ido, el de Andrés Suárez en Cedeira el pasado 16 de agosto. Detén la celebración; mañana y el sábado tengo conciertos de Lorenzo Vilches y Coti, respectivamente, así que se nos volvió a fastidiar el asunto. Ten en cuenta que en procesar un solo vídeo (una canción) tardo entre 40 minutos y 1 hora.

Andrés Suárez en Cedeira

 

Ya no le puedo echar culpas adicionales a YouTube (o a la capacidad/velocidad de subida de mi conexión, mejor dicho), puesto que en subir cada vídeo ya no tardo más que de 3 a 5 minutos. Total, que si un concierto medio tiene 18 canciones, pongamos que filmo 10 de cada 1 (pongamos, porque siempre son más); tirando por lo bajo (40 minutos en editar y procesar, 3 minutos en subir), tardaría 860 minutos en tener todo el material en BeliTube. Que, por ahorraros la división, serían más de 14 horas. Y, aunque no lo creas, aquí la menda tiene más vida aparte de ir a conciertos y actualizar sus blogs. Duermo y esas cosas.

E hilando, hilando… Al que le gustan mucho los números es a Andrés Suárez: que si Números cardinales, que si Más de un 36, que si Tengo 26, que sí 320 días (hace 1 año), que si 6 caricias, que si 6+4, que si Verano del 2000, que si Benijo… Bueno, vale, Benijo no, pero me apetecía meterla, ¿qué pasa? («la canción», diría ahora Suárez).

Ya le tenía ganas al gallego. Desde el 7 de febrero no le veía en un concierto íntegramente suyo, que tuvo lugar en Valladolid (después le he visto en espectáculos conjuntos, el de Cantautores Solidarios y el II Aniversario de Cantauticket, o como invitado en un concierto de Funambulista). Tenía entrada para verle tocar en el Círculo de Arte de Toledo el pasado 26 de abril, pero, por circunstancias de la vida, al final no asistí a la «cita». Y el karma me ha compensado llevándomelo de nuevo al mismo emplazamiento el próximo 20 de noviembre. Sí, ya tengo entrada.

Llevaba meses con la idea, cada vez menos idea y más realidad, de ir del 15 al 17 de agosto a Cedeira (A Coruña) con una de mis amigos del alma, que me había invitado a pasar allí unos días, por lo que le estaré eternamente agradecida. Aunque en un principio casi me había olvidado de que Andrés Suárez tocaría allí, en la plaza Roja (Sagrado Corazón) de Cedeira, el 16 de agosto, fue llegar allí y empezar a contagiarme de la ilusión de mi «amigaza» y tener mucha expectación por la parte musical del fin de semana.

Escenarios aparte, he de decir que Cedeira (y alrededores) me encantó, me dejó fascinada. Y que no sé cuándo, pero volveré. Tantas veces como pueda. Es una promesa (o una amenaza). Si alguien se puede enamorar de un lugar, yo me enamoré de Cedeira. Pero como éste no es un blog de viajes (de momento), me voy a centrar en el concierto:

Fue espectacular. Me encantó. Si bien es cierto que no veía a Andrés «con banda» (nunca sabes cómo o con cuántos músicos va a aparecer en escena) desde su sold-out en La Riviera el noviembre pasado, que sólo le había visto esa vez con banda y que me suele gustar más la «faceta acústica» del cantautor gallego, lo disfruté muchísimo. Un verano gallego al aire libre y sin una nube en el cielo cumple las condiciones ideales para un concierto para saltar y gritar y bailar… Más que para reír y llorar y reír y llorar, que suelen ser como cuando va él solo con su guitarra o quizás acompañado por Marino y toda su expresión y sensibilidad. Mención especial se merece, como de costumbre, mi violinista favorito, que hizo de la ocasión una noche mucho más agradable, si cabe.

Eché un poco en falta que Andrés hablara más. Yo estoy acostumbrada a que sus conciertos duren casi 3 horas y que luego resulte, cuando te pones a contar las canciones, que son las mismas o un par más que las de un concierto estándar: 18-20 (porque, sí, un concierto estándar tiene un setlist de 18 canciones y una duración aproximada de 90 minutos). Y es entonces cuando te das cuenta que te has pasado medio concierto desternillándote de la risa con las anécdotas del «guapo, no, pero tengo un pelo que flipas», como ésta, que contó en una actuación en Valladolid, presentación de su último elepé, Moraima (ésas tienen un setlist más reducido, de unas 10 canciones, y una duración considerablemente menor, de 60 minutos a lo sumo).

Y que me perdone Marino, pero esta vez la más especial de todas las menciones se la tiene que llevar mi amiga María, que me llevó de la mano a conocer las mil maravillas de su Cedeira, su gente y la magia de todos sus rincones. Y que, si de números va la cosa, la suya es 1 de las mejores amistades que la música ha puesto en mi vida en casi 27 años (casi que ya voy dejando de cantar Tengo 26).

Gracias.

Y por fin pude volver a vivir (mejor con banda) Lo malo está en el aire. No sé si lo malo está en el aire o no, pero desde luego que lo bueno estuvo, está y estará en Cedeira:

 

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