Mi vida de gira

Andrés Suárez, Extremadura y el bandón, parte II: Cáceres

El sábado 19 de septiembre puse rumbo a Cáceres desde Badajoz para vivir una jornada divertidísima de la mano de Andrés Suárez y el bandón, con concierto en la sala Barroco, otra raya más a Mi vida de gira y Mi Pequeña Historia.

Andrés Suárez y el bandón en concierto en Cáceres

 

Me desperté el sábado 19 en mi súper hotel de Badajoz y me dispuse a ir a desayunar. Cuando subí a la tercera planta, entré en el comedor y me pidieron el número de habitación:

—204.
—Belén Jiménez, ¿verdad?
(Debe ser que con la cara de resaca conciertil ya había perdido la pinta de señora).
—Sí.
—Pase por aquí, le hemos reservado una mesa.

Y ahí estaba, junto a las ventanas, con vistas al Guadiana. La verdad es que el desayuno era increíble, estaba todo buenísimo, pero algo tuve yo en el estómago durante todo el fin de semana que no me dejó disfrutar plenamente de ninguna de las comidas que hice. Con eso y todo, las disfruté todo lo que pude. Zumo de naranja, café y barritas de pan con tomate, aceite y sal, un desayuno delicioso.

NH Gran Hotel Casino Extremadura

Vale, sí, la foto se ha chivado: también probé las migas extremeñas y un poquito de queso fresco con membrillo.

 

Rumbo a Cáceres con Mi vida de gira y Mi Pequeña Historia

Hice check-out en el hotel y puse rumbo a Cáceres, no sin antes recorrer algunas calles del centro de Badajoz con el coche (que, al final, me había quedado sin verlo).

CáceresDespués de aproximadamente una hora, llegué a Cáceres y la verdad es que tuve bastante suerte, porque aparqué cerca del hotel (que ya lo había localizado). Hice check-in, dejé las cosas en mi habitación (de fumadores) y salí para conocer el casco histórico de Cáceres, que es precioso, y comer.
Recorriendo sus calles de piedra (y, he de reconocerlo, haciéndome un poco de daño porque no llevaba el calzado adecuado), observando sus majestuosos edificios, tenía los ojos como platos, me transporté a otra época. Como me dijo el recepcionista del hotel antes de darme el largo paseo y buscar un sitio para comer, parecía como si el mismísimo Cid fuera a salir galopando por cualquiera de esas calles. Ya me habían dicho y había leído sobre lo bonito que es Cáceres (a ver, por algo será que es Patrimonio de la Humanidad desde 1986), pero no me esperaba tanta magia, no sé si medieval o renacentista, pero magia al fin. Daba igual por qué calle me metiera o qué camino escogiera, todas las calles del casco histórico de Cáceres tienen algo digno de ser visitado y admirado.

Paseando por una de esas calles con tanta magia, encontré un sitio cuya carta me convenció, el restaurante del Palacio de los Golfines, así que no me lo pensé (la hora tampoco me dejaba mucho tiempo para la indecisión que tanto me caracteriza) y entré. Al ser una sola persona y no tener mucho hambre (recuerda que ya venía fastidiada del estómago desde el desayuno), decidí comer con un par de entrantes. Por si acaso, pregunté por la cantidad de los mismos y me dijeron que dos, seguramente, serían pocos y me quedaría con hambre, así que pedí salmorejo, risotto con jamón y setas y huevos estrellados. Los dos primeros platos eran bastante reducidos, ten en cuenta que eran entrantes, y estaban deliciosos.

Como estaba malita, me sentí tan saciada que les dije que no me pusieran los huevos, pero estaban a punto de salir, sin embargo, no pude más que probarlos y les dije que me los cobraran, pero que se los llevaran, que no podía más. Y no me los cobraron. Dejé, por tanto, una propina generosa. La verdad es que se la merecían, no sólo por no cobrarme los huevos estrellados, sino porque la atención fue también muy buena.

 

¡Y yo con estas pintas!

CáceresEntonces, fui andando de vuelta hacia el hotel para descansar un rato, pasando antes por la plaza Mayor y perdiéndome un poco más por las calles de Cáceres. La verdad es que no quería dejar de conocer esa ciudad tan bella, pero, a la vez, sabía que contaba con el tiempo justo si quería descansar antes de prepararme para ir al concierto, así que fui caminando (estaba lejos), pero sin desviarme demasiado.

Cuando llegué al hotel, me encontré con parte del equipo técnico que acompaña a Andrés Suárez en la puerta.

—Pero ¿qué hacéis aquí?
—Es nuestro hotel.
—No, no, no, es MI hotel.

«¡Y yo con estas pintas!». Como comprenderás, con lo justo en la maleta para el finde, pues no me iba a poner mis mejores galas para conducir de Badajoz a Cáceres, hacer turismo, comer y echarme la siesta.

Pedí mi llave y subí a mi habitación. Mientras, iba pensando: «Jolín, con todo lo que viajé este verano para verlos, van a pensar que les persigo, qué vergüenza… Bueno, el hotel tiene 8 plantas, malo será que coincidamos…».

Según salgo del ascensor, oigo música en el pasillo, proveniente de una de las habitaciones de mi planta. «Ay, Dios…». Me encierro en mi habitación. Y sigo: «Bueno, venga, no te estreses, cualquiera puede escuchar música, fúmate un cigarro y te tranquilizas…». Pero ¿qué pasa? Que no había un cenicero en toda la habitación. ¡Una habitación de fumadores sin cenicero!

Total, que decido ir a la recepción a por uno. Salgo de mi habitación y…

—¡¿¡¿ANDRÉS?!?!

Palabrita: lo último que quería era que me viera con esas pintas, pero es que me salió del alma. Y ahí estaba él, recién duchado; y ahí estaba yo, que… en fin. Se dio la vuelta:

—¡Hombre, Beli!
—¡Recórcholis! —vale, igual no fue eso lo que dije, pero fueron dos palabras muy malsonantes mientras me tapaba la cara.
—Que estamos en el mismo hotel…
—Y somos vecinos de habitación…
—¿Cómo estás?
—Pues con estas pintas de siesta…
—No pasa nada, mujer, estamos en casa.
—¿El musicote era tuyo?
—¿Cómo lo sabes?
—Tío, se escuchaba en todo el pasillo, con estas paredes de papel…

Nos despedimos y de la vergüenza que me dio la situación, me volví a meter en la habitación. A los 10 minutos, volví a salir y ya sí, sabiendo que no habría moros en la costa, bajé a buscar mi cenicero.

 

Primer concierto de Andrés Suárez en Cáceres

Ya sabemos que es la primera gira de Andrés Suárez con el bandón y lo dice en muchas ciudades: mi primera vez con la banda. Pero, en este caso, era la primera, primera vez de Andrés en Cáceres, con banda, sin banda, con trío o con cornetas, la primera vez a secas. Y hacía días que Andrés, su pequeña historia y el bandón habían agotado las entradas.

Cuando llegué a la sala Barroco, ya había gente haciendo cola, pero a eso de las 21H, daba la vuelta a la plaza. Me encantó la decoración de la sala, haciendo honor a su nombre, especialmente unos relojes de pared colgantes con soportes dorados. Las horas, en números romanos, todo muy barroco. Y lo mejor, que me pareció una coincidencia simpática, es que todos marcaban las 10:10, lo que me sirvió para hacer la gracia en Clasificados, señalándole uno de los relojes a unos chicos muy simpáticos que estuvieron a mi lado durante el concierto (por eso se mueve un poco el vídeo en la frase de las diez y diez). Lo más gracioso fue cuando a las 22:10, antes del concierto, les pregunté: ¿Ese reloj está bien? Y el chico me contestó: No, lleva así desde que entramos, aunque ahora justamente sí coincide. Podría haberme fijado minutos antes o después, pero no, justo a las 22:10. Bromas que gasta la vida. =)

En mi opinión, el concierto fue genial. El público cantó todas las canciones y muy alto, lo que hizo que quedaran muy bien cuando el gallego se quedaba callado, se escuchaba a la gente por encima de la música y eso, que no siempre se consigue, quedó muy bonito.

 

 

Hubo un momento, al final de Clasificados, en que, para mi gusto, el violín estaba muy bajo, y me habría gustado escuchar las cuerdas de Marino más altas, que hubieran tenido más protagonismo. A pesar de eso, fue un concierto precioso. Y esta vez, con el permiso de Andrés, tengo para el recuerdo la presentación de los miembros del bandón, los geniales Marino, Ovidio, #Luismi y Andrés Litwin:

 

 

Quizás el momento que más destacaría de la noche en que Andrés Suárez presentó, como dice siempre, su mejor disco hasta la fecha, Mi Pequeña Historia, fue cuando decidió rendir homenaje a uno de sus mayores referentes musicales españoles, Robe Iniesta, y más en concreto Extremoduro, interpretando junto a Marino un medley de canciones del famoso grupo placentino, desde Bribriblibli a Bri bri bli bli (je), pasando por Quemando tus recuerdos, So payaso, Salir y Cuarto movimiento: la realidad.

No es nada nuevo que Andrés homenajee a Extremoduro, pero en Cáceres no podía ser de otra manera. Igualmente, me sorprendió, porque en esta gira, o al menos en los conciertos a los que yo he ido, aún no lo había hecho. No obstante, sí es cierto que acaricia unos cuantos versos de So payaso en los conciertos acústicos, justo entre Luz de Pregonda y Voy a volver a quererte.

 

 

Vuelve fue, como creo que está siendo en todos los conciertos de esta gira de Mi Pequeña Historia, la canción más cantada por el público de todo el concierto, junto con Te doy media noche. Aunque, en realidad, cantamos todas, desde No saben de ti hasta Lo malo está en el aire, pero es cierto que con el coro multitudinario de Vuelve me emociono especialmente, aunque ya lo he vivido muchas veces, pero es una canción que desde siempre me ha gustado y emocionado mucho y escucharla (y vivirla) cantada por tanta gente al mismo tiempo… se me pone la piel de gallina sólo de pensarlo.

Aunque hubo un detalle que no me gustó y es que, en un momento, algunas personas empezaron a chistar, mandando callar a la gente que cantaba, para que cantara Andrés solo. Suárez se callaba para dejar cantar a la gente, pero ya tuvo que seguir él solo. Y con lo bonito que es en un concierto escuchar a tantas almas al unísono… Pues si la gente quiere cantar, ¡que cante, leches! A mí no se me ocurriría nunca mandar callar a nadie, sólo a la gente que no está en el concierto (aunque esté físicamente), que está hablando de sus cosas y molestando, como en el acústico del Náutico, pero ¿cantando?

Por eso, como último del post, he escogido este otro vídeo, donde también cantamos mucho, no nos mandaron callar y, además, fue muy divertido: el ya mítico cierre de concierto con Luz de Pregonda y Lo malo está en el aire.

 

Como siempre, puedes ver aquí todos los vídeos del concierto.

 

¡Así sí!

Cuando terminó el concierto, salí a la calle porque necesitaba tomar el aire y sentarme o moverme (me sienta muy mal estar mucho rato de pie quieta). Por allí andaba Ovidio y le felicité, ya que era su cumpleaños. Lo dijo Andrés durante el concierto y le cantamos el Cumpleaños feliz, la canción más famosa del mundo.

Después de conversaciones, fotos, risas, abrazos… pasado un buen, buen rato, decidí ponerme a la cola para saludar a Andrés. En cuanto llegué, le di un abrazo y le dije:

—¡Así sí!
(Iba divina yo).

Beli, Andrés Suárez, Marino Sáiz. Cáceres.

Y hasta aquí llegó el relato de mi fin de semana extremeño, surrealista como pocos, pero también genial y divertidísimo. ¡Qué cosas me pasan! Espero que te hayas reído tanto como yo al recordarlo.

Ahora creo que a mi vida de gira le toca descansar un poco (ya sabemos que en los periodos estivales hay mucho más movimiento conciertil). El próximo concierto que te contaré será el que viví el pasado sábado 26 de septiembre en Libertad 8, viendo y escuchando a mi querida Carmela.

¡Feliz semana!

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