Mi vida de gira

Andrés Suárez y el bandón en el Círculo de Arte de Toledo

Elige tu concierto. Ya te hablé de ello. Andrés Suárez se inventó esto para la gira de Mi Pequeña Historia, para los que no nos decidimos si queremos concierto acústico o con banda, con el bandón. O para aquéllos a los que les gusta un formato y otro no. Y así vamos, los indecisos, de doblete en doblete. Y así fuimos, otro día más, al Círculo de Arte de Toledo. Disfrutamos de otro concierto del gallego, esta vez con el bandón.

Andrés Suárez y el bandón en el Círculo de Arte de Toledo

 

Casi baja por segunda vez

El sábado 16 de enero me desperté con migrañas. De hecho, decir que me desperté es un eufemismo porque prácticamente no había dormido. El plan del concierto de Andrés Suárez con el bandón en el Círculo de Arte de Toledo peligraba. De hecho, estuve a punto de abortar misión. Era la segunda vez que consideraba causar baja de ese concierto. Pero, claro, K dependía de mí para bajar a Toledo y volver a subir a Madrid y, aunque pensé en un plan alternativo para que ella no se quedara sin concierto, con el paso de las horas, un buen café, un Migral y un largo baño, me fui encontrando mejor, así que retrasamos un poco la hora de salida, pero todo siguió en pie. No obstante, no estaba al 100%.

 

Rumbo a Toledo: buscando sitio para aparcar

Así que allí fuimos. Recogí a K en su casa pasadas las 18h y pusimos rumbo a Toledo. Cuando llegamos, decidí que, al contrario que el día anterior, iba a aproximarme con el coche hasta la puerta del Círculo de Arte e intentar buscar sitio por las inmediaciones del recinto. Fue en vano. O casi.

Cuando llegamos, K vio un sitio justo en la puerta. Comencé a hacer la maniobra, girando el volante hacia a la izquierda y… ¡Vaya! Vi a Óscar Marañón (el portero también juega) parado, brazos en jarra, protegiendo dicha plaza de aparcamiento. Nuestro gozo en un pozo. Bajé la ventanilla:

–Óscar…
–No, lo siento, tiene que venir la furgoneta para cargar los instrumentos.

Porque eran ellos, que si no… Total, que nos fuimos, seguimos dando vueltas y al final aparcamos a 800 metros, que dirás: «800 metros, al lado, cinco minutos…». Ya. Sí. Claro. Pues en Toledo no, en Toledo 800 metros de cuestas significa llegar a destino con la lengua fuera (por segunda vez) y acordándote de todos los habitantes de esa ciudad y todas y cada una de las piedras de las cuestas de sus calles. Mi ritual, a cada paso que dábamos acercándonos al Círculo de Arte, era decir: «Odio Toledo». Que sí, que es muy bonita y lo del odio no es verdad, pero yo estaba sufriendo.

Llegamos. Y nos juntamos con las chicas, Y ¿qué vimos? Y ¿qué nos contaron? Había un señor (o señora, o chico, o chica, no lo sé, no le vi la cara) que intentaba aparcar en la plaza donde nosotras quisimos hacerlo antes. Que no se movía de ahí el tío/la tía, de donde K y yo habíamos estado minutos antes. Y Álex bloqueándole el paso. Y la Policía. Sí, sí. Tremendo todo.

Pues, al final, el tío/la tía cabezota se salió con la suya y aparcó. Y la furgo la pusieron mal puesta en una plaza para residentes. Bueno, yo pensé: «pues para haber dejado a un extraño…». Y me volví a acordar de todas las cuestas.

Andrés Suárez con el bandón en el Círculo de Arte de Toledo

Cuando abrieron las puertas y entramos al recinto, fue lo primero que le dije a Óscar, pero me dijo que no, que no sabía la que habían tenido (en realidad, algo sabía, pero le reí la gracia y me uní a mis queridas amigas conciertiles en primera fila, esta vez al otro lado del escenario, para no repetir ángulo de visión).

En los minutos previos al inicio del concierto, me volvió a doler la cabeza y, en este punto, he de decir que gracias a algo que me untó N en la frente, no volví a tener atisbos de migrañas en toda la noche y disfruté mucho más, sobre todo de la genial compañía con que me encontraba. Así que gracias infinitas a N.

Y dio comienzo en concierto y fue más previsible que el del día anterior: Imagínanos, No saben de ti. Después del segundo single, hubo un pequeño cambio de orden: tocaron A media estrella antes de Voy a volver a quererte. Después de eso, todo siguió como siempre: Dublín, Piedras y charcos. Aquí he de decir que la chica a la que se escucha gritar al principio del vídeo era la tercera o cuarta vez que lo hacía (y de ahí la cara de Andrés y lo que dijo después, nuestras protestas, mi «derecho de admisión»…). Yo entiendo que en determinado momento se pueda gritar algo en un concierto (yo soy la primera que alguna vez lo he hecho), pero desde mi humilde punto de vista, hacerlo constantemente e interrumpiendo a quien está hablando, sea quien sea (en este caso, Andrés), es, cuando menos, molesto.

Luego vinieron Esta vez, si puedes, Si llueve en Sevilla y Clasificados. No es que hubiera ningún cambio, pero en ésta última me emocioné especialmente con el final a violín de Marino Sáiz.

Entonces, llegó el momento de la sorpresa de la noche, que bien valió por todas las que no habíamos tenido (es a lo que te atienes cuando vas a tantos conciertos). Andrés Suárez y Marino se quedaron solos en el escenario y aquél invitó a subirse con ellos a Elia Velo, para cantar juntos Tal vez te acuerdes de mí, que quedó preciosa a dos voces, guitarra y violín.

 

 

Después de ese mágico e íntimo momento, Andrés Suárez se quedó solo en el escenario para interpretar Pequeña historia de Marina, tras lo cual llamó al escenario a Marino y a Ovidio para que tocaran junto a él Desde una ventana, con la reciente incorporación del estribillo de Ovi y la inestimable colaboración del público para cantarlo. Al final, juzga tú, pero yo creo que quedó muy bonita la canción (y que sí, que lo de «guapo» iba para Ovi):

 

 

Andrés Litwin y Luismi Baladrón se unieron a sus compañeros y, entonces, tocaron dos canciones a las que llegué un poco tarde (no estar preparada, cambio de baterías…): Más de un 36 y Vuelve. Y el broche de oro del triplete de las más cantadas: Te doy media noche.

Después llegó un momento incómodo, desagradable y contagiosamente gracioso a partes iguales, que fue cuando en La vi bailar flamenco, en ya sabes qué verso, de las sirenas guapa, que le gritan «guapo» a Andrés Suárez y a él le entra la risa… Sabes el momento que te digo, ¿no? Bueno, pues a Marino le entró la risa de verdad, pero que no podía parar, en medio de la canción… Y a mí de verle me entró más… y a más gente del público. Y así estábamos, partidos de risa. En los silencios de la canción, claro, se nos escuchaba reír. Pero, bueno, ahí queda el vídeo para el recuerdo. Después enlazaron esa canción con 6 caricias y ya nos vinimos arriba y ya no tuvimos que hacer ruidos raros porque ya estaban todos los miembros del bandón para hacerlos.

 

 

No te quiero tanto fue la última canción antes de los bises. Ahí, como empecé a grabar de nuevo a dos manos, por miedo a quedarme sin batería ante los repetidos y estresantes avisos de la cámara, en los vídeos pude empezar a hacer juegos de planos, como con los vídeos del día anterior. Y a partir de entonces, en todos ellos, utilicé el audio registrado por el iPhone, que era mucho más claro, menos ruidoso y saturado que el que grababa la cámara.

Se marcharon del escenario y, exactamente como el día anterior, Andrés Suárez se metió entre la gente para interpretar Benijo al aire. Y, exactamente como el día anterior, yo me subí a esas mesitas altas e inestables. En un inicio, le dije a F que se colocara delante de mí. Con una mano filmaba, con la otra la sujetaba… Pero ella fue más lista y se colocó en una estructura mucho más estable y alta. Y bailaba, cómo bailaba. Y a mí ya no me molestaba porque ya no nos podíamos caer. Todos embobados viéndola bailar, viviendo la canción.

Casi no había terminado la canción que los chicos de la banda ya empezaron a tocar Números cardinales a nuestra espalda, así que nos bajamos todo lo rápido que pudimos, y nos giramos para seguir viendo el concierto, que ya estaba llegando a su fin. Fue en este vídeo donde empecé a disfrutar verdaderamente del montaje (el de No te quiero tanto fue por pura necesidad técnica) y a jugar con los planos. También me lo pasé muy bien con los vídeos de 320 días y Luz de Pregonda/Lo malo está en el aire.

Otra aclaración: al final de esta canción y del concierto, con los nara nana nana nara finales, a Andrés Suárez le dio por venir a cantar encima de esa estructura alta y estable en la que estábamos apoyadas, yo grabando, y que teníamos adornada con abrigos, estuche y baterías de la cámara, botella de agua… Te recuerdo que yo tenía la cámara en una mano y el iPhone en la otra. Cuando le vi venir, mi brazo actuó más rápido de lo que me dio tiempo a pensar. Acto reflejo, que lo llaman.

Con el interior de mi brazo izquierdo (iPhone), arrastré lo que quedaba (estuche de la cámara, batería y botella de agua) hacia mí, dejándolo precisamente en la esquina y quitando el brazo a tiempo para seguir grabando y que Andrés Suárez no me pisara la mano, el iPhone o algo (igual de ésa salía una canción, porque se iba a acordar). Y ésa es la explicación de que en ese momento de la canción haya un juego de planos tan extraño (una juega con lo que tiene).

 

 

A pesar de que he disfrutado mucho editando los vídeos y me gusta el resultado, no sé si volveré a hacerlo. La razón es porque requiere mucho más tiempo del que actualmente le dedico (que ya es mucho) y la publicación del material se retrasa mucho.

En esta lista de reproducción puedes ver todos los vídeos del concierto de Andrés Suárez y el bandón en el Círculo de Arte de Toledo.

 

¿Te acuerdas de la movida con la Policía de antes del concierto? Pues cuando salimos del concierto el señor/la señora/lo que sea que aparcó en esa plaza tan disputada, intentando salir, se comió un bolardo o el bolardo se comió su coche, pero no sabes de qué manera… Ahí, delante de nuestras narices. Alguien dijo: «Castigo divino». Llámalo así, llámalo karma, llámalo equis. Yo sigo pensando que habría estado bien que me dejaran aparcar ahí, que yo después del concierto les habría dejado el sitio para que cargaran la furgo y no me habría comido un bolardo ni nada y todos tan contentos.

Después de aquello y de que el grupo se fuera reduciendo, K, N, A y yo nos fuimos a cenar al McDonald’s. Y a charlas al frío de la noche toledana. Me lo pasé muy bien. Y no me importaron las cuestas. Y no puedo sino agradecerle a estas chicas (a todas) que hayan aparecido en mi vida para hacer que siempre sea agradable hasta lo desagradable. Para que siempre, siempre, siempre, cada encuentro merezca la pena.

Por último, volvimos sobre nuestros pasos y en la puerta del Círculo de Arte nos despedimos. K y yo anduvimos otros 800 metros hasta mi coche, esta vez mucho más agradables. Y no sólo por que fuéramos en bajada.

No me cansaré de repetir que lo mejor de la música en directo son todos los caminos que ha unido. Y más allá de ella misma siguen confluyendo.

Al día siguiente, me compré otra entrada por una amiga, por S, por estar junto a ella en un día importante. Y la llamé. Y estuvimos horas al teléfono. Vuelvo a decirlo: bendita música. Ya lo cantaba Serrat.

 

Que tengas una feliz semana, yo seguiré trabajando para contarte y enseñarte cositas de los conciertos a los que voy.

 

3 Comentarios

  1. Núria Núria
    27 enero, 2016    

    Beli,
    me encanta que hagas la crónica de cada concierto. Me da la sensación de vivir los vídeos más intensamente.
    Tengo unas ganas locas de que llegue el 1 de abril y poder disfrutar yo también de un concierto de Andrés en directo. Por cierto, ¿no sabrás donde puedo conseguir los discos anteriores a “cuando vuelva la marea”?
    Te sigo leyendo,
    Núria

    • 27 enero, 2016    

      ¡Hola, Núria!
      Muchas gracias nuevamente por tus palabras. En cuanto a los discos, ‘Maneras de romper una ola’ y el EP ‘Piedras y charcos’ los venden en los conciertos, en el puesto de merchandising.
      El de ‘De ida’, yo lo tengo en formato digital, creo que si buscas por internet, lo podrás conseguir.
      ¡Un saludo!

      • Núria Núria
        27 enero, 2016    

        Gracias! El día del concierto los intento comprar. Saludos!

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