Mi vida de gira

Andrés Suárez en semiacústico en Toledo

Andrés Suárez se ha inventado otro formato de concierto, por si no tuviéramos ya bastantes entre los que elegir. Acústico, bandón, trío… Y, ahora, el semiacústico, que no lo ha llamado él así, sino yo, pero es como salió el 15 de enero al escenario del Círculo de Arte de Toledo, acompañado por sus guitarras acústicas, Ovidio López y su guitarra eléctrica (la de Ovi).

Andrés Suárez Círculo de Arte Toledo

 

Llegando al Círculo de Arte por los pelos

«Culo». Eso fue lo que le dije a un chico a quien paré en medio de una plaza toledana para que me indicara el camino al Círculo de Arte. Verás, todo tiene su explicación…

El viernes 15 de enero tenía una cita con mis queridas amigas «conciertiles» (bendito Náutico, que las puso en mi camino) y con un concierto acústico de Andrés Suárez. Ese mismo día tuve una comida que se alargó más de lo que esperaba y no pude echarme la siesta que había estado visualizando toda la mañana.

Llega a casa, dúchate, coge las cámaras, baja, ¿las llaves del coche?, sube, busca las llaves del coche, baja, ¿llevo todo? Y echa a volar hacia Toledo. Llegué pocos minutos después de las 20h. Dejé el coche en el primer parking que encontré y eché a correr. Tampoco mucho, he de decir, con tantas cuestas. Y saqué el iPhone. Yo no sé por qué Google Maps se pierde por las calles toledanas.

El caso es que ahí estaba, dando vueltas en una plaza, echando a andar por una calle, dándome cuenta de que me había desviado de mi ruta y volviendo a la plaza. Y así. Y, entonces, vi venir a un chico y le dije, amablemente:

–Disculpe…
–Dime –respondió él con una sonrisa amable.

Entre el frío, los nervios y las prisas… Mi mente iba demasiado rápido, no así el habla, y mientras yo quería decir un montón de palabras, por mi boca sólo salió:

–Culo.

Si su cara fue un poema, imagínate la mía. Claro, me eché a reír. Y ya pude articular que en realidad lo que quería era llegar al Círculo de Arte. El chico me acompañó amablemente hasta otra plaza y me indicó el camino correcto.

 

Un preconcierto en la mejor compañía

No era la primera vez que veía a Andrés Suárez en el Círculo de Arte de Toledo. Es un sitio tan mágico que tenía muchas ganas de repetir. Cuando llegué el pasado 15 de enero al recinto en cuestión, ya habían abierto las puertas, así que me puse al final de la cola y no tuve que esperar mucho para entrar. Tampoco había mucha gente dentro. Y aunque le había dicho a las chicas que no me guardaran sitio en la cola porque me da vergüenza estar delante (pero luego, viendo los vídeos, lo agradezco… son sentimientos encontrados), me hice camino entre la gente, que aún no había demasiada, para saludarlas y después volver atrás. Palabrita que iba a volver. Todo el mundo me dejó pasar, muy amables todos, como el chico al que dije «culo».

En un momento, ya no sabía dónde estaban y pregunté: «¿Has visto a una niña pequeña?». Inconfundible. A los pocos segundos, ya me había reunido con mis amigas. Los abrazos que nos dimos la pequeña F y yo me supieron a gloria, como el reencuentro con mis queridas amigas. Y así pasó la espera, que no fue sino un rato ameno con las chicas, entre puestas al día, risas y fotos. Ya lo decíamos, estábamos en la mejor compañía. Y como había espacio y estaba tan a gusto con ellas, pues me quedé.

Andrés Suárez en semiacústico en el Círculo de Arte de Toledo

Salió Andrés Suárez al escenario y como suele hacer en los conciertos acústicos, tocó Vuelve, seguida de Así fue. Y así fue. Sólo eso bastó para meternos de lleno en el concierto. Hay que ver qué bien empezábamos el año. Y qué bien lo empiezo, no hay duda. Recuerda que éste fue mi tercer concierto del año, en sólo 15 días (después del de Marwan en Galileo y el de Txetxu Altube, también en casa). Pero lo mejor de todo, ya lo sabes, son los reencuentros.

Y como Andrés Suárez siempre sabe sorprendernos, ya lo hizo con la tercera canción. Tendría que haber sido No saben de ti y, de hecho, lo fue. Pero antes de cantarla, presentó a Ovidio López, nuestro Ovi del bandón. El gallego dijo que no era un concierto, sino un proyecto, a ver qué tal salía el formato «acústico con Ovidio». Pero, claro, si tenemos en cuenta que lo que toca Ovidio es la guitarra eléctrica, no sería un concierto acústico per se y, por eso, lo he bautizado como semiacústico.

Y en este punto he de adelantar que el experimento les quedó muy bonito. La primera canción que tocaron juntos, como ya he dicho, fue No saben de ti. Y no se haría esperar la segunda sorpresa: Andrés Suárez cantó Hay algo más, una canción que no vivía en directo desde el concierto de Vistalegre, es decir, hace poco más de un año. Me encantó volver a escucharla en vivo.

 

 

Con Esta vez, si puedes me emocioné especialmente aquella noche. Con esa canción asomaron las lágrimas y, por qué no decirlo, Andrés Suárez me contagió la rabia con la que canta la parte final de la canción. Es otra manera maravillosa de disfrutar de un concierto.

Tocaron Luz de Pregonda y, como ya es habitual en los conciertos acústicos del gallego, terminó la canción sentado al piano, de donde no se movió para poder cantar Voy a volver a quererte. En un principio, tenía muy mal ángulo desde donde estaba para grabar a Andrés en el piano, pero después estiré los brazos y encontré un recoveco entre micros y guitarra para enfocarle, sacar zoom… Al final, quedaron unos planos muy bonitos, creo.

Y como a la tercera va la vencida, me dejó boquiabierta con la siguiente sorpresa de la noche: dedicada a un buen amigo que estaba entre el público y compuesta en su nombre, Andrés Suárez cantó su Carta a Nairobi a voz y piano. Que sí, que ya la habíamos escuchado en algún «vídeo clandestino de Yotoobe», pero no hay color con poder vivirla en directo.

Y seguimos con sorpresas y reencuentros. Algo de especial debe de tener el Círculo de Arte de Toledo, pues allí siempre ocurren cosas mágicas. Y así fue. Andrés Suárez volvió a tocar 6 + 4, y es que es una canción tan, pero tan bonita… Fue uno de mis amores a primera escucha.

Y siguió solo Andrés Suárez sobre el escenario para cantar la Pequeña historia de Marina, que desde que entendí en León bien la letra, se abrió un nuevo mundo para mí. Como siempre desde hace algunos conciertos, concretamente, creo que desde el último acústico en Valladolid, Suárez terminó cantando al aire las últimas estrofas de la canción.

Después de eso, Ovidio volvió al escenario y Andrés nos contó de él que había compuesto un estribillo para la canción Desde una ventana y que tendríamos que cantarlo. Como verás, el estribillo de Ovi era súper complicado:

 

 

Después de eso, tocaron Más de un 36 y Si llueve en Sevilla, por lo que la noche ya empezó a oler a final. Me despistó un poco que después de estas dos canciones tocaran No te quiero tanto, pero ya estoy acostumbrada a que Andrés Suárez cambie el repertorio a placer y la verdad es que lo agradezco porque, si no, se harían muy aburridos tantos conciertos iguales.

Con Te doy media noche y La vi bailar flamenco, Andrés y Ovidio abandonaron el escenario. Y entre alguna que otra breve conversación, escuchamos gritos y entendimos (bueno, yo no me di cuenta, me lo tuvo que decir S) que Andrés había salido del camerino y se había colado entre el público hacia el centro de la pista del Círculo de Arte con su guitarra.

F se paró encima de donde estaba sentada (una especie de mesa de madera alta). Yo temí por nuestra vida, pero me subí detrás de ella en esa mesa. Y nos aguantó muy bien. Salvo en un momento que F se puso a bailar y le rogué que no se moviera, por nuestra seguridad, porque notaba que la mesa, o lo que fuera, se tambaleaba a nuestros pies.

Sí: fue Benijo. Fue otra gran sorpresa, pues si bien estoy acostumbrada ya a que la cante al aire, sin más amplificación que su propia voz, no me esperaba que se adentrara entre la gente para cantarla, aunque en el concierto del Palacio de Congresos de Santiago hizo algo parecido.

Después de aquel momento tan mágico y de que yo casi me matara al bajar de la mesa dichosa, Andrés Suárez volvió al escenario y junto a Ovidio López interpretó Números cardinales.

Cuando tocaron 320 días, la cosa ya no es que oliera a final, es que apestaba. «Perdón por los bailes y a casa», pensaba yo. Pero no. Una vez más me equivoqué y una vez más el gallego volvió a sorprendernos. Volvieron a sorprendernos él y Ovidio. El mismo Andrés Suárez reconoció que estaban improvisando. Pero les quedó muy bien. Tocaron 6 caricias. Y ahí sí: Perdón por los bailes, la última canción del concierto. Mira que la he escuchado varias veces en directo desde que la retomó hace unos meses, pero no me acostumbro. Y lo digo para bien, porque cada vez que la toca, se me pone una cara de tonta… Y ahí estaba yo, grabando a Andrés con la cámara, cantando al aire, colocándole a la derecha del plano; grabando a Ovidio con el iPhone, colocándole a la izquierda del plano e imaginando un plano compartido, un fundido… y casi llorando de emoción.

Al final, no le dediqué a ese vídeo tanto tiempo como me habría gustado, pues querría haber jugado con los canales alfa de las distintas partes de los planos, pero tengo demasiado material audiovisual que gestionar por la cantidad de conciertos que tengo estos días. No obstante, espero que te guste el resultado. ¡Ya me dirás!

 

 

No tardamos en irnos, pues al día siguiente nos esperaría mucho más Andrés Suárez, esta vez con el bandón. Mismo lugar, misma hora. Pero eso te lo cuento en otro momento.

Puedes ver aquí todos los vídeos del semiacústico. Espero que los disfrutes.

 

Fue un concierto precioso, lleno de sorpresas, pero fue sobre todo un bonito reencuentro con la mejor compañía, eso fue lo mejor de esa noche y de la siguiente, sin lugar a dudas. Así que gracias S, F, K, A, N(A) y M por hacer mi vida de gira mucho más especial y mejor cada día.

Deja un comentario