Mi vida de gira

Andrés Suárez y Cadena Dial: acústico en Valladolid

Noviembre terminó como empezó diciembre: viendo a Andrés Suárez en directo. Pero vayamos por partes. Hoy contaré mi experiencia del pasado viernes 27 de noviembre viendo al gallego en acústico en Valladolid, en un evento organizado por Cadena Dial.

 

Andrés Suárez en Valladolid con Cadena Dial

Desde el concierto de Torrijos no veía a mi gallego favorito en directo. Andrés Suárez estuvo de gira por Argentina y México, creciendo allá cada vez un poco más, y a mediados de noviembre volvió a España para seguir encandilándonos con su pequeña historia. No veía el momento de recuperar mi droga, mis conciertos de Andrés Suárez. Bueno, lo cierto es que sí lo veía, pero quedaba muy lejano: el 1 de diciembre en la sala Joy Eslava de Madrid (de ese milagro hablaremos la semana que viene).

Sin embargo, me esperaría una muy grata sorpresa…

 

Concierto inesperado y despliegue de medios

Al volver del otro lado del charco, Andrés Suárez publicó un mensaje en el que decía algo así como: «Esta semana toco en Córdoba, Valladolid y Granada». Y yo pensé: «¿Valladolid? Se le ha ido la pinza…». Pero, por si acaso, me metí en su web y no, no había nada agendado sobre dicho concierto. Seguí pensando que había sido un despiste del gallego, pero de nuevo por si acaso, busqué en Google sobre el tema. Y ahí estaba: concierto con Cadena Dial en el Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA) el 27 de noviembre. Desde la página de Facebook y la cuenta de Twitter de Cadena Dial Castilla y León nos instaban a estar atentos, pues pronto dirían cómo adquirir las invitaciones.

Como los conciertos en Valladolid para mí se han convertido en una obligación autoimpuesta (además de un gustazo), ya desde 2011, no lo dudé ni un segundo: configuré alarmas para recibir notificaciones de los tuits de Cadena Dial Castilla y León para no perderme detalle.

Y así me enteré: las invitaciones habría que recogerlas en la emisora el martes 24 de noviembre a partir de las 10 de la mañana. Una grata casualidad es que tengo unos compañeros de trabajo en Valladolid, con la oficina a escasos 400 metros de la emisora de Cadena Dial Valladolid. Además, contaba con la inmensa suerte de que uno de estos compañeros venía a la oficina de Madrid el jueves 26 de noviembre, un día antes del concierto. No podía salir mal. Ni aposta saldría mejor.

Escribí a este compi maravilloso para pedirle el favor de que fuera a buscar invitaciones para mí, cuantas más mejor (para decírselo a gente que sabría que disfrutaría mucho del plan). Además, usé un as que tenía en la manga para incrementar mi poder de persuasión:

Email

Él me dijo que se ocupaba y yo se lo agradecí muchísimo, aunque estaba nerviosa porque sabía que habría mucha demanda para recoger las invitaciones y que si no iba pronto, es muy probable que se agotaran, claro que tampoco quería insistirle demasiado ni transmitirle mi nerviosismo, encima de que me estaba haciendo el favor.

 

Andrés Suárez agotó las invitaciones para el concierto en 15 minutos

A las 10:25 del martes, mi compi me escribió para decirme que ya tenía las invitaciones para ver a Andrés Suárez y que había pasado un frío horrible hasta que pudo hacerse con ellas, por toda la gente que había. Y que sólo le habían dado dos. Casi me puse a llorar de la emoción cuando leí el email: no me lo perdería. La pena es que la otra invitación quedó sin utilizar porque estaba pendiente de una amiga que a última hora no pudo venir. De todos modos, decidí llevármela y dársela a algún rezagado que se acercara por la cola sin invitación.

 

Invitaciones Andrés Suárez ValladolidEl jueves vino el compi. Estaba rebuscando en su maletín para darme las invitaciones, bromeando incluso con no haberlas traído. Le dije: «Pues no te preocupes, mañana voy a Valladolid y voy a buscarte a donde sea». No tenía escapatoria. Je. Y me las dio. A cambio se llevó un regalo, a medias con otro compi que también le debía un regalo. Me contó que se acercó a las 9:55h para allá y que la cola daba la vuelta a la calle y subía hasta el segundo piso. Cuando después me enteré de que las invitaciones se agotaron en 15 minutos, aprecié aún más si cabe el hecho de que hubiera ido pronto a buscarlas. Míralas qué bonitas son.

 

Rumbo a Valladolid para disfrutar del acústico de Andrés Suárez

El viernes 27 de noviembre ya tenía pinta de que iba a ser un día muy largo. El día anterior había estado viendo a Fredi Leis en Galileo Galilei; llegué tarde a casa y pasé mala noche (malditos kikos, que me gustan tanto) y la mañana siguiente me desperté a las 6:45 para afrontar un duro y completo día de trabajo. Despertar por decir algo, porque apenas dormí.

Después de comer en casa, ducharme, etc. (sin tiempo para siestas), tuve que pasar por el taller (una mujer, que con su 4×4 se le resbaló el pie y me dio por detrás, regalándonos todo el culete de Huevito abollado y una contractura cervical), porque tenía en el coche mi monopié, que ya empieza a ser famoso.

Total, que entre pitos y flautas llegué a Pucela a eso de las 19h. Aparqué a unos 800-900 metros del LAVA y cuando anduve unos 200, me di cuenta que había dejado las invitaciones en el coche (¿ves por qué me encanta mi Wallet?), así que volví. Empaticé mucho con mi compi… vamos, que hacía un frío del carajo de narices. Paré en un bar de camino para ir al servicio y tomarme una bebida energizante (recuerda que no había dormido casi nada y aún quedaba día por delante) y llegué a la cola cuando aún no había mucha gente (tendría unas 50 personas por delante).

 

#QueremosEntrar

Al poco de estar en la cola, vinieron dos chicas adolescentes que me pidieron pasar conmigo al concierto. Me llamaron de usted y desde entonces estoy traumatizada (que me lo llamen los niños del cole de al lado de mi casa para que les coja el balón, vale, que podría ser su madre, pero unas chicas de 15 años…). Las chicas tenían sendas autorizaciones firmadas por sus respectivas madres, donde las autorizaban a que fueran acompañadas al concierto por [hueco en blanco], con DNI [hueco en blanco]. Rellené mis datos, apoyándome en la espalda de una de ellas y le hice una foto para el recuerdo a uno de los papeles . Eso sí, les dije:

—Pero cerveza no os compro, ¿eh?
—No, no, si sólo queremos disfrutar del concierto.

Yo apoyo totalmente a Andrés cuando reivindica la entrada de los menores en los conciertos. Es que por la regla de tres de que se venda alcohol, entonces que tampoco dejen entrar a los menores en restaurantes, bares, gasolineras, tiendas varias… ¿Estamos locos? Como dice Andrés: LA MÚSICA NO TIENE EDAD. Así que me alegré mucho de haber podido aportar mi granito de arena a que menores puedan disfrutar de la música en directo. Y ahora ¡sigo hablando con las chicas! Lo que Andrés ha unido…

 

Concierto de Andrés Suárez breve y hermoso

Una vez dentro, nos situamos en el centro frente al escenario, pero con algo de distancia, donde pudiéramos tener nuestro espacio vital. Entonces, fui a saludar al gran Óscar Marañón (el portero también juega) y a pedirle que me guardara una cosita que le había llevado a Andrés, para no cargar con ella durante todo el concierto (comodidad ante todo). Fui al baño con una de las chicas y cuando volvimos a ocupar nuestros sitios, nos costó hasta hacernos hueco entre la gente.

Aunque ya me imaginaba que se trataría de un concierto acústico, ver sobre el escenario únicamente el piano y los dos micrófonos con los que juega Andrés Suárez me emocionó mucho, pues no le veía en acústico desde junio en la Galileo Galilei y, aunque me encanten los conciertos con el bandón, ya echaba de menos esta otra faceta de los directos de Andrés Suárez.

Y salió Suárez con su guitarra y ya de entrada nos puso el corazón en la garganta con Vuelve, que siempre ha sido una canción muy especial para mí. Después vino la primera sorpresa del concierto (tal vez por la falta de costumbre), la siempre bienvenida Así fue (y que ya echaba de menos):

 

 

Después vino mi-cada-vez-más-favorita-en-acústico-con-bandón-trío-o-como-sea No saben de ti, para seguir con, para mí, uno de los momentos más emotivos de la noche: Una noche de verano. Es una canción que me encanta, que me encandila mucho más en acústico que con el bandón, y que con este último formato ha dejado de tocarla. Y aunque me encante de todas las maneras, en acústico esta canción y Andrés Suárez me llegan hasta lo más hondo.

Y llegó otro de los momentos más mágicos de un concierto que fue mágico todo él: Pequeña historia de Marina, mi primer amor de Mi Pequeña Historia (fue la primera canción nueva que escuché del disco y fue amor a primera escucha). Andrés Suárez cantó las últimas estrofas al aire (desenchufado) y fue realmente precioso.

 

 

Con la emoción a flor de piel, Andrés nos deleitó con la ya mítica Luz de Pregonda, jugando con los sonidos, acariciando al final unos versos de So payaso, para acabar enlazándola con Voy a volver a quererte, tras lo cual la sala estalló en aplausos por por lo menos novena vez aquella noche (¡y cómo aplaudíamos!).

Y como el gallego no quería irse sin su momento Bon Jovi del concierto que se supone que tendría que haber durado media hora, le llegó el turno a Más de un 36, que los que llenábamos la sala Blanca del LAVA cantamos bajito y quedó muy bonito. Creo que nadie hizo playboy.

Nos fuimos al sur con Si llueve en Sevilla y volví a emocionarme con Te doy media noche, recordando cómo lloré la primera vez que la escuché, viendo un vídeo que encontré en YouTube, en el verano de 2013.

Y cuando ya parecía que se había terminado todo, Andrés Suárez nos regaló Números cardinales, para levantar el ánimo, los corazones y acabar dando palmas como locos.

Y, para finalizar el mágico concierto, le tocó el turno a la mayor sorpresa de la noche: la versión larga (con juego de micros incluido) de Perdón por los bailes. Y acabó paseándose por el escenario, cantando otra vez al aire, jugando con su voz, y por no llevar acompañamiento, ni de la guitarra se acompañó. Yo disfruté como una enana y acabé encantada con el miniconcierto que, al final, no fue tan mini y duró una hora. Una hora en la que Andrés Suárez nos regaló magia, pura magia.

Mira lo espectacular que fue esa última canción de la noche:

 

 

Haciendo clic aquí podrás ver la lista de reproducción con todos los vídeos del concierto.

 

Vuelta a casa con la sonrisa en la cara

Después de saludar a Andrés y despedirme de Andrés (todo en un minuto, está claro que aquella noche fue todo breve a la par de hermoso), me despedí de Óscar, recuperé mi iPhone (y le di gracias al chico que me hizo tan bonitas fotos con Andrés) e inicié la vuelta a casa.

Cabe mencionar que recorrí varias veces, arriba y abajo, el tramo del paseo Zorrilla entre el LAVA y mi coche (tampoco entero, ¿vale?). Iba tan contenta y distraída, cantando por la calle, que creía que me había pasado, y volvía, y volvía a ir… ¡Como si estuviera la noche para andar paseando! Además, llevaba el coche de mi madre y no estoy acostumbrada a detectarlo visualmente.

No fue menos feliz mi vuelta en el coche, pues no pude quitarme la sonrisa de la cara durante toda la hora y media de trayecto; ni siquiera cuando llegué a casa, ni siquiera cuando me metí en la cama… Sólo se me quitó la sonrisa cuando me desperté al día siguiente y me di cuenta de que me había quedado dormida (había quedado con una buena amiga a desayunar, ya que estaba de visita por Madrid).

Sí, fue un concierto de una hora, de 12 canciones, pero ¿y qué? Para mí merecen la pena todos los esfuerzos y los kilómetros, porque durante ese rato soy feliz, y la felicidad me dura mucho más. Así que muchas gracias a Andrés Suárez y a Cadena Dial por este concierto tan maravilloso.

Y, como además me gusta mucho viajar, dentro de una semana estaré en Santiago siguiendo siendo feliz. Si no te lo quieres perder, quédate por aquí, que intentaré traer a este blog un trocito de Galicia y, antes, trataré de describir lo impresionante que fue el concierto del pasado 1 de diciembre en la sala Joy Eslava.

¡Un abrazo!

Beli y Andrés Suárez

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