Mi vida de gira

Buenas segundas partes: Andrés Suárez con el bandón en Salamanca

Siempre se ha dicho que «las segundas partes nunca fueron buenas», pero del dicho al hecho hay un trecho. Y como la cosa va de refranes y dichos populares y no hay mal que por bien no venga, hoy te voy a contar lo espectacular que fue el concierto de Andrés Suárez y los musicazos del bandón en la sala Music Factory de Salamanca, porque a quien madruga… le amanece más temprano.

Andrés Suárez con el bandón en Salamanca

 

Amanece Salamanca…

Ya le tenía yo muchas ganas al suelo salmantino. Había estado una vez antes en Salamanca, pero fue de pequeña y estando de paso, por lo que no recuerdo prácticamente nada de aquella visita fugaz a tan preciosa ciudad castellano-leonesa.

El viernes 11 de marzo amanecí en Salamanca con ganas de recorrer cada calle y verlo todo. Salí del hotel algo antes de las 11 y hacía un frío tremendo (y para que yo lo diga…). Aun así, no quise renunciar a mis ganas de desayunar en la plaza Mayor de Salamanca y así lo hice, claro que no aguanté mucho al fresquito del invierno salmantino, así que me levanté y eché a andar. Y anduve, y anduve, y anduve…

No me lo podía creer, mirara donde mirara había una foto, había belleza. Sí, claro que las hice, claro que la disfruté. Cuando me quise dar cuenta, llevaba dos horas paseando, observando, haciendo fotos… así que paré a tomar un café en una croissantería que me había recomendado la buena amiga con la que estuve el día anterior. Después, me fui a hacer una parada técnica al hotel (con tanta foto y tanta belleza, casi me había quedado sin batería en el móvil).

Salí a comer a un restaurante de las afueras, al que también fui caminando, pasé a comprar calzado (sí, ¿qué pasa?, unos botines monísimos) a una tienda que me había recomendado mi amiga, a la que también fui caminando, y después volví, también caminando, al hotel, con tiempo para descansar un rato antes del segundo concierto de Andrés Suárez en Salamanca, en esta ocasión, con el bandón. Vamos, que me pegué una buena pateada, apenas sin darme cuenta, aunque al día siguiente ya me daría cuenta, ya…

Cogiendo sitio

Cuando bajé a la plaza de Monterrey, vi a los chicos del bandón al otro lado de la plaza. Sí, bajé. Tenía el hotel a 100 metros. Yo-me-puedo-patear-una-ciudad-durante-horas-y-no-me-importa-pero-el-hotel-cerquita-del-concierto-gracias. Total, que crucé la plaza para saludarles y cuando se fueron a cenar, me acerqué a la puerta de la sala para hablar con Óscar (el portero también juega, como siempre dice Andrés), R1, P y R2, que también andaban por allí. Cuando terminó de entrar la gente que estaba haciendo cola (odio hacer cola), entré en la sala.

Me fui directa, pero bastante despacio y recibiendo algún que otro gruñido, algún que otro alarido, algún que otro empujón, a un lateral del escenario, donde había quedado con una de esas personas que hacen tu vida más bonita y fácil y que no sabes bien por qué, pero les has cogido mucho cariño y quieres que se queden mucho tiempo en ella, en tu vida; supongo que tú también conocerás a alguna de esas personas maravillosas.

Total, que de camino me encontré con J y allí que me quedé (tampoco es que pudiera moverme mucho más). La situación era, digamos, estrecha. Entre la barra, mi cuerpo, el de un señor y el escenario no había aire y los músicos tenían que pasar por allí (los músicos y todos los que iban y venían), así que imagínate la situación. Yo me subía como podía a la barra para dejar pasar, pero tampoco servía de mucho… Ahora lo pienso y me río, pero en el momento era como «no, por favor, que no pase nadie más». Para beber tenía que girarme totalmente. A la señora de mi derecha le di como cuatro o cinco codazos; a J, otros tantos; y aunque cuando P se colocó a mi derecha ya tenía los movimientos más o menos controlados, alguna que otra leche también se llevó.

Pero, eh, bendita ubicación apretujada y acalorada, ¡y bien agradecida que estoy! Muchísimo mejor situada que el día anterior, tenía una visión muy buena del escenario, de Andrés Suárez y de todos los chicos del bandón y pude grabar todas las canciones del concierto, no como en el semiacústico con Ovi.

Andrés Suárez y el bandón en la sala Music Factory de Salamanca

Hubo sorpresas, muy buenas y varias, pero vayamos por partes.

La primera sorpresa de la noche fue nada más comenzar el concierto, que lo abrió Edgar Oceransky, el invitado de lujo de Andrés Suárez aquella noche. Después de los tres temas que interpretó el cantautor mexicano, le tocó el turno al gallego y su bandón.

Empezaron con Imagínanos y, después, yo ya me esperaba No saben de ti, pero no, fue Voy a volver a quererte. La tercera canción de la noche fue A media estrella y ¿qué quieres que te diga? Igual no hace tanto que la viví por última vez en directo, pero esta canción tiene la capacidad de sorprenderme y encantarme a partes iguales cuando escucho las primeras notas. Con Dublín, que fue la siguiente, me pasa algo parecido.

 

 

Después vino la canción por excelencia para recordar Moraima, aunque haya más, Necesitaba un vals para olvidarte. Y yo, a estas alturas del concierto, pensaba: «Venga, va, en serio, ¿se habrán olvidado de No saben de ti?». Eso parecía. La siguiente que tocaron Andrés Suárez y el bandón fue Vuelve, seguida de otra que también recuerda muy bien MoraimaEsta vez, si puedes.

Y, cuando terminó, ahí sí. Parecía que el resto del público pensaba lo mismo que yo, pues se pusieron a corear el estribillo de No saben de ti. Los chicos nos querían sorprender, pero el público casi que les reventó la sorpresa. Andrés Suárez, Marino Sáiz, Ovidio López, Luismi Baladrón y Andrés Litwin se pusieron a corear al unísono, al más puro estilo coro gospel, el estribillo: Voy a hacer de ti… Y después ya empezaron a tocar y cantar la canción como normalmente. Palabrita que fue así. Yo estaba alucinada. Me encantó. Aunque no sería la mejor sorpresa aquella noche… pero te dejo el vídeo para que lo veas. Mira, mira:

 

 

Después, vino el trío de Si llueve en SevillaMás de un 36Te doy media noche. Hay que ver, ¿eh?, pero siempre llego tarde a grabar alguna de esas tres. Y es que, claro, si Andrés no avisa, a mí me pilla desprevenida. Claro que yo no le voy a pedir que espere, como le pasó en el acústico del Náutico el verano pasado (aunque ganas no me faltan algunas veces).

Y, entonces, vino, desde mi punto de vista, el sorpresón de la noche. Todo parecía normal. Los chicos empezaron a tocar Así fue (que, por cierto, es una de mis favoritas desde «aquellos primeros Galileos» y me alegro muchísimo de que la hayan recuperado para el repertorio de los conciertos). Pero ¿qué digo recuperado? Yo siempre he dicho que ese rollito country que tiene la canción me encanta, pero hasta el pasado 11 de marzo en la sala Music Factory de Salamanca no supe que podía serlo tanto. Y, al final, ya no sé si era country, música celta o qué leches, sólo sé que me faltaba una falda escocesa y ponerme a bailar en círculos con alguien cogido del brazo. Pero no, no era la situación para moverme demasiado. A carcajadas estaba yo con el final de tanto que estaba disfrutando. ¿Crees que exagero? Aquí lo tienes:

 

 

Y por si ya fueran pocas sorpresas, Andrés Suárez se colgó una guitarra semiacústica (esta vez semiacústica de verdad, no como el palabro que me inventé yo para los conciertos con Ovi) y homenajeó junto al bandón a Antonio Vega con su Esperando nada.

Con 6 caricias me pasó algo parecido que con A media estrella, y eso que no hace tanto que las vi en concierto. Y cuando tocaron No te quiero tanto, yo pensé que ya habíamos recuperado la normalidad (no sé si mi capacidad de movimientos reducidos aguantaría ya más sorpresas).

Pero ¡qué ilusa! Andrés Suárez invitó a Edgar Oceransky a que se uniera a él y al bandón sobre el escenario para cantar juntos Números cardinales. Y qué bonito quedó. Nos fuimos a Cádiz por unos minutos para disfrutar de La vi bailar flamenco y sí, sí, sí: ¡más sorpresas! Ésta no fue tan radical, pero no me digas que no mola el nuevo empiece:

 

 

No me lo podía creer, no paraba de reírme. La recta final del concierto la protagonizaron, como ya es costumbre (por mantener alguna, digo yo), 320 díasLuz de Pregonda, con el espectacular final de Lo malo está en el aire y la fiesta, los saltos (quien pudiera), los chupitos (quienes pudimos :P) y los coros del nara nana nana nara final.

Te dejo por aquí los vídeos del concierto. Ojalá los disfrutes tanto como disfruté yo aquella noche.

Pues sí, fue una fiesta. Fue genial. Aquella noche, no sé a qué hora, pero me fui a dormir con una sonrisa enorme e imborrable en la cara por todo lo que había vivido aquella noche. Y, sobre todo, por las personas geniales que enriquecen mi camino. Nunca me cansaré de decirlo: bendita música.

2 Comentarios

  1. Núria Núria
    27 Marzo, 2016    

    Bendita!

    • 27 Marzo, 2016    

      ¡A ver si el 4 de noviembre podemos brindar por ella!

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