Mi vida de gira

Andrés Suárez y el bandón en León

Después de celebrar Nochebuena y Navidad, retomo las crónicas del triplete gallego-leonés de Andrés Suárez para contarte la tercera y última parte: el gallego con el bandón en el Espacio Vías de León.

Andrés Suárez y el bandón en León

Tercera parte de un viaje genial

Ya sabes que me gusta mucho Galicia, no en vano es la quinta vez que visito tan hermosa tierra (y ni de lejos será la última). Quiero conocerla enterita. Y además de volver a pisar lugares que me encantan, otra de las cosas por las que tanto me atrae viajar persiguiendo la música es conocer sitios nuevos.

Por eso, con el viaje a Santiago ya organizado, cuando me enteré de que había un concierto en León al día siguiente del doblete compostelano, no lo dudé: no hay dos sin tres. Y pensé: «A la que bajo de Santiago…». Lo que más me atraía del triplete era conocer una ciudad nueva: León.

Atravesando bancos de niebla

Hicimos check-out cerca de las 12 del mediodía, buscamos una gasolinera, llenamos el depósito y pusimos rumbo a León. Lo que me sorprendió fue que tuviéramos que subir casi hasta Ferrol para volver a bajar (Mari Trini sabrá). Mari Trini es el GPS de mi coche.

No menos me sorprendió dejar atrás una Santiago soleada y despejada para meternos en un paisaje cada vez más gris. Hubo un momento en el que la niebla no nos dejaba ver absolutamente nada. Te enseño una de las fotos que hizo S durante el trayecto:

Niebla de Santiago a León

 

En un momento, S me preguntó:

—¿Viste La Niebla, de Stephen King?

Una mirada asesina de reojo me bastó. No era el momento para hablar de terror. Por suerte, yo siempre conduzco bastante segura y tranquila, así que no me afectó demasiado (aunque la sensación era similar a cuando vas en avión atravesando las nubes):

—No, aunque me recomendaron el libro, pero no me gustan las pelis de miedo (ni los libros).

Creo que al final quedamos en que me lo iba a prestar. Pero primero tengo que terminar Educación Siberiana, un libro que me está encantando y que me dejó un compi del trabajo.

Llegando a León, más sorpresas

Llegamos a León pasadas las 15h. El termómetro marcaba 2,5º. Increíble. Hicimos check-in y cambiamos de habitación por una de fumadores. Llamé a mi querida M, que reside en dicha ciudad, para que nos viniera a buscar al hotel, nos llevara a comer y nos enseñara lo más típico de León.

A eso de las 16:15h, M llegó y bajamos a su encuentro. El frío que hacía era tremendo (para que yo saque el abrigo…). Echamos a andar y cuando no habíamos dado dos pasos, veo una furgo, una cabeza llena de rizos y…

—¿¡Rubén!?

También estaba Álex. Estaban en la puerta de un restaurante contiguo a nuestro hotel. Miré y vi a Andrés dentro del restaurante. Entre las risas, los nervios y la sorpresa de la casualidad, escuchamos que una chica del equipo decía que iba a hacer el check-in.

—Otra vez en el mismo hotel no, por favor…

Pues sí. Pero es que encima esta vez lo había escogido a conciencia para no coincidir. A ver, no es que no me haga gracia la coincidencia, pero me da mucha vergüenza (ya bastante es perseguirles por buena parte de la geografía española).

Sobrepuestas de la sorpresa, seguimos nuestro camino en dirección a la calle Ancha, para comer por allí y conocer la majestuosa catedral de León. Nos sacamos, por supuesto, las fotos de rigor, tanto con la catedral de fondo como junto a las famosas letras de la ciudad castellano-leonesa, y volvimos al hotel (se nos había hecho tarde).

Cuando llegamos a la puerta, decidí fumar un cigarro para alargar la despedida de M y, en ese momento, llegó Luismi. Sí. Todo muy normal.

Después, descansamos un rato, nos reímos mucho cuando intenté enseñarle a S cómo armar el cubo de Rubik, nos cambiamos, etc. y salimos hacia el Espacio Vías, donde tendría lugar el concierto.

Preparándonos para el concierto leonés

Cuando llegamos, habría unas 15 personas en la cola, así que decidimos ir a tomar un café tras saludar a Marino y a Ovidio (nos alegramos mucho de que éste último hubiera vuelto).

Volvimos poco antes de que abrieran las puertas y nos situamos junto a la PA porque me dio la sensación de que el recinto no tendría muy buena acústica. Llegó la otra S, con quien también habíamos coincidido en Torrijos, pero con quien no había tenido la oportunidad de hablar. Entre charlas, risas y cervezas, amenizamos la espera hasta que se llenó el Espacio Vías y comenzó el concierto.

Andrés Suárez y el bandón conquistan León

Ya con Imagínanos notamos y agradecimos la vuelta de Ovidio al bandón. Después, como ya te imaginarás, vinieron No saben de ti y Voy a volver a quererte. Entonces, les pregunté a las chicas: «Y Marino ¿por qué no toca el violín?». Y así transcurrieron varias canciones, concretamente, A media estrella y Dublín.

En Piedras y charcos volvimos a disfrutar del maravilloso sonido de sus cuatro cuerdas, como sólo él sabe hacerlas sonar. Sea cual fuere el problema que hubo, por suerte, se solucionó pronto. Y es que para mí un concierto de Andrés Suárez y el bandón sin violín no es lo mismo.

 

 

El público cantó muy bonito y colaboró en la ejecución de un concierto precioso, pero yo tenía aún en la memoria la espectacular entrega que vivimos el primer día en Santiago, con el concierto acústico de Andrés Suárez en la sala Capitol. Aun así, estaba encantada con cómo estaba sonando todo, habiendo recuperado a Ovidio y el sonido del violín, y estando situadas junto a la PA. Fue, sin duda, una buena elección.

Después de Esta vez, si puedes, vino Si llueve en Sevilla, momento en el que ya empecé a hacer malabares, sosteniendo el monopié con una mano y grabando con el iPhone en la otra.

Al principio del vídeo que grabé de Clasificados, se escucha a unas chicas hablando (¡qué manía!). Llevaban así todo el concierto y me estaban poniendo muy nerviosa. Sabía que su conversación se me estaba metiendo en los vídeos, pero nunca imaginé que tanto. En un momento del concierto en el que el volumen de sus palabras me resultó muy molesto, no recuerdo exactamente cuándo, les pedí que, por favor, hablaran un poco más bajo (diplomacia ante todo). La verdad es que no volvieron a molestar. Igual se escucha este momento que describo en alguna canción, tendré que ver los vídeos detenidamente.

*Actualización 29/12/2015: De hecho, he encontrado el momento. Si lo escuchas con atención, oirás que digo eso a partir del 3:03 de la misma Clasificados, justo antes del final a guitarra a violín.

Entonces, y como ya viene siendo típico, Andrés Suárez se quedó solo en el escenario para deleitarnos con algunos temas en acústico. El primero de ellos, Pequeña historia de Marina, fue totalmente revelador para mí. Mira que lo he escuchado veces, tanto en el disco como en directo, pero, por primera vez, entendí que después de «mirándote a solas», dice «acerté a decir» y no «hacerte decir». Y en ese mismo momento, todo cobró sentido. Porque, claro, cuando él presenta la canción y dice de él mismo que es muy fetichista y que aún guarda las cuerdas de la guitarra con la que cantaron desnudos Lucía, de Serrat, yo pensaba: «Pero ¿las cuerdas no las guardaba ella?». Y yo que pensaba que ya lo tenía todo escuchado… Ríete todo lo que quieras.

 

 

Después de mi revelación, salió Marino al escenario. Volví a reírme como antiguamente con Andrés Suárez, que presentó Desde una ventana, la ya no tan nueva canción Disney, e instó al violinista a acompañarle con el violín, cuando nunca antes había tocado la canción. «Marino, tú sígueme», le dijo entre risas.

La preciosidad de la canción, la emotividad con que Andrés Suárez la canta y la sensibilidad y la genialidad de Marino conformaron un tándem perfecto que nos dejó con la boca abierta (y otra vez yo haciendo malabarismos). Por si creía que el gallego ya no me podría sorprender ni con la canción nueva.

 

 

Entonces, Andrés Suárez presentó a Fabián, un cantautor autóctono que se encontraba presentando su último trabajo discográfico. Fabián se colgó la Takamine de Andrés y juntos cantaron Páginas tuyas, canción del leonés, con el inestimable acompañamiento de Marino.

Bajó el invitado del escenario y volvieron los chicos del bandón. Y vinieron, desde mi punto de oído, las tres canciones que más canta el público: Más de un 36, Vuelve y Te doy media noche.

 

 

Nos fuimos a Cádiz con La vi bailar flamenco y volvimos a la adolescencia con 6 caricias, para terminar con mi primera canción favorita de Andrés Suárez: No te quiero tanto.

La recta final del concierto la protagonizaron Números cardinales, 320 días y el perfecto y ya imprescindible final formado por el binomio Luz de Pregonda/Lo malo está en el aire.

El concierto me gustó mucho más de lo que me esperaba (ten en cuenta que era el tercero en tres días), lo escuché mucho mejor de lo que me esperaba y lo disfruté como una enana.

 

Después del genial concierto de Andrés Suárez y el bandón en el Espacio Vías de León, las dos S y yo fuimos al hotel a dejar cosas, abrigarnos y volvimos a salir. Hicimos un poquito más de turismo de la mano de S autóctona, me hice una foto con Gaudí (¡!) y nos tomamos algo. Sin embargo, nos recogimos pronto porque yo estaba muy cansada y al día siguiente había que volver a casa.

Otra raya más al tigre. Bueno, al León. Bueno, lo que sea. Que me encantó el viaje. Tengo una suerte tremenda por poder hacer lo que amo, aunque no me gane la vida con ello: visitar y revisitar lugares, llenar mi vida de música, conocer gente… A cada paso que doy me descubro un poco más y amo cómo soy, con todas mis locuras. Como me dijo una amiga hace poco: «Si no hicieras estas cosas, no serías tú». Vale, ella lo dijo porque fui a buscarla a la estación de Las Matas en pijama (de conejitos). Pero no salí del coche, no te vayas a pensar…

Ahora miro al futuro más próximo con ganas. Con ganas de seguir viajando, viviendo la música, seguir conociéndome, siendo independiente, mirando dentro… Yo sola, pero rodeada de gente maravillosa.

 

Próximo destino: Toledo. 15-16 de enero. Seguiremos cerrando círculos. Seguiremos viviendo el arte.

¡Que disfrutes de la última semana del año!

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