Mi vida de gira

Andrés Suárez y el bandón vuelven a Porta Caeli

Al día siguiente del semiacústico con Ovi, me esperaba la segunda parte del doblete vallisoletano de Andrés Suárez: el concierto con el bandón. Pero antes del concierto me esperaría alguna que otra sorpresa.

Segundo día en Valladolid

Desperté el viernes 5 de febrero a eso de las 10 de la mañana. Entre remolonear un poco en la cama, trastear con el iPhone, vestirme y demás, me dieron las 11h. Y salí de la habitación dispuesta a buscar un lugar para desayunar, con la idea en mente de volver a una terracita de la plaza Mayor para disfrutar del sol que nos está regalando este invierno.

Llamé al ascensor y seguí mirando mi móvil, creo que estaba chateando con alguien. Se abrió la puerta del ascensor, que ya había llegado a la planta donde yo estaba, levanté la mirada y…

–¿¡Otra vez!?
–¡Ey, Beli! ¿Qué tal, tía?

Pues sí. Otra vez habíamos coincidido Andrés Suárez y yo. Y sí, fue una gran sorpresa. Esto ya es acoso (de Andrés a mí, por supuesto).

Vale, lo de coincidir en el mismo hotel es normal, si tenemos en cuenta que nos movemos por los mismos sitios, pero lo del ascensor, que es cuestión de segundos, es de traca. O una metatranca, que diría Andrés. Y es que tiene razón: estamos creando tradición. Le dije que a la próxima ya le preguntaba directamente: «¿Esta vez a cuál vamos?». Estábamos bromeando, obviamente. Además, mola mucho más si el encuentro es por sorpresa. Al principio me daba vergüenza cruzarme con los chicos, pero ya me he acostumbrado y me parecen coincidencias curiosas y simpáticas.

Total, que me despedí de Andrés, salí del hotel y me fui dando un paseo hasta la plaza Mayor para repetir en la terracita del día anterior y desayunar en condiciones. Volví a ser testigo de cómo los gorrioncillos se comían las patatas y la paella que me pusieron con la cerveza. No, no desayuné cerveza. Me la pedí un rato después de desayunar. Estaba haciendo tiempo y disfrutando del buen tiempo porque había quedado en ir a buscar a la oficina de Valladolid a unos compañeros de Madrid que habían ido justo ese día. La idea era comer juntos antes de que volvieran a Madrid. Y así eché la mañana.

Cuando llegué a la ofi, me preguntaron algunos compañeros:

–Pero ¿el concierto era ayer o es hoy?

Después les tengo que explicar que lo de groupie no significa exactamente lo que ellos quieren decir. Igual has pasado por ello, hay veces que yo ya ni lo explico.

Total, que pusimos rumbo a la estación de Valladolid-Campo Grande para comer en uno de los puestos del mercado que abrieron allí hace unos años. Bueno, se llama Estación Gourmet, pero para los que somos de Madrid (y para algunos más seguro que también), es un mercado de los de toda la vida, como son el de San Miguel o el de San Antón. Y entre los puestos, hay uno de sushi. Así que acompañados por makis, uramakis, nigiris, tres cervezas y un refresco, comimos y pasamos el rato. Despedí a mis compañeros en el andén y me fui dando un paseo de vuelta al hotel para descansar, leer un rato y prepararme para volver a salir unas horas más tarde.

Me encanta ir a Valladolid porque siempre me cunde muchísimo el tiempo. En esta ocasión, había quedado con una vieja buena amiga (que no vieja) para tomar algo antes del concierto; y, aunque estábamos cerca, tuvo el detalle de acercarme a Porta Caeli, donde tendría lugar el evento que hoy vengo a relatar… pero me lío, me lío.

Andrés Suárez y el bandón en la sala Porta Caeli

Como vi que el escenario apenas levantaba unos palmos del suelo y la sala tiene dos alturas, en esta ocasión me coloqué detrás de Óscar y la PA, en la parte más alta de Porta Caeli, y pudiendo apoyarme en una valla de madera para grabar el concierto tranquilamente. O eso creía yo. Ya sabes que yo suelo ser muy diplomática y respetuosa vertiendo mis opiniones, que, por otro lado, a nadie le importan, pero para eso éste es mi blog, para poner lo que se me pasa por la cabeza y desahogarme si lo necesito… El caso, que si de mí hubiera dependido, aquella noche en Porta Caeli se habría ejercido el derecho de admisión con unas cuantas personas. Pero vayamos por partes.

Era la segunda vez que veía a Andrés Suárez con el bandón en la sala Porta Caeli de Valladolid. La primera vez, el 20 de junio del año pasado, casi dando el pistolezado de salida a la gira de Mi Pequeña Historia, fue impresionante. Cabe decir que hacía más de cinco meses que no disfrutaba de un directo del gallego y lo disfruté tanto, pero tantísimo, que me di cuenta de cuánto lo había echado de menos.

Muy a mi pesar y por causas ajenas a mí, a Andrés Suárez y al bandón, que estuvieron genial, no disfruté tanto del concierto del pasado 5 de febrero. Allá voy:

El concierto empezó, como es habitual en los conciertos de Andrés Suárez y el bandón desde el de Torrijos (mi concierto favorito de Mi Pequeña Historia), con Imagínanos, para seguir con No saben de tiA media estrellaDublín, Vuelve… Entre medias de una canción y otra y a medida que iba avanzando el concierto, yo ya me estaba empezando a poner muy nerviosa. No sé si te acordarás de ello o si leíste lo que me pasó cuando fui a ver a Andrés Suárez en acústico en el Náutico de San Vicente do Mar. En resumen: me puse bastante lejos del escenario, donde la gente no paraba de hablar y lo pasé bastante mal; apenas escuchaba a Andrés cantar ni a Marino tocar el violín (me dijo que fue precioso) y la rabia que tenía me despertó las ganas de llorar y el instinto asesino a partes iguales.

 

 

Pues bien. Lo de Valladolid fue peor. Aparte de que es una sala pequeña y de que hablaba casi todo el mundo, daba igual que chistaras, gritaras, mandaras callar… seguían hablando. El rumor de las conversaciones ajenas al concierto, las risas, las copas… se colaban en mis oídos (y en los de todos los que queríamos disfrutar del concierto). La rabia inicial se manifestó en gritos (lo de chistar está sobrevalorado). Ver que ni una cosa ni la otra valían para nada, que el propio Andrés Suárez tenía dificultades para hablar entre canción y canción porque creo que ni él se escuchaba… Una palabra: impotencia. Y así se sucedieron Si llueve en SevillaVoy a volver a quererteEsta vez, si puedes (a la que llegué tarde con el vídeo por un inoportuno cambio de batería)…

Yo intentaba disfrutar del concierto y hacer oídos sordos del más que molesto ruido que hacían todos los maleducados que estaban allí aquella noche, especialmente en las canciones más novedosas del setlist de aquella noche. La primera de ellas fue Necesitaba un vals para olvidarte. Después, la impotencia se convirtió en desesperación cuando veía cómo ni Andrés Suárez podía hablar para presentar 6 + 4, donde no pude evitar gritar «¡Silencio!», aunque no sirviera de nada.

 

 

Instinto asesino, otra vez. Para colmo, las chicas que tenía detrás no dejaban de empujar, de gritar, de reírse… Tenía la mano de una de ellas entre mi tronco y mi codo, apoyada en la valla, y apoyada ella en mí… «Pero ¿esto qué es?», pensaba. Lágrimas de rabia asomaban por mis ojos, estaba roja de ira… A ver, que la época de Maldita Nerea, de sufrir empujones y gritos, ya la pasé hace años. Y aun así, esos gritos y empujones de aquellos años eran más respetuosos para con el artista. Es que no lo llego a entender. ¿Te compras una entrada de 18€ (o de lo que valga, me da igual) para eso? ¿Para estar todo el concierto hablando de tus cosas, riéndote, molestando a los que vamos a disfrutarlo? Es que ni ellos disfrutaron del concierto, ni nos dejaron disfrutarlo a nosotros. Y si te pensabas que era otra cosa, llegas y resulta que no te gusta, vale, puede pasar… A mí me ha pasado, yo he llegado a aburrirme en un concierto, pero si ése es tu caso, te callas o te vas… ¡no molestas!

Ya lo siento por todo el rollo que estoy soltando, pero es que lo estaba pasando tan, pero tan mal… Sobre todo me sentía mal por Andrés Suárez y los chicos del bandón, que estaban dando lo mejor de ellos mismos, como cada noche, para un público desconsiderado. Afortunadamente, no éramos todos, pero los que sí lo eran se hacían notar…

Fue bastante incómodo, pero intenté disfrutar del concierto al máximo y obviar el ruido. A ratos lo conseguí, conseguí ignorarlos. Por lo menos la mayoría se calló cuando Andrés Suárez interpretó la última parte de Pequeña historia de Marina al aire, sin amplificador, como siempre suele hacer. Al menos la mayoría entendió el silencio que requería ese momento. Ahora te digo que, en mi opinión, Andrés no debería haber cantado al aire aquella noche, aunque fuera precioso.

Al menos también participaron en el estribillo de Ovi en Desde una ventana, que quedó muy bonita:

 

 

Al menos los que sí fuimos a ver un concierto de Andrés Suárez y el bandón decidimos no rendirnos y cantar fuerte las siguientes canciones (yo no tanto, por eso de estar grabando): Más de un 36Números cardinalesLa vi bailar flamenco (o una short version de ésta :P) y No te quiero tanto.

Al menos seguimos emocionándonos y, aunque sabíamos que iban a volver, gritamos «¡otra, otra!». Y volvieron a salir, y tocaron la hermosa Te doy media noche, que tantas lágrimas me ha sacado tantas veces.

Entonces llegó un momento que yo aplaudí (no físicamente, por eso de estar grabando) lo más fuerte que pude con todo mi corazón. Aquí he de decir que Andrés Suárez y el bandón aguantaron estoicamente durante todo el concierto, regalándonos una bonita noche a los que sí habíamos ido a verlos. Bueno, en alguna ocasión, Ovi pidió silencio, pero es que era lo menos que podía hacer, de verdad te lo digo. Y si no te lo crees, mira los vídeos para entender mi desesperación. En otro momento anterior, Andrés Suárez dio «gracias por el silencio»… Demasiado amable, para mi gusto, según cómo se estaban desarrollando los acontecimientos.

Bueno, a lo que voy: que vino un momento maravilloso. Andrés Suárez empezó a presentar a los músicos y cuando hizo lo propio con Ovi (que sí, que ya es «Ovi»), éste empezó a moverse como un pingüino, causando las carcajadas de Andrés, que no podía seguir hablando, e, increíblemente, el casi silencio de la sala. Y entonces Andrés dijo algo maravilloso… pero es mejor que lo veas, para no hacerte spoiler y fastidiarte un momento tan genial:

 

 

Bravo. Sólo puedo decir bravo. Me reí, sí. Era lo menos que podía decir después de la nochecita que nos habían dado los ruidosos maleducados. Lo menos. Yo soy de la opinión de que cuando alguien paga una entrada para ir a verte, tienes que ser respetuoso, agradecido y muchas veces aguantar cosas que en otras circunstancias no aguantarías. «Va en el sueldo», que podríamos decir. Hasta cierto punto, claro está. Una cosa es que paguen una entrada para ir a verte y otra cosa es que paguen una entrada (o no, vete tú a saber si las pagaron) para ir a molestarte a ti y a todos los que sí van a verte. Y con esas ciertas cosas que considero que «hay que aguantar» nunca me refiero a faltas de respeto y muestras de mala educación. Y a pesar de todo, Andrés estuvo muy elegante, simpático y nunca faltó el respeto a nadie. Por eso, aplaudo sus palabras y aplaudo su actitud, de todo corazón.

Después de ese momentazo y de 320 días, el concierto terminó por todo lo alto con el ya mítico final de Luz de PregondaLo malo está en el aire. Ése que viví por primera vez en esa misma sala, hacía algo menos de ocho meses, que tanto me sorprendió, que me provocó lágrimas de emoción y de felicidad… y no quitar la sonrisa durante días. Y, ¡eh!, que los chicos del público cantaron el nara nana nana nara final… ¡y vaya si lo cantaron! Muchos chicos había aquella noche. Y se hicieron notar, para sorpresa de todos. Pero seguimos ganando las chicas.

 

 

Pese a todo, me fui con una sonrisa porque había pasado dos días estupendos en la mejor compañía y disfrutando de lo que más me gusta hacer: viajar e ir a conciertos. Y nadie me lo iba a arruinar. Y nadie me lo arruinó. A pesar de todo (tenía que contarlo, tenía que desahogarme), recuerdo ese viaje con mucho cariño y cuento los días para el siguiente.

Como siempre, aquí puedes ver todos los vídeos del concierto, o avanzando por los que he ido insertando, pero te recomiendo que te armes de paciencia

2 Comentarios

  1. bego bego
    7 Marzo, 2016    

    Buuf, como te entiendo..el otro dia en Santander fue terrible..te arruinan el concierto..yo no entiendo para que va esa gente, hablar y beber y beber y hablar… un cabreo. En cambio el viernes en Ermua, maravilloso, un silencio, un respeto, incluso demasiado..ajjajaja. Fue magico.

    • 7 Marzo, 2016    

      Es que es horrible cuando la gente no sé a lo que va, porque a un concierto no… De todos modos, me alegro mucho de que disfrutaras en Ermua. ¡Un saludo!

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