Mi vida de gira

Andrés Suárez y el bandón en el Palacio de Congresos de Santiago

No iba a escribir hasta 2016 (salvo mi post de balance y propósitos), pero no tengo mejor manera de desearte felices fiestas que contarte otro de mis conciertos, segunda parte del triplete gallego-leonés, último viaje de 2015: Andrés Suárez y el bandón en el Palacio de Congresos de Santiago el 11 de diciembre de 2015.

Andrés Suárez y el bandón en el Palacio de Congresos de Santiago de Compostela

Mi mejor regalo de Navidad

Pues sí, pensé que sería lo mejor. Al fin y al cabo, lo que me hace feliz y me da la vida es viajar, mis conciertos, vivir la música, las ciudades… y, cómo no, contártelo aquí, en Mi vida de gira, y enseñártelo en mi canal de YouTube.

Además, ya te lo contaré mejor en el post de balance de 2015 y propósitos para 2016, pero en cuanto a conciertos, el próximo año viene fuerte. Ayer estuve planificando los conciertos para el año que viene y sólo en enero asistiré a 7 eventos de este tipo (como mínimo). Y si no empiezo a contarte ya los conciertos a los que ya he ido, volveré a atrasarme con las crónicas, como hacía mucho que no me pasaba.

Así que aquí tienes mi regalo de Navidad, lo que mejor sé hacer: otro de mis posts-crónicas de conciertos, escrito con muchísimo cariño, esperando que te guste mucho.

Amaneciendo en Santiago

El 11 de diciembre amanecimos en Santiago de Compostela (aunque no vimos Santiago amaneciendo) y a eso de las 11h, salimos del hotel, dispuestas a desayunar y hacer turismo.

Era mi cuarta vez en la capital gallega y la primera de S. Aun así, cada vez que visito Santiago de Compostela redescubro su magia y su hermosura, me enamora a cada paso.

 

13 kilómetros son los que anduvimos en total. Eso sí, repartidos en 5 horas y parando a comer. Recorrimos la zona vieja, salimos de ella y volvimos a recorrerla (fue mucho más fácil encontrarlo todo, mucho más que durante la madrugada anterior). Quedamos maravilladas a cada paso empedrado; allá donde miráramos, la belleza compostelana nos deslumbraba. En cada esquina había una foto.

Santiago de Compostela

 

Con todo y eso, llegamos muertas al hotel. De hecho, nos costó hasta levantarnos de la cama y prepararnos para ir al concierto. Claro que Andrés Suárez, el bandón, el Palacio de Congresos y la misma Santiago de Compostela se merecían el esfuerzo.

 

Los nervios de S y el frío en mis manos

Esta vez (y cada vez menos), nada de colas ni de esperas. Con entradas numeradas, íbamos tranquilas. Bueno, he de reconocer que yo estaba mucho más tranquila que S, que recibió un mensaje cuando estábamos en el taxi, informándole de que ya habían abierto las puertas, y se puso un poco nerviosa. Yo intenté tranquilizarla, diciéndole que aún quedaría más de una hora para que comenzara el concierto, que habría que ubicar a cientos de personas y por eso habían abierto las puertas con tanto tiempo de antelación. No sirvieron de nada mis palabras, ya que antes de que pudiera influir en su nerviosismo, habíamos llegado al Palacio de Congresos, nada había empezado y eso fue más efectivo para calmar los nervios de S que mi verborrea.

Ocupamos nuestros asientos en la cuarta fila y lo primero que me pasó por la cabeza es que el interior del Palacio de Congresos y Exposiciones de Santiago de Compostela, la sala donde tendría lugar el concierto, se me antojaba muy parecida a la del auditorio Víctor Villegas de Murcia.

El día anterior ya nos habían advertido de que «ahí arriba» hacía mucho frío, pero yo, tan calurosa siempre, pensé que «total, para ir de puerta a puerta» no merecería la pena cargar con el abrigo. Tenía las manos congeladas, aquel sitio era enorme, y esperaba que se me pasara cuando empezara el espectáculo, que el calor de los focos y de la música de los chicos, de Andrés Suárez y el bandón me hicieran entrar en calor.

Andrés Suárez y el bandón en el Palacio de Congresos de Santiago de Compostela

Pues no. Tuve las manos y los pies congelados durante todo el concierto. Y el frío que sentía debió ser el mismo que invadió a gran parte del público que había ido a ver a Andrés Suárez con el bandón aquella noche.

«¿Por qué no cantan?», le preguntaba a S. Lo de los gallegos y la escalera es totalmente cierto, no hay quien los entienda (y mira que los adoro). El día anterior se habían dejado la garganta y el alma en el concierto acústico de Andrés Suárez en la sala Capitol y aquella noche del 11 de diciembre parecían témpanos de hielo.

«Será por el respeto que impone el “rollo” teatro», pensé. Y creo que no me equivoqué. Ya verás por qué lo digo.

Es probable que en algún momento de las primeras canciones me baile demasiado la cámara. Eso es porque la tenía sujeta con el monopié entre butacas y le estaba obstaculizando la visión a una mujer que estaba sentada detrás de mí. Inmediatamente, cambié la cámara de posición. No recuerdo en qué momento fue, pero si ves algún vídeo en plan Picasso, ya sabes el porqué.

El repertorio de canciones que toca Andrés Suárez con el bandón en la gira de Mi Pequeña Historia, si has ido a varios conciertos o lees asiduamente este blog (cosa que te agradecería de todo corazón), ya te lo sabrás. Bueno, pero ¿qué digo? Si yo misma, que ya llevo creo que 9 conciertos esta gira (sin contar los acústicos), me sorprendí muchísimo (para bien no, para genial) el pasado 10 de octubre en Torrijos con el cambio de repertorio.

Salvo alguna excepción, me recordó mucho al repertorio del pasado concierto del 1 de diciembre en la Joy Eslava (que fue un conciertazo y nunca me cansaré de repetirlo).

Sí, el repertorio fue casi idéntico, pero S y yo nos sorprendimos mucho (esta vez, no tanto para bien) cuando con las primeras notas de Imagínanos nos dimos cuenta de que faltaban dos de «nuestros chicos» del bandón: Andrés Litwin y Ovidio López. Y, a decir verdad, echamos de menos los espectaculares solos de guitarra que se marca Ovidio, los mismos que al día siguiente recuperaríamos en León, pero ésa es otra historia…

 

 

Dejamos Cuando Vuelva La Marea para entrar de lleno en Mi Pequeña Historia con sus dos primeras canciones: No saben de ti y Voy a volver a quererte.

Volvimos a Cuando Vuelva La Marea, mi disco de descubrimiento de Andrés Suárez, con mi querida A media estrella; y seguimos con una de ésas que pululan por varios trabajos discográficos: Dublín (nunca me acuerdo de decirle a Andrés que Once es una de mis películas favoritas).

 

 

Con Piedras y charcos, una de las canciones más grabadas por Andrés Suárez en sus discos, quedó de manifiesto la pobre participación del respetable o su respeto al recinto. Llámalo X, pero se me escapó una carcajada, ante la timidez de la gente, y otra a S, creo que ante la mía. Y, entonces, se rió todo el mundo, creo que ante la risa de S. Aún me río cuando reproduzco ese momento, tanto en audio como en vídeo.

Y pasando por varios discos, llegamos a Moraima, cuando Andrés Suárez y el bandón nos regalaron la conmovedora Esta vez, si puedes, que me humedeció algo los ojos, a pesar de tener aún las manos frías.

Volvimos a viajar a Mi Pequeña Historia y a otra ciudad, aunque esta vez nos quedamos en la Península Ibérica para disfrutar de Si llueve en Sevilla. Y no abandonamos el disco, pero sí la ciudad, aunque no sabemos a cuál nos fuimos, a cuál se fueron ellos… Clasificados.

 

 

Un paseo al aire y al frío del Palacio de Congresos

Entonces y como en la Joy Eslava, para tenerlo todo en uno, Marino, Luismi y los otros chicos del bandón provisional abandonaron el escenario para dejar a Andrés Suárez solo con su guitarra ante las más de mil personas que estábamos disfrutando del concierto.

Dos de Mi Pequeña Historia: Una noche de verano, siempre tan capaz de tocarme la fibra más profunda, y Pequeña historia de Marina («hay que ver, ¡cantan cuando no toca!»).

Entonces, llegó el momento cucharita, Disney o como quieras llamarlo, donde redescubrí (como el día anterior en la Capitol) el carácter monologuista del gallego. Sí, me refiero a Desde una ventana (parece que Andrés Suárez ha cambiado definitivamente el determinante posesivo por el indefinido). Cuanto más escucho está canción, más me gusta. Además, hacía mucho que no vivía estreno de canción y eso siempre es un lujo.

Y llegó la sorpresa de la noche. Los asiduos a los conciertos de Andrés Suárez ya sabemos que, desde que rescató Benijo para el repertorio de sus conciertos, suele tocarla al aire, pero lo que no esperábamos es que se paseara por el auditorio, guitarra en mano, mientras cantaba tan bella canción. Y volví a pensar: «Hay que ver, ¡cantan cuando no toca!». Calladitos toda la noche y ahora hasta daban palmas (sí, sí, en Benijo). Míralo tú:

 

 

Entonces, Marino reapareció en escena y acompañó con su violín o, mejor dicho, con el precioso sonido de éste, a Andrés Suárez en la emotiva Rosa y Manuel. No lloré esta vez. Debió ser el frío en las manos. No sé. Aun así, fue un hermoso homenaje a la memoria.

Volvieron Luismi y los demás e interpretaron Más de un 36, otra canción preciosa y de las más versionadas por Andrés Suárez en sus discos (desde el EP Piedras Y Charcos hasta Moraima).

El despertar de las gargantas

Entonces, algo mágico sucedió: el gallego entonó Vuelve, dando paso a la canción homónima, y el público le siguió con gran entrega. Se me escapó un «¡Hombre! ¡Despertaron!», que provocó otra carcajada de S y su motivación para seguir cantando la canción, guiando a la gente (aunque sólo le duró unos pocos versos). Andrés Suárez adelantó su posición en el escenario, dejando que la gente siguiera cantando la hermosa canción de Moraima, o una de las imprescindibles canciones que nunca debió componer, y miró, sonriendo abiertamente, hacia nuestra zona. No se si fue casual, si fue por mi comentario, por la risa de S… pero te juro que en ese momento me hice chiquitita en mi asiento de la vergüenza.

 

 

Y ya no se callaron. Y me encantó. Y por primera vez en todo el concierto ya no sentí frío en las manos, aunque aún las tuviera frías. Y así se sucedieron Te doy media noche, La vi bailar flamenco y No te quiero tanto.

Para los bises, Andrés Suárez nos instó a perderle el respeto al teatro (o a ganárselo de otra manera), poniéndonos en pie para cantar y bailar sus Números cardinales.

No aguanté más que esa canción de pie (la pateada de aquellas mañana y tarde por Santiago me habían dejado agotada), así que me senté, asegurándome de que la cámara lo estuviera capturando todo. Y así viví, desde mi butaca y desde el display de la cámara, las últimas canciones del concierto.

320 días fue la primera de ellas. Después, el gallego se puso a cantar en ídem (no, no era Negra sombra). «Ah, mira, lo de borracheira sí que lo entendí. Y Maruxiña. Espero que sea suficiente para encontrar el título». Y lo fue. Así es cómo casi acaba el concierto:

 

 

El broche de oro de la noche fue la ya mítica Luz de Pregonda, un poquito de Simón dice… y, para terminar, una de mis favoritas: Lo malo está en el aire. Y así terminamos, con los ánimos por las nubes, como solían terminar los conciertos de 2012 en Galileo.

Como siempre, aquí podrás ver todos los vídeos del concierto.

 

Después del concierto, estábamos tan cansadas que apenas estiramos un poco la noche para una cerveza, un par de abrazos, taxi y al hotel. Al día siguiente nos esperaría la carretera y la niebla (muchísima niebla) para llegar a León… Y más sorpresas.

Si todo sale según tengo previsto, la próxima semana te contaré el concierto de León y haré mi balance de este año que ya termina. Y si mis cálculos y mis propósitos no me fallan, el primer post del año 2016 será el que cuente el último concierto al que fui en 2015: un conmovedor homenaje a Antonio Vega.

Hasta entonces, espero que hoy pases una Nochebuena estupenda en compañía de los tuyos. Es más, seguramente en el momento que estés leyendo estas líneas yo esté preparando con mi tía un bizcocho para esta noche… o en rehabilitación.

 

¡Feliz Navidad!

Deja un comentario