Mi vida de gira

Alejandro Martínez, tras cuatro años y medio

La música de Alejandro Martínez ha significado mucho para mí. Probablemente, mucho más de lo que él se imagina y de lo que yo misma he creído. Después de cuatro años y medio, este octubre volví a un concierto suyo, que es el que te voy a contar hoy. Fecha: 9 de octubre. Lugar: Libertad 8.

Alejandro Martínez en Libertad 8

 

La música de Alejandro Martínez

La música de Alejandro Martínez en mi vida ha tenido mucha más relevancia de la que pudiera aparentar. Mi primer concierto suyo fue en febrero de 2012, en la que entonces no era tan casa Galileo, fruto de una bonita coincidencia que sembró comienzos.

Es cierto que ya le conocía, aunque no recuerdo si había hablado entonces con él en alguna ocasión. Por aquel entonces no estaba muy metida en todo el rollo éste de los cantautores. A Álex le conocía por los conciertos de Funambulista.

Entonces, una amiga me había llevado a Galileo a ver a Marwan y a Andrés Suárez, entre finales de 2011 y principios de 2012, no recuerdo quién fue primero. Y me habían encantado. Ya empezaba a engancharme a este mundo cantautoril que ya no suelto.

Y el 15 de febrero de 2012, mi amiga me propuso este Alejandro Martínez & amigos. Primera noticia de que «el teclista de Fúnam» tenía su propio proyecto musical. Y me encantó. Flipé. Claro, por ahí se dejaron ver Pancho Varona, Andrés Suárez, Marwan, Luis Ramiro, Gastelo, Txetxu Altube… y muchos que ni siquiera recuerdo. Muchos que, en mi estulticia cantautoril, ni siquiera conocía.

Fue el principio de la profunda emoción que me suponen esos conciertos multitudinarios de camaradería y buena música.

Después le he seguido viendo, pero siempre como invitado en concierto de otros o colaborando en otros de esos conciertos de protagonismo múltiple. Hasta este octubre, que volví a verle en concierto propio. Y es el que hoy te vengo a contar.

 

Orgullo en casa Libertad

Me prometí no grabar y «disfrutar del concierto», pero ¿qué quieres que te diga? Yo disfruto grabando y, aunque sólo me llevé el móvil, filmé seis vídeos (bastantes pocos para mí, he de decir).

Aquí tienes esa pequeña lista de reproducción (hoy la pongo antes), aunque algún vídeo iré insertando.

El concierto me encantó. Me hizo acordarme de aquel primero más de cuatro años antes. De aquellos primeros pasos míos en este ambiente que tanto me gusta. Por cierto, seguíamos de celebración, pues como con Txetxu, también comparto cumpleaños con Álex. Y ese día, además de nuestros cumpleaños, con tres días de retraso, estábamos celebrando el de John Lennon, que habría cumplido 76 años. Todos libras, buena gente.

Allí nos enteramos de lo que hoy ya es público, que Alejandro Martínez (y varios más a los que admiro y/o adoro) había compuesto una canción para el nuevo disco de Raphael. Olé, cuánto orgullo.

Martínez contó con la colaboración de Marino Sáiz y David Moya. A éste último hacía mucho más que no le veía sobre un escenario y fue una grata sorpresa. En su caso, cantaron una canción del murciano. En el del madrileño, tocaron un medley a piano y violín de las bandas sonoras Disney que tanto nos gustan.

Además de pasar una buena tarde de domingo y partirme de risa con un pequeño trasto que andaba por ahí haciendo que todos la miráramos con ternura, el cantautor catalán también supo sacarnos más de una carcajada. Y nos hizo cantar, ya lo creo, en canciones como Niño estúpidoUna corazonada, que también me trae muy buenos recuerdos.

 

 

Próximamente… 🙂

En definitiva, fue un concierto precioso. Además, Álex nos prometió meterse pronto en el estudio para grabar nuevos temas y sacar otro disco. Eso significaría que pronto tendríamos más ocasiones de volver a verle en directo. Porque, claro, yo le debía ir a un concierto suyo desde hacía mucho tiempo, pero es que tampoco es que él haya hecho muchísimos. Guiño, guiño, codazo, codazo.

Y yo siempre volveré a sus conciertos. Además de por lo que me gustan sus canciones y el cariño que le tengo, porque sin saberlo hizo mucho por mí y me terminó de meter en un mundo del que ahora no saldría ni loca. Y eso que un poco loca sí que estoy.

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