Mi vida de gira

#11: Los espejos nunca mienten. Adiós, abuela.

No había una canción en el mundo mejor que ésta para este viernes. Marino siempre dedica Los espejos nunca mienten a su abuela. Hoy se la dedico yo a la mía. El pasado 25 de enero celebrábamos el cumpleaños de mi abu (mi abuela paterna) y el pasado lunes 2 de febrero fallecía mi abuela Teresa (mi abuela materna).

Adiós abuela mi vida de gira

 

El próximo 5 de marzo mi abuela Teresa cumpliría 87 años. Hace cuatro, celebrábamos su cumpleaños en mi última visita a Buenos Aires. Supongo que la distancia hace que todo sea un poco más triste porque desde entonces no la volví a ver, pero el océano que nos separa nunca impidió que siempre la quisiera mucho, muchísimo. Y remontándome algunos años, a pesar de que por aquella época la memoria me falla bastante, recuerdo perfectamente cuando tenía ocho años y ella, que no podía faltar a mi Primera Comunión, vino a visitarnos. Y también recuerdo cómo jugaba conmigo cada día. Podría llenar líneas y líneas recordando lo buena que era y lo llena de cariño que estaba, pero no lo haré porque no quiero ponerme aún más triste. Esto pretende ser, simplemente, un pequeño homenaje a una de las personas más grandes que han formado mi vida, de quien aún conservo cada una de sus cartas.

Es doloroso pensar que cuando vuelva a Buenos Aires ya no va a estar, pero para sobrellevarlo, es mejor entender que es ley de vida y quedarse, por supuesto, con los buenos momentos. Te voy a echar de menos, abuela. Te quiero.

El pasado 19 de enero fui a mi primer concierto del año, de la mano de mi queridísimo, adorado Marino Sáiz, en Libertad 8. El primer momento en el que lloré aquella noche fue cuando cantó Los espejos nunca mienten. Y ¡cómo lloré! Me emocioné mucho pensando en ella, en mi abuela. Y no podía ser de otra manera: le tenía que dedicar esta canción de viernes, de este viernes que ya se está acabando.

Beli Marino Los espejos nunca mienten

 

De otro momento en que me emocioné esa noche ya hablaremos en otra ocasión, pero, para terminar, quería hacer una mención especial a Marino. Ya sabéis que le quiero mucho, pero aquel día tuvo un gesto que me conmovió hasta las lágrimas por ¿tercera? vez aquel día que, decían, era el más triste del año. Y no sé si es verdad, pero yo no estaba precisamente alegre. El caso es que Marino no sabía nada de lo que estaba pasando y apenas me vio durante el concierto (como se observa en los vídeos, estábamos sentadas a su espalda). Pues bien, es tal su empatía, que me dio un abrazo, pero uno especial (nos achuchamos mucho él y yo), uno largo, fuerte, reconfortante… Me dijo: «abrazo reconstructor». Y me puse a llorar en sus brazos.

Ya está. ¿Cómo no voy a quererle tanto si es una persona que mira, además de ver, que sabe entenderme tanto? Aquel día necesitaba un abrazo más que cualquier otra cosa en el mundo y él, sin saberlo, me lo dio. Me dio el mejor abrazo del mundo, el que hoy le mando a mi abuela, dondequiera que esté.

 

«Fuera, alguien me ve desde fuera, 
alguien vela por mi nombre, 
alguien llora cada vez que muero 
mirando hacia arriba. 
Cuídame desde ahí arriba, 
sé que entiendes mis razones»

 

 

Buen finde.

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